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Una adaptación del Un, dos, tres… para estimular

Los juegos favorecen la estimulación cognitiva

La hija pequeña de Jesusa se dio cuenta enseguida de que algo no iba bien. La memoria de su madre no funcionaba como antes: era incapaz de recordar lo que acababa de comer. Otra veces, tenía problemas para encontrar el camino de vuelta a su casa. Frente a estos síntomas, Begoña sabía que había que actuar. Así que reunió al resto de sus hermanos y les convenció para su madre fuera a un centro de día. Luego, habló con su madre. Jesusa no puso ninguna pega. Siempre había sido una persona sociable y muy abierta. Así que, se dijo, “por qué no probar aquella nueva ocurrencia de su hija. Mal no le haría”. Y fue así como llegó hasta al Centro del Día que depende de la Asociación Familiares de Enfermos de Alzheimer de Zamora. Lo que nunca pudo imaginar es que iba a convertirse en azafata, ayudante y en una espectadora entregada del concurso… Un, dos, tres… recordar otra vez.
 
Todo surgió en el 2005. En las múltiples reuniones de trabajo que organizaban en esta asociación para conseguir estimular a sus pacientes: siempre se repetía la misma queja. “Es que no sé cómo conseguir mantener su atención”, solían lamentarse los miembros del equipo. Y en un momento dado, la idea surgió. ¿Por qué no utilizar el Un, dos, tres? ¿Por qué no introducir dinámicas de juego en tareas rutinarias de estimulación? La idea no parecía descabellada y cuanto más la analizaban, más les convencía.  El concurso Un, dos, tres… responda otra vez,  de Chicho Ibáñez Serrador, era un programa conocido por todos ellos, que formaba parte de sus recuerdos. Jesusa solía perderse el principio porque tenía que acabar de preparar las cenas para sus hijos y su marido. Luego, ya sentada, le encantaba ver la parte de las pruebas que tenían que hacer los concursantes. Ahora, muchos años después, ella se encarga de animar al concursante Don José a encender una vela. Esa es una de las pruebas que tienen que llevar a cabo los concursantes de esta adaptación del concurso.
 
María Rodríguez Poyo, investigadora principal de esta nueva aplicación del Un, dos, tres, supo que debía realizar un estudio para comprobar su efecto terapéutico, cuando vio los buenos resultados que este proyecto tenía entre los pacientes. Y resultó que no estaba equivocada. El poster, que resumía los datos obtenidos de la investigación, se presentó en el Congreso Internacional de Alzhéimer del 2011, que se celebró en Madrid. Y ahora, es uno de los programas recomendados por El Centro de Referencia Estatal de Atención a Personas con Enfermedad de Alzhéimer de Salamanca.
 
El estudio incluyó a 19 personas con alzhéimer con una media de 78 años, compuesto por 12 mujeres y 7 varones. De ellos, 14 acudían al centro. Todos contaban con unos siete años de escolaridad.  Los pacientes se dividieron en tres grupos: el grupo control, formado por las personas que recibían un programa de estimulación tradicional, con papel y lápiz; el grupo que participaba en el concurso Un, dos, tres y el grupo que no recibía ningún programa de estimulación. El objetivo general de la Investigación era comparar la eficacia de un programa de estimulación cognitiva basado en una metodología lúdica, motivadora y significativa frente a un programa de estimulación cognitiva tradicional.

Al cabo de cuatro meses, los resultados mostraron que los pacientes, que participaron en el concurso  Un, dos, tres… recordar esta vez, presentaron una mejora significativa en las puntuaciones de los test ADAS-cog (escala utilizada para la evaluación de la enfermedad de Alzhéimer) en comparación con el programa de terapia tradicional (tareas de lápiz y papel). Y ambos grupos empeoraron menos que los que no recibieron estimulación. También se observó que en el grupo de enfermos del concurso se produjo un descenso en las puntuaciones post del NPI-Q  (proporciona un evaluación fiable de los comportamientos habituales de las personas con demencia) mayor que en el grupo que participó del programa de estimulación tradicional.
 

 
 
 
 
 

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