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Leve 2 febrero de 2022

Demencia: los juegos favorecen la estimulación cognitiva

El antiguo concurso de TV, Un, dos, tres... responda otra vez, potencia la atención, la memoria y el lenguaje en personas con deterioro cognitivo leve

La estimulación cognitiva consiste en un conjunto de ejercicios y actividades cuyo objetivo es mantener o, incluso, mejorar las capacidades mentales de una persona. Por eso, esta estrategia es muy utilizada en personas con demencia.

En este artículo mostramos cómo el antiguo concurso de televisión, Un, dos, tres… responda otra vez, supone un estupendo ejercicio para las personas con deterioro cognitivo que se encuentran en el Centro residencial Sanitas Carabanchel (Madrid).

Porque, como dice el psicólogo de este centro, Juan Luis Vera, esta actividad forma parte de su vida, y los profesionales tenemos la obligación moral de buscar iniciativas que tengan que con ellos, con su trayectoria vital, con sus gustos.

Comienza la sesión…

En la sala ya está todo preparado. Las sillas están dispuestas de manera que forman un círculo, pero la distancia entre ellas no es homogénea. Se agrupan de dos en dos: dos sillas y una separación mayor, otras dos y se repite lo mismo. Sobre la mesa, una fotografía muestra una figura rechoncha, con un canotier en la cabeza y un bastón en una mano. Y en un lado, un poco más separado, el móvil con un altavoz.

Juan Luis Vera lo revisa todo por última vez y, una vez conforme, abre la puerta.

Inmediatamente, da al play, y la música comienza. Y esa voz chillona, forzada, que parece que nace de una garganta carente de voz se hace con la sala… y con el corazón de los asistentes. Todos saben quién es: Ruperta, la mascota del programa. Todos saben de qué va a ir la sesión. Hoy toca el concurso Un, dos, tres… responda otra vez.

“Con ese arranche, se meten todos en el programa. A partir de ahí, organizo las parejas. Les agrupo teniendo en cuenta su nivel de deterioro cognitivo. Y esto me servirá para clasificar las preguntas, que estarán adaptadas a cada uno. Las preguntas se agrupan por categorías. Hay algunas que son relativamente sencillas, como la de los nombres de las personas, pero también hay otras más complejas, que uso en función de la capacidad que tenga la persona”.

Juan Luis Vera utiliza esta actividad en personas con un deterioro cognitivo leve o leve moderado porque en esas fases iniciales los beneficios son muy claros. En cambio, en las personas con una demencia más avanzada, que tienen más dificultades para comprender, para expresarse y su capacidad de atención es mucho más reducida, no es conveniente porque la mayoría de las veces no son capaces de responder, y eso aumenta su nivel de frustración.

¿Qué beneficios aporta este concurso a las funciones cognitivas?

Comencemos con la atención.

“En este concurso las personas hacen un esfuerzo enorme para permanecer concentrados durante el tiempo que dura toda la actividad. Tienen que estar pendientes, no solo cuando les toca responder, también cuando lo hace su pareja y el resto de los participantes. Yo les suelo decir que ellos me tienen que ayudar porque a mí se me puede pasar que alguien repita una palabra. Si recordamos, las bases del concurso establecían que el participante perdía cuando repetía una palabra. Así que para detectarlo, todos tienen que estar muy atentos”, explica Juan Luis.

Además, su nivel de concentración tiene que ser muy alto, porque en la actividad cuentan con un tiempo limitado para contestar. “Les adelanto que tienen un minuto y medio para responder. El objetivo es presionarles para que mantengan la atención el mayor tiempo posible. En realidad, no soy riguroso con el tiempo”, señala Juan Luis.

-Memoria

El concurso Un, dos, tres también es muy beneficioso para trabajar la memoria. “Esta capacidad se utiliza en dos sentidos. Primero porque para recordar las palabras de una categoría tienes que ejercitar la memoria de trabajo. Es decir, la memoria que te permite recordar lo que estás haciendo en ese momento. Tienes que acordarte, por ejemplo, de los distintos tipos de verduras, pero, al mismo tiempo, tienes que estar pendiente de lo que dice tu compañero para no repetir ninguna palabra. Eso, que para nosotros es relativamente fácil, para ellos es muy complicado porque se trata de una doble tarea. Y, además, ejercitan la memoria episódica, la memoria que está relacionada con nuestra historia de vida, porque mientras se juega a este concurso recuerdan cómo lo veían en familia cuando eran más jóvenes”, comenta Juan Luis.

Lenguaje

“Al recordar las distintas categorías de elementos, estás trabajando el vocabulario y, por lo tanto, el lenguaje”, precisa Juan Luis.

¿Qué otros beneficios aporta este concurso?

Cuando el creador del Un, dos, tres, Narciso Ibáñez Serrador, lanzó este concurso, probablemente, su principal objetivo fuera diseñar un programa que consiguiera entretener. Y lo logró.

