Te enseñamos

Leve 9 julio de 2020

Una residencia que ha logrado mantenerse libre de coronavirus

La directora de los apartamentos tutelados de Arturo Soria nos explica cómo han logrado que ningún residente se infectara

La lucha contra el coronavirus también ha tenido muchas victorias. Este el caso de la residencia de Arturo Soria, en la que no ha habido, ni hay, ningún infectado por el virus. Yolanda Martínez, su directora, nos cuenta cómo diseñaron la estrategia. Una lucha en la que no piensan bajar la guardia.

A medida que nos hacemos mayores todos imaginamos cómo va a ser nuestra vejez. Como en casi todo, el cine y la televisión han tenido mucho que ver en cómo hemos elaborado esas fantasías. A mí me encantaba pensar qué sería como en La chicas de oro.

Para los que no la recuerden, Las chicas de oro era una serie de televisión que se emitió en los 80 y principios de los 90, en la que se contaba la vida de cuatro mujeres maduras que compartían piso. Yo no sabía quién de esos personajes podría ser: si la atractiva y coqueta Blanche, conocida por su humor picante; si la hija responsable y un tanto resignada Dorothy; si la tierna y bonachona, Rose, a la que le falta un hervor, o la despierta y de armas tomar, Sofía, madre de Dorothy.

Finalmente fue la realidad la que me mostró que no tenía que mudarme a Miami para conocer a otras personas de las que podría hacerme amiga, tampoco tenía que compartir apartamento, algo que me daba mucho miedo, que no tendría que cambiarme el nombre y que el lugar estaba más cerca de lo que creía, justo en Arturo Soria (Madrid).

Las chicas de oro vivían, como le gusta contar a mi sobrino, hace mucho mucho tiempo, cuando no había coronavirus. Pero ese maldito bicho llegó a nuestras vidas y estableció una lucha con cada uno de nosotros. Fue esa batalla la que me llevó hasta los Apartamentos tutelados de Sanitas Mayores en Arturo Soria, donde no ha habido ni un solo caso de coronavirus, y así siguen.

Nuestra historia en tiempos del coronavirus

Y fue allí donde conocí a Doña Paquita, Doña Sole, Doña Teresa y Doña Pilar. Ellas son las chicas de oro a la que ahora me gustaría parecerme. Ellas ahora son mis heroínas, las que han llevado el confinamiento con alegría, paciencia, con humor… cantando canciones de Juanito Valderrama por la mañana, pero bailando a las 8.00h I will survive de Gloria Gaynor.

Ellas son las que sin salir de sus habitaciones, escribían los contenidos de una revista para mantener la moral alta y soportar no ver a sus hijos. Una revista, La Gaceta de Arturo Soria, en la que se mandaban cartas, acertijos (que no he sido capaz de resolver) y la letra de la canción de la semana. Ellas son las compañeras con las que me gustaría pasar esta etapa de mi vida.

Yolanda Martínez López, directora de este centro residencial, nos explica cómo ha sido esta experiencia. Comenta que lo que han vivido ha sido duro, pero también bonito. Esos días que, sin saberlo, han marcado nuestra vida. Por eso, no queremos olvidarlos. Porque ésta es nuestra historia, vivida por nosotros, a nuestra manera.

1. ¿Nos podría describir cómo es este centro?

Es un centro de apartamentos de personas mayores. Se diferencia de una residencia más “clásica” en que las personas que viven con nosotros están bastante mejor que en el resto de las residencias. Además, es un centro con pocos residentes, lo que nos permite tener una mayor cercanía. La mayoría de la gente vive de forma permanente, pero también tenemos personas que vienen de forma temporal, para recuperarse de una operación de huesos o por otro tipo de intervención quirúrgica. Otros pasan una temporada porque la persona que les cuida se va de vacaciones. Lo que más valoran es que están como en su casa. Pueden personalizar sus apartamentos y se sienten muy independientes, pero con todo resuelto, tanto en cuanto a la hostelería (comidas, limpieza, etc) como en el cuidado asistencial. Además pueden relacionarse con personas de su edad con las que comparten intereses.

2. En los Apartamentos tutelados Arturo Soria no han tenido ningún caso de coronavirus ¿nos podría explicar qué medidas tomaron para evitar que se produjeran contagios?

