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Leve 7 marzo de 2019

Todas las pruebas relacionadas con el diagnóstico del alzhéimer

El primer paso es ir al médico de Atención Primaria, quien someterá al paciente a una serie de pruebas para luego derivarle a un especialista

Una de las dudas más frecuentes que nos han llegado a la web es saber qué se debe hacer cuando sospechamos que nuestro ser querido presenta síntomas relacionados con el alzhéimer. La respuesta es sencilla. El primer paso es acudir al médico de Atención Primaria, quien se encargará de hacerle una serie de pruebas para diagnosticar o no si tiene alzhéimer. Tras esta evaluación, el médico podrá recomendar al enfermo que acuda a un neurólogo o a un geriatra para confirmar el diagnóstico.

Una vez en la consulta ¿qué pruebas le harán al paciente para poder elaborar un diagnóstico?

Para llevar a cabo una evaluación completa de su situación será necesario emplear más de un día. Las pruebas se distribuirán en varias jornadas para evitar cansar al paciente. Es conveniente que la persona que le acompañe conozca su historial médico, sus síntomas actuales y lo que le preocupa.

El médico necesitará:

-Una descripción detallada de los cambios que ha experimentado el paciente y de cómo le están afectando a la hora de realizar sus actividades cotidianas. Estos cambios incluyen las alteraciones de sus capacidades mentales, cambios en su personalidad, estado de ánimo y de comportamiento.

-Información sobre si ha sufrido síntomas físicos, como pérdida de coordinación, de visión y debilidad.

-El historial médico del paciente, incluyendo si ha sufrido lesiones y enfermedades recientes.

-Una lista de medicamentos que toma el paciente, sin olvidar mencionar aquellos para los que no necesite receta, así como suplementos vitamínicos y de hierbas.

-Información sobre los problemas médicos de los miembros de la familia, especialmente si alguno de ellos ha sufrido una enfermedad similar.

Para confirmar la información, el médico preguntará a algún familiar que le conozca bien. Con todos estos datos, el doctor podrá elaborar una lista de posibles diagnósticos.

Pruebas para diagnosticar si el paciente tiene alzhéimer

-Exploración física:

El médico evaluará el sistema cardiovascular, los pulmones y otros órganos para detectar algún tipo de anomalía. La insuficiencia cardiaca, una enfermedad hepática, la insuficiencia renal, los trastornos de tiroides y las enfermedades respiratorias pueden provocar síntomas parecidos a la demencia.

Las pérdidas sensoriales pueden aumentar, significativamente, las dificultades cognitivas de una persona, por lo que también se evaluará la visión y la audición. También se prestará mucha atención al sistema nervioso, dado que las anomalías neurológicas pueden indicar que existe un trastorno cerebral distinto de la enfermedad de Alzheimer.

La fuerza muscular, la coordinación, los reflejos, si los sentidos funcionan bien, el movimiento de los ojos y la reacción de las pupilas a la luz pueden señalar al médico en qué estado se encuentran determinadas áreas del cerebro. Por ejemplo, si el paciente se queja de que nota debilidad en un lado del cuerpo, este síntoma puede sugerir que existe un daño cerebral localizado, que podría ser producido por un ictus o por un tumor, mientras que si el paciente sufre temblores u otros movimientos involuntarios, estos síntomas podrían apuntar a que la persona podría sufrir la enfermedad de Parkinson.

Es posible que el médico le pida al paciente que haga unos sencillos ejercicios mentales, como contar hacia atrás de siete en siete, seguir unas instrucciones escritas, memorizar algunas palabras o copiar algunos dibujos. O quizá prefiera citar al paciente para otra consulta, en la que Enfermería se encargará de pasar al paciente algunos tests cognitivos y funcionales. Estas pruebas permitirán al médico evaluar la orientación, la memoria, la comprensión, la habilidad que tiene el paciente con el lenguaje y su capacidad de realizar cálculos simples.

-Análisis

El médico pedirá que se haga un análisis de sangre completo para detectar si el paciente tiene anemia, infección, diabetes, trastornos renales y hepáticos. También se analizará el tiroides, si el paciente podría presentar una deficiencia de vitamina B12 o unos niveles altos de calcio en sangre, así como la prueba de la sífilis.

-Pruebas de imagen

 Existen pruebas de neuroimagen que permiten explorar el cerebro, como la Tomografía axial computerizada (TAC) craneal o la resonancia magnética (RM). Mediante estas técnicas se valora si existe una atrofia en la corteza cerebral que siga un patrón concreto y que permita proporcionar un diagnóstico con más certeza. Los resultados sirven para descartar que exista un tumor, un derrame cerebral o una hidrocefalia. Estas exploraciones podrían mostrar una pérdida de masa cerebral asociada al alzhéimer y otras demencias. Por ejemplo, en la enfermedad de Alzheimer, la región del cerebro, conocida como hipocampo, puede aparecer atrofiada.

Si estas pruebas de imagen no resultaran concluyentes, se pueden llevar a cabo otras complementarias, como la obtención del líquido cefalorraquídeo, para determinar el nivel de proteínas beta amiloide y tau fosforilada. También se pueden realizar pruebas de neuroimagen molecular, como la tomografía por emisión de positrones (PET). Estas técnicas muestran imágenes de la actividad cerebral en función del flujo sanguíneo, del consumo de oxígeno o de la glucosa. Una información que permite detectar el comienzo de la enfermedad antes de que se puedan observar cambios anátomicos en el cerebro.

Existe un tipo de exploración PET, que utiliza un marcador químico que se une específicamente a los depósitos de amiloide en el cerebro, proteína que se acumula en el cerebro de los pacientes con enfermedad de Alzheimer, y que permite señalarlos en las imágenes. Esta prueba está indicada en determinados casos, como pueden ser los de evolución atípica.

-Pruebas neuropsicológicas

Los psicólogos o neuropsicólogos (psicólogos especializados en trastornos cerebrales) pueden llevar a cabo pruebas neuropsicológicas, mediante entrevistas o tests. Estos cuestionarios, que pueden llevar varias horas, se usan para determinar qué áreas de la función cognitiva pueden estar dañadas. Evalúan la memoria, la capacidad de razonamiento, la escritura, la coordinación, el nivel de comprensión y la capacidad de expresar ideas. Un médico también puede realizar otras pruebas para identificar si el paciente sufre depresión y otros problemas relacionados con el estado del ánimo.

-Evaluación funcional

En este tipo de evaluación, un terapeuta le pide a un miembro de la familia que complete un cuestionario para evaluar la capacidad de la persona para realizar las actividades de la vida diaria, es decir, las que permiten a la persona valerse por sí misma, como ser capaz de alimentarse y asearse. También se cuentan con escalas para medir la capacidad de llevar a cabo actividades instrumentales, como telefonear, cocinar, comprar, usar el transporte o tomarse la medicación.

Los problemas cognitivos afectan al funcionamiento diario de una persona de muchas maneras. Una evaluación objetiva puede ayudar a conocer lo que una persona puede o no puede hacer. Esta información, a veces, resulta difícil de obtener por parte de un cuidador. Sobre todo, si el paciente sufre otro tipo de patologías, como artritis o tiene mala visión.

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