Ese ingrediente tan importante en cualquier actividad, también está en la esencia de esta adaptación. “A nivel emocional aporta unos beneficios muy grandes. La actividad se desarrolla en grupo y cuando acaban, dependiendo del estado en que se encuentre la memoria de cada persona, cada uno comenta cómo lo ha pasado, cuantos aciertos ha tenido, incluso, comparten cómo lo vivían en su casa. Aunque solo sea por el tiempo que han estado compartiendo la actividad como grupo, para ellos es muy positivo”, afirma Juan Luis.

Muchos de los pacientes con demencia sufren trastornos de comportamiento. Estos problemas de conducta suelen provocar un gran desasosiego a los pacientes y se convierten, también, en un desafío para el cuidador.

En ese aspecto, este concurso también actúa como un bálsamo. “En nuestro centro, hay un señor que suele agitarse por las tardes. Se inquieta porque es ciego y, además, tiene un deterioro cognitivo leve. Él percibe sonidos, pero, a veces, no sabe lo que está ocurriendo a su alrededor, y eso le pone nervioso. Escucha conversaciones que no logra entender o confunde las voces con la de su mujer, y comienza a llamarla. Estas alteraciones las suele sufrir por las tardes. Sin embargo, mientras participa en el concurso está perfectamente activo, respondiendo con normalidad, y, posteriormente, durante la tarde se muestra más tranquilo. Va a la cena sin ninguna dificultad. Este concurso le beneficia pero, probablemente, también tendría el mismo efecto cualquier actividad grupal en la que él sepa lo que está pasando y se sienta cómodo”.

El secreto entonces está en organizar actividades grupales que tengan una rutina a las que las personas se puedan adaptar bien.

¿Por qué funciona tan bien este concurso?

“Por varios factores. Primero, porque forma parte de su cultura: todos lo conocen. Aunque, las personas tengan deterioro cognitivo, recuerdan el programa. Desde el momento en que escuchan la música y ven la imagen de Ruperta, comienza lo que nosotros llamamos un proceso de reminiscencia, por el que recurren al recuerdo y a las emociones asociadas a esos momentos. Quizá por la vinculación que este concurso tiene con su vida es por lo que funciona mejor que otras actividades menos conocidas para ellos”.

También porque tiene una dinámica sencilla. Se trata de preguntas y respuestas que se van sucediendo. Las personas con deterioro cognitivo saben en todo momento lo que va a ocurrir. “No hay sorpresas, no hay nada extraño. Cuando se establece una dinámica estable es muy difícil que las personas se puedan sentir desubicadas o incómodas, que es lo que le puede provocar un trastorno de comportamiento”.

En las actividades de estimulación cognitiva ¿se tendría que apostar por el juego?

“Lo dijo tajantemente y sin ninguna duda, tenemos la obligación moral de buscar estrategias de estimulación que sean significativas para estas personas, que entronquen con su trayectoria vital, con sus gustos. De esta manera, con esa actividad obtendremos una mayor motivación y su efecto también será mayor. Con esto no digo que haya que abandonar las fichas tradicionales porque también tienen una función. Sobre todo, si se quiere trabajar una función cognitiva en concreto, como, por ejemplo, la atención o el cálculo, pero las fichas no deberían ser el recurso principal”, señala.

Después de tres rondas, el concurso ya está al rojo vivo. Los 12 participantes se han hecho con la dinámica, y no se les pasa una. El precio por cada respuesta acertada está por las nubes.

Le toca el turno a Elvira, una mujer de 84 años, delgada, con una preciosa media melena de color plateado. Su rostro, que suele transmitir bondad, esta vez tiene el ceño arrugado. Tiene un deterioro cognitivo leve moderado, así que Juan Luis, adapta la pregunta a su capacidad cognitiva.

“A ver, Elvira, por 10.000 euros por cada respuesta acertada, dime nombres de animales, por ejemplo, gato. Un, dos, tres… responda otra vez”, le dice Juan Luis.

-“Gato”, responde Elvira.

-“Conejo”, responde Braulio, su compañero de juego.

-“Gallina”, sigue Elvira.

-“Pato”, continúa Braulio.

Le toca el turno a Elvira, y Juan Luis nota que se ha quedado en blanco. Cuando parecía que todo estaba perdido, y que los 50.000 euros ya no se los llevarían ellos, Elvira abre los ojos y exclama con fuerza: “un perro gordo”.

La carcajada es general y Elvira les mira a todos, sorprendida, pero también riéndose.

Antonio, otro de los participantes, exclama: “¿Y qué pasa? Que si el perro no está gordo no vale, ya no es un perro”.

Elvira cae en lo que acaba de responder, y se ríe con más ganas.

Hoy, durante la comida, cuando se siente con el resto de sus compañeros de juego, quizá ya no se acuerde de su respuesta, ni de que todos hace un rato se estaban partiendo de risa con su salida, pero en su mente sí permanecerá ese buen sabor de boca que han dejado esos minutos.

Esas risas se habrán hecho un hueco en su cerebro, y el día será más luminoso, más cálido, como la luz suave que deja el sol de otoño.

Por cierto, ni Elvira ni Braulio jamás cobraron los 50.000 euros por sus respuestas acertadas. Pero, como dice Juan Luis, esas cifras desorbitadas lo hacen todavía más divertido.

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