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Moderada 15 enero de 2021

Siete preguntas frecuentes que un cuidador se hace sobre cómo cuidar a una persona con demencia

El aseo, la hora de la comida y cómo desvestir a nuestro ser querido antes de acostarle son algunas de las dificultades más habituales

Cuidar de un ser querido con demencia genera muchas dudas. En este artículo, nuestra experta, Alba Cazorla, supervisora del Centro Residencial Sanitas Henares, nos ayuda a resolver algunas de las preguntas más frecuentes relacionadas con las dificultades que surgen con la higiene, la comida y con quitarse la ropa a la hora de acostarse.

Esta tarde es la tarde de las preguntas. En cuanto Alba se ha sentado en el café, en la misma silla y en la misma mesa de siempre, Sofía, su amiga, y que ahora se encarga de cuidar a su madre con alzhéimer, ha comenzado a plantearle todas sus dudas. Las dudas, le ha confesado Sofía, no son otra cosa que encontrar un camino para vencer los continuos “nos” que su madre le dedica cuando ella le propone hacer cualquier actividad.

Alba la mira y sonríe.

-“Entiendo que tengas dudas. En realidad, todas las tenemos, y después de éstas surgirán más. No pasa nada, porque al final serás capaz de manejar estas situaciones y otras muchas. Y si no puedes, no dudes en avisarme. Si yo no tengo la respuesta, se la preguntaré a mis compañeros. En centro en el que trabajo contamos con muchos profesionales y, entre todos, seguro que damos con la manera de poder ayudarte. Pero permíteme que te haga una observación, no se trata de ‘vencer los nos’ de tu madre, se trata de aprender a manejarlos. Puede parecerte un matiz, pero si lo piensas, no lo es. No se trata de vencer, se trata de entender la enfermedad y de aceptarla. Se trata de que nosotros nos intentemos meter en el mundo del paciente, en el mundo en el que vive tu madre. Solo así podremos intentar manejar la enfermedad”.

Sofía ha entendido lo que su amiga le ha explicado. En realidad, ella partía de una situación de poder, la superioridad de una persona sana frente a una persona enferma. Y Sofía le ha recordado que para manejar la enfermedad hay que aprender a mirarla a los ojos, pero situándose en un mismo plano.

Una vez que ha entendido el mensaje, Sofía le hace la primera pregunta:

1. ¿Cómo manejar el pudor de una persona con demencia cuando estás procediendo con su higiene para que ella te permita lavarla?

Una práctica, que nosotros hacemos en la residencia, es colocar una toalla para tapar sus partes íntimas, a pesar de que sabemos que se va a mojar. Vamos lavándola, poco a poco, y no destapamos la zona hasta que no nos toca.

En todo momento, hay que adelantarle lo que vamos a hacer y hablarle despacio. Puedes probar a que se ponga de espaldas, por si a la persona le resultara más cómodo. Es una forma de decirle que no vamos a mirar. Prueba también a hablarle para distraerla, y que así se olvide de que la estás lavando.

Si la persona puede, a veces aprovecho que se está lavando los dientes y, mientras, le voy frotando con una esponja.

2. ¿Qué ocurre si la persona muestra una resistencia total al baño?

 Primero hay que averiguar cuáles han sido sus hábitos. Porque igual esa persona no está acostumbrada a ducharse todos los días. Entre las personas mayores es muy común ducharse una vez por semana. Se puede probar con una ducha los días alternos. Por ejemplo, los lunes, miércoles, viernes y domingos. Y el día que no tiene baño, la aseamos. Es decir, la lavamos en la cama o bien la lavamos por partes. Nosotras utilizamos unas toallitas mojadas en agua y jabón que luego se las pasamos por el cuerpo.

A veces lo que más rechazan es meterles debajo del grifo. Si no lo haces, se toman el baño de otra manera. También puedes probar cambiándole el horario. Igual rechaza el baño por la mañana y lo admite mejor por la tarde o por la noche. Nosotras, en alguna ocasión, hemos tenido que cambiar la hora.

 3. ¿Cómo mantengo bien hidratada a mi madre?

 Cuando se despiertan por la mañana, muchos se levantan con sed. Nosotros les dejamos que beban un vasito de agua, otros lo prefieren hacerlo antes del desayuno. Después, entre la comida y el desayuno, también le damos un vasito de agua. Cuando se levantan de la siesta, les suele apetecer beber algo y entre la comida y la merienda, también les llevamos un vasito de agua. Y, claro, también deben beber en todas las comidas que hagan. Si observamos que tienen problemas para tragar, les damos agua con espesante.

4. ¿Qué puedo hacer si no quiere comer?

