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Después de una sucesión de malas noticias en el campo de la investigación de las enfermedades neurodegenerativas, por fin, surge una que resulta alentadora. Las compañías Biogen y Eisai anunciaron que su nuevo medicamento contra el alzhéimer, BAN2401, un anticuerpo dirigido a la proteína beta amiloide, podría retrasar la progresión de la enfermedad.

Hasta la presentación de estos datos, los resultados en esta línea de investigación habían resultado tan infructuosos que muchos expertos habían cuestionado este enfoque. De hecho, algunos trabajos se habían desplazado hacia el estudio de la proteína tau, otra de las responsables de la enfermedad de Alzheimer.

Pero, a pesar de los buenos resultados, el presidente de la compañía Biogen, Stelios Papadopoulos, se ha mostrado muy cauteloso en sus declaraciones. Es la primera vez que un nuevo medicamento ha demostrado ser capaz de eliminar la placa amiloide y, todavía más importante, que “esta eliminación se haya asociado con una ralentización del deterioro cognitivo”. Sin embargo, consciente de lo difícil que es el territorio que pisa, aseguró que todavía quedaba mucho por hacer. “No hemos mejorado el alzhéimer, tampoco hemos estabilizado el deterioro cognitivo, hemos conseguido que el declive sea menor”.

Esa misma cautela es la que muestra Ronald Petersen, director del Centro de Investigación de la enfermedad de Alzheimer en la Clínica Mayo. “Constituye un estímulo porque ha habido tantos fracasos en los ensayos con nuevos medicamentos en el campo del alzhéimer, en los últimos diez años, que, cuando vemos una señal positiva como ésta, que se mueve en la dirección correcta, clínica y biológicamente, resulta alentador”, asegura Dr. Petersen.

Los resultados se obtuvieron tras poner en marcha un estudio fase II, que se encarga de proporcionar información preliminar sobre la eficacia de un nuevo tratamiento, la dosis adecuada y su seguridad. Los pacientes que participaron tenían un deterioro cognitivo leve o una demencia muy leve. Todos ellos se sometieron a tomografrías por emisión de positrones (una prueba que permite obtener imágenes del interior del organismo) para confirmar la presencia de la proteína amiloide en su cerebro. Después se les administró el anticuerpo (un tipo de proteína que es aprovechada por el sistema inmune) o placebo (sustancia inocua).

Tras hacer un seguimiento de 18 meses, se observó que las personas que recibieron las dosis más altas del medicamento tenían menos amiloide en el cerebro al finalizar ese periodo que lo que tenían al comienzo de la prueba. En concreto, 866 pacientes permanecieron clínicamente estables o empeoraron solo un poco en la progresión de la enfermedad de Alzheimer en comparación con los que tomaron placebo, que no experimentaron ninguna reducción significativa en la cantidad de amiloide. Esta eliminación de las placas se asoció con una desaceleración del deterioro cognitivo.

A pesar de que estos datos se obtuvieron en un estudio temprano (para el desarrollo de un nuevo medicamento necesita que los ensayos clínicos lleguen hasta la fase III), los resultados sugieren que el medicamento puede eliminar una de las proteínas tóxicas del cerebro, lo que proporciona un importante respaldo a la hipótesis de amiloide.

Según esta teoría, biológicamente, la enfermedad de Alzheimer se produce por la presencia de placas y ovillos en el cerebro. Las placas son producidas por una proteína llamada amiloide y los ovillos por otra denominada tau.

La beta amiloide es un fragmento de una proteína más grande que se llama proteína precursora de amiloide (APP) que se encuentra en la membrana grasa que rodea las células nerviosas. La beta amiloide, químicamente “pegajosa”, no provoca ningún daño cuando está sola, pero si se agrupa consigo misma, formando las denominadas fibras amiloides, la comunicación entre las neuronas se interrumpe.

En los pacientes con enfermedad de Alzheimer, estos fragmentos se acumulan en los espacios que hay entre las neuronas y terminan formando placas duras e insolubles, que interrumpen la comunicación entre las células y, además, activan las células inmunes. Estas células inmunes desencadenan un proceso inflamatorio y, finalmente, las células cerebrales mueren.

La muerte de las neuronas es lo que provoca los fallos de memoria, los cambios de personalidad, los problemas para llevar a cabo las actividades de la vida diaria y otros síntomas del alzhéimer.

Para saber si el nuevo medicamente de Biogen y Eisai confirmará las expectativas que ha levantado, habrá que esperar a los datos del ensayo en fase III, que está previsto que se presenten a finales de 2019 o principios del 2020. Según Papadopoulos, el tratamiento podría estar disponible para los pacientes en dos o tres años.

Mientras tanto, además de contar con los medicamentos, el Dr. Peterson sigue haciendo hincapié en la importancia de que las personas modifiquen su estilo de vida para reducir el riesgo de desarrollar alzhéimer.

“Contamos con evidencias que muestran que el ejercicio, el ejercicio aérobico y quizás también el entrenamiento para aumentar la resistencia, puede retrasar la progresión o la aparición de síntomas clínicos”, asegura el Dr. Peterson. “Nuestra recomendación es que las personas permanezcan intelectualmente activas y no dejen de mantener relaciones sociales. Y, desde una perspectiva dietética… tal vez mantener una dieta saludable para el corazón, como seguir una dieta mediterránea, sea útil para retrasar el inicio y desacelere la progresión de la enfermedad”.

 

 

 

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