Nos adelantamos a todos los protocolos que pautaron las diferentes administraciones públicas. Para empezar, como en el resto de los centros residenciales de Sanitas, prohibimos las visitas de familiares desde primeros de marzo. Y, casi desde el mismo momento, cerramos las zonas comunes para que los residentes permanecieran seguros en sus apartamentos. Extremamos las medidas de higiene y de protección para todo el personal del centro, ya que Sanitas mandó E.P.Is (Equipo de Protección Individual) a todos los centros mucho antes de la declaración del estado de alarma. Además, nos formaron para poder manejar con seguridad estos equipos.

3. ¿Cuáles de estas medidas cree que influyó más para lograr que los residentes no se contagiaran?

En realidad han sido todas, pero si tuviera que destacar una, sería la unidad que ha existido entre todo el equipo: sabíamos que todo estaba en nuestras manos. Esa responsabilidad nos llevó a pedir, tanto a los residentes como a sus familiares, que nos ayudaran en nuestra labor. Y, la verdad, es que todos hemos sido como una gran familia.

4. Durante toda la etapa del confinamiento ¿cuál fue la medida más difícil de mantener?

Que los residentes no salieran de sus apartamentos, que no pudieran no sólo no ver a sus familias, sino a sus amigos, ya que las personas que viven aquí tienen mucha relación entre ellas. El silencio de los pasillos se hacía duro.

5. ¿Tuvieron que tomar alguna medida para evitar que los residentes desarrollaran algún tipo de ansiedad?

Realizábamos de forma constante vídeollamadas para que los residentes y las familias mantuvieran el contacto. Nuestra terapeuta, Nuria, diseñó la revista del centro, en la que colaboraban todos escribiéndose cartas de ánimo, mandando recetas de cocina, eligiendo canciones, pintando mandalas (dibujos concéntricos) y grabando vídeos que ellos mismos montaban.

Luego, Nuria visitaba los apartamentos para mostrarles la revista. También ha sido muy importante la labor de nuestro fisioterapeuta, Juan, que les visitaba para que las personas siguieran haciendo ejercicio físico desde sus habitaciones. Además, tanto el departamento médico, como enfermería y yo misma llamábamos constantemente a los familiares para que estuvieran tranquilos y supieran, casi a diario, cómo se encontraban sus seres queridos.

Durante los días del confinamiento, Juan y Nuria fueron algunos de los enlaces de los residentes con el exterior. Juan llamaba por las mañanas a cada puerta y practicaba con cada uno la tabla de ejercicios de ese día.

Así eras sus rutinas…

-Buenos días, Doña Paquita, cómo se encuentra.

-Ay, hijo pues no sé. Bien, creo que bien, y tú, cómo estás. Cómo va todo por ahí.

-Bien, Doña Paquita. Si le parece, vamos a calentar un poquito, antes de hacer los ejercicios. Ya sabe que tenemos que movernos porque luego llegan las 8.00 h. y hay que salir a aplaudir y a bailar desde el balcón.

-Sí, sí, pero cómo os movéis, es que no paráis.

-Pues usted igual.

-Bueno, ¿hoy qué nos toca?

-Vamos a levantarnos y a sentarnos en la silla.

Más tarde era el turno de Nuria. Ella se encargaba de organizar una revista, que luego se distribuía entre el resto. Hoy la directora y redactora jefe es Doña Pilar. Ella decidirá los contenidos de “La Gaceta de Arturo Soria”.

-Buenos días, Doña Pilar.

-Hola Nuria. Pasa, pasa.

-Bueno, sabe que estoy aquí porque hoy le toca decidir los contenidos de la revisa.

-¿De verdad? Pues no he preparado nada.

-No se preocupe. Le comento los contenidos que nos han enviado.

-Doña Sole quiere que publiquemos la letra de la canción de Juanito Valderrama, El emigrante. Luego la pondremos por el altavoz y así la podremos cantar entre todos.

-¿Cómo era? Porque yo ya no me acuerdo

-Mire, la tengo aquí. Le digo el primer párrafo. “Tengo que hacer una rosario/ con los dientes de marfil/ para que pueda besarlo, cuando éste lejos de ti.

-¿Se acuerda ahora?

-Me quiero acordar pero…

-Mire el estribillo. “Adiós mi España querida, dentro de mi alma te llevo metida, aunque soy un emigrante jamás en la vida…

-“Jamás en la vida yo podré olvidarte”, termina Doña Pilar.

-Ve como se acuerda.

Y ahí se quedan las dos cantando juntas…

En el centro, además de los residentes, se encuentran todos los profesionales que hacen posible que su vida sea sencilla. Más aún, se encargan de cuidarles y de quererles. Para ellos también ha sido duro.

