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Severa

Cómo vestir a una persona con alzhéimer

Siempre a la última

Victoria era una de las mujeres más elegantes del hospital en el que estaba ingresada desde que sufrió un ictus. Aquel evento cerebrovascular aceleró su demencia, que ya sufría desde hacía tiempo, aunque ni su familia ni ella misma habían puesto nombre a su paulatino deterioro. Desde el principio, Victoria marcó un precedente: ella siempre llevaba pendientes.  Su hija María se los ponía porque su madre siempre había sido muy coqueta, y sabía que esos pendientes la motivarían. Y así fue. Al final, además, le ponía rulos. De manera que siempre iba impecable. Victoria se pasaba el día atusándose el pelo y pidiendo que la peinasen, una actividad que siempre la tranquilizaba.
 
Cuidar el aspecto de su madre es una de las mejores formas que María ha conseguido para que se cree una comunicación entre ellas. Ella sabe que la forma de vestir de Victoria era el modo que tenía para expresar quién era, cómo se sentía y cómo quería ser tratada. Así que seleccionar la ropa no es un hecho rutinario sin importancia, sino la mejor manera de recordar quién era su madre.
 
Ahora que Victoria ha vuelto a casa, María ya no puede encargarse de ese ritual diario porque tiene que trabajar. Se encarga de hacerlo su cuidadora, Lourdes, con la que ha compartido seis consejos para vestir a una persona con Alzhéimer:
 
 
1. Explicarle antes de una forma muy sencilla lo que vamos a hacer.Antes de nada hay que comentarle en pocas palabras qué vamos a hacer y luego podemos comentarle el día que es, la estación del año, si hace frío o calor…
2. No ir con prisas. Hay que dedicar a esta actividad el tiempo necesario, como si fuera un juego.
3. Mantener sus costumbres. A Victoria siempre le ha gustado llevar joyas. Así que Lourdes nunca olvida ponerle los pendientes y seleccionar el collar que mejor le sienta. Y, por supuesto, siempre le saca un pañuelo. Victoria necesita tenerlo siempre en la mano.
4. Peinarse y arreglarse. Peinarla, ponerle rulos, darle un masaje en la cabeza cuando le lava el pelo.  De esta manera, tanto María como Lourdes consiguen tranquilizar a Victoria y realizar actividades que la estimulan. Gracias a ellas han conseguido estrechar la comunicación con ella y tener momentos de complicidad.
5. Manicura y pedicura.Hacer las manos y los pies son dos actividades que también pueden causar placer.  Lourdes ha aprendido a acompañarlas de masajes.  Extiende la crema con cuidado por las piernas y luego se detiene en las plantas de los pies, poco a poco, siguiendo las recomendaciones que le han enseñado. A Victoria le gusta tanto que se lo pide con un gesto todos los días.
6. Relax del cuidador. La visita al podólogo y a la peluquería, si la persona con demencia todavía puede hacerlas, u organizar que estos profesionales la visiten en casa pueden ser dos momentos muy valorados también por el cuidador porque le permiten desconectar y tomarse un poco de tiempo libre.
 
 

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