 Lo primero que hay que hacer es respetar sus gustos; igual le estás dando lentejas y no le gustan las lentejas. Si has cocinado varios platos, ofrécele otra cosa. No debes obligarle a comer porque esa actitud no conduce a nada, porque, al final, no van a comer igual. También puedes intentarlo más tarde.

A mí, a veces, me ha funcionado empezar por el postre. Les he ofrecido un poco de fruta, han empezado a comer y luego han continuado comiendo normalmente.

Es importante que hables a tu madre, que le digas lo que va a comer. Si, por ejemplo, cocinas una cremita pues le dices lo que es. Si tiene problemas con los cubiertos, puedes colocarle la cuchara en la mano para que ella vaya comiendo.

Si ves que rechaza la comida, puedes sentarte a su lado y empezar a contarle lo que te ha pasado ese día. Yo les comento si he tenido un problema con el coche u cualquier otra cosa que me haya ocurrido. “Mira”, les digo, “te voy a contar lo que me ha pasado hoy por si tú me puedes ayudar. Pero si me quieres ayudar, vas a tener que comer porque, de lo contrario, no vas a tener fuerzas”.

Siempre pruebo antes los platos, por si están sosos o fríos. A veces, solo es eso, y basta con que añadas una pizca de sal para que lo coman. Otras veces, te siguen diciendo que no lo quieren. Yo les suelo decir: “mira, lo he probado y está muy bueno. Y, en ocasiones, me han dicho: ‘pues cómetelo tú’. Entonces, vuelvo a probarlo y les vuelvo a animar. Les digo ¿pero lo has probado bien? Prueba un poquito, si no te gusta lo cambiamos, pero toma antes un poquito. No tienes nada que perder”.

 5. Por la noche, a veces no se quiere desvestir para irse a la cama ¿qué puedo hacer?

 Sí, a nosotros nos pasa muchas veces. A mí, lo que mejor me funciona es hablar. Les suelo decir: “Uy, pues si duermes con esa ropa, te vas a sentir muy incómodo. Ese pantalón, con esa trabilla y ese cinturón, se te va a clavar y no vas a poder descansar. Además, tengo que lavar la ropa y, si no te cambio, no voy a poder hacerlo. Yo, ahora, cuando llegue a casa, lo primero que voy a hacer es quitarme esta ropa porque yo con lo que llevo puesto estoy súper incómoda”.

 6. ¿Qué puedo hacer para evitar las caídas?

 Es difícil porque ellos creen que se mueven como siempre, que no tienen problemas para levantarse. A lo mejor, están sentados en la silla y se levantan deprisa, y como necesitan un poco de tiempo porque el equilibrio les falla, echan la pierna, no les sostiene y se caen. Las caídas se producen cuando se van a levantar de la cama, de la silla e, incluso, del baño.

En tu casa, es muy importante que elimines todo aquello que les podría estorbar, como las alfombras o los revisteros.

“Y esta última pregunta te la voy a hacer yo”, le dice Alba.

7. ¿En qué momento vas a desconectar de tu labor como cuidadora?

Sofía se ha quedado pensando. Hasta ese momento, nunca había pensado en ella misma.

“Siendo cuidadora, encontrar esos momentos va a ser difícil, pero es muy necesario que lo hagas. De lo contrario, no aguantarás. La carrera de cuidador no es de velocidad, es un maratón, y si no descansas, no podrás con ella”, le explica Alba.

Por ejemplo, si puedes contratar a una terapeuta o a un fisioterapeuta para que atienda a tu madre en casa, ese rato puedes reservarlo para ti. Igual también puedes contratar a una cuidadora para que se quede unas horas con tu madre, mientras tú puedes salir con tus amigos. O puedes llevarla a un centro de día para que se beneficie de las terapias que se imparten.

Puedes hablar con tu tía y preguntarle qué días le viene bien visitar a tu madre, y esos ratos puedes aprovechar para desconectar.

En la rutina que crees, observa a tu madre. Si le gusta colorear, por ejemplo, pues igual ese rato, tú puedes aprovechar para hacer algo que te guste. O mientras ve un programa de televisión o cuando se eche la siesta.

Si consigues que se acueste sobre las nueve, ahí también puedes encontrar un ratito para ti.

Piénsalo, Sofía, todos esos descansos son importantes para ti y para tu madre. De lo contrario, te deprimirás, te volverás irascible con tu madre y terminarás enfermando.

Y, créeme, ésta es la parte más difícil: conseguir que el cuidador se ocupe de sí mismo.

Sofía ha bajado la mirada. No sabe por qué, pero se siente triste, muy triste.

“Yo estoy contigo”, le dice Alba, “no estás sola, y no voy a dejar que no te cuides”.

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