6. Y respecto a las personas que trabajan en el centro ¿tuvieron que tomar medidas para ocuparse de su estado emocional?

La verdad es que somos un equipo que incluye, además de los profesionales que he mencionado antes, auxiliares, administrativas, personal de limpieza, cocina, camareras y mantenimiento. Todos llevamos muchos años trabajando juntos y formamos como una especie de familia. Ese espíritu nos ha servido para apoyarnos entre nosotros y, a pesar de lo difícil que ha sido la situación, hemos mantenido la sonrisa. También hemos tenido mucho apoyo del exterior. Hemos salido a cantar con los vecinos de Arturo Soria, que nos escribían dándonos ánimos y nos daban las gracias. Me escribían a mi mail para que yo se lo transmitiera al resto del personal. Ha sido duro, pero bonito. Y lo hemos conseguido apoyándonos los unos a los otros, y seguimos haciéndolo.

El homenaje de los vecinos

Una de sus auxiliares, Sonia, es pura energía. Ella fue la que comenzó saliendo a aplaudir cuando era de noche a un Arturo Soria vacío y silencioso. Ella fue la que animó a sus compañeros para que la acompañaran, la que luego arrastró los altavoces, la que comenzó a poner música y la que hizo de las 8.00 h el momento más esperado del día.

A todos ellos, un miércoles santo, la Policía Nacional, la Municipal, la Guardia Real, el SAMUR y los conductores de la EMT les rindió un homenaje. Ese día todos ellos se acercaron a las puertas de este centro y comenzaron a aplaudirles. Las luces se encendieron, las bocinas pitaron, todos de pie… Todo iba por ellos.

Les daban las gracias por su trabajo porque sabían que en este centro no se había producido ningún contagio.

Y ese día dos hijas se acercaron también a aplaudir. En el balcón, con la mascarilla, había una mujer asomada. A los lejos no se podía distinguir su mirada. Se veía su cabeza y unas manos que no dejaban de moverse, de saludar. Era la primera vez en 40 días que dos hijas veían a su madre. A lo lejos, sí. Pero era ella y estaba bien.

Ahora el confinamiento ha acabado, pero Yolanda y su equipo no bajan la guardia.

Lo tienen decidido: aquí el coronavirus no entra.

7. ¿Qué medidas han implementado para evitar que se produzcan contagios?

Seguimos teniendo el mismo cuidado de siempre. Hablamos constantemente con las familias para que nos ayuden a cuidar de sus seres queridos y extremen las medidas para prevenir contagios. Seguimos, como no podía ser de otra manera, todos los protocolos establecidos por las autoridades, a todos los visitantes se les toma la temperatura y los encuentros se producen en el exterior. Tenemos la gran suerte de contar con mucho espacio que nos facilita que en las visitas se puedan mantener las distancias. Estamos pendientes de cualquier persona que venga al centro, incluidos, los proveedores.

8. ¿Cree que mantener el centro libre de contagios va a ser más difícil ahora que hay libertad de movimientos? ¿Cómo se ha preparado su centro?

Desde luego va a ser más complicado pues los residentes no sólo tienen contacto con nosotros, sino también con sus familiares. Además, poco a poco, hemos recuperado nuestra vida: ha empezado el servicio de peluquería, los conciertos de piano, la misa. Sanitas nos ha mandado todo lo necesario para que tengamos suficientes E.P.Is de protección y material para facilitar las distancias. Contamos con el apoyo de los familiares, que están respondiendo muy bien porque, además, están muy agradecidos por cómo hemos cuidado de sus seres queridos. Se fían totalmente de nuestro criterio. Entre nosotros se ha creado un vínculo muy fuerte.

9. Dado que le ha tocado vivir esta etapa en primera línea ¿qué siente cuando sale a la calle y observa algunos comportamientos?

Una mezcla de rabia e impotencia. Me encantaría que entendieran el sacrificio que muchos hemos tenido que hacer para conseguir llegar a esta situación. Pero para mantenerla, para lograr que ese sacrificio haya merecido la pena, nos hace falta la colaboración de todos. Es la única forma de que esto haya tenido sentido.

PUBLICIDAD

Mejoramos las residencias
para proteger a nuestros mayores

¿Quieres que te informemos gratis sobre
los centros de mayores?

Quiero información

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

5 − 4 =

* Campos obligatorios

Artículos relacionados