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Severa

Si ella no mueve el cuerpo, muéveselo tú

Gimnasia pasiva

Ana todavía recuerda con una sonrisa cuando su madre, Elisa, un día le dijo: “mira”, mientras levantaba la pierna. Hizo ese movimiento tan orgullosa, como si tratase de una proeza física. Y, en realidad, para ella lo era.
 
Su madre, con una demencia en fase severa, hacía más de un año que ya no caminaba. Instalada en su silla de ruedas, recorría el mundo desde su butaca móvil. Tampoco era capaz de vestirse ni de comer, aunque a veces intentaba sostener la cuchara. Ana tenía miedo de que a su madre le pasara lo mismo que a la madre de su mejor amiga. Un día fue a verla y descubrió que su mano estaba rígida y vuelta hacia un lado.  Su amiga le explicó que su madre había sufrido una contractura.
 
Una contractura, según el STEM library Science Blog, se desarrolla cuando el tejido elástico es reemplazado por una fibra no elástica, haciendo difícil que esa zona se estire, impidiendo que se produzca un movimiento normal y provocando dolor en el paciente. La contractura se produce tras la rigidez que aparece cuando no se ejercitan los músculos. The Dementia Queen asegura que esta falta de movimiento se debe también a cambios neurológicos en el tono del músculo cuando un individuo está sentado en un lugar con los codos y las piernas flexionadas.

Sin embargo, las contracturas se pueden prevenir, si se evita que el paciente permanezca inmóvil durante un tiempo prolongado. Sin embargo, la rigidez física es un síntoma muy común en la última fase de la enfermedad de alzhéimer y afecta al 95% de los pacientes (Reisberg, nd, párr. 37) haciendo muy difícil su movilización o vestirles sin producirles un dolor severo.
 
Ana comenzó entonces su particular cruzada contra las contracturas. Para empezar lo primero que hizo fue contactar con un fisioterapeuta, quien diseñó una serie de ejercicios adaptados a las necesidades de su madre. Entre las recomendaciones que le proporcionó, le recomendó que leyera Métodos para tratar una contractura en Hogares de Ancianos. En el artículo se  destacan tres consejos:

1.Cuidar la postura.
Hacía tiempo que Ana se había dado cuenta que, al cabo de un rato, su madre terminaba torciéndose en la silla. El texto insistía en que los pacientes tenían que estar bien colocados en la silla y en la cama. Para ello podría ayudarse de cojines o reposacabezas.
 
2. Ejercicio.
Para prevenir y reducir las contracciones. Es muy importante estar atento a la aparición de los primeras señales que preceden a una contractura porque ésta se puede desarrollar en una semana. Y se puede tardar más de un año en restablecer el movimiento. La fisioterapeuta aconsejó a Ana que todos los días moviera las muñecas de su madre. Suavemente, las debía girar hacía la derecha y en sentido contrario. Había que estar muy atenta a cualquier manifestación de dolor. Entonces, debía parar. También debía trabajar la articulación del hombro, del brazo, las rodillas y los dedos. Había que comenzar los ejercicios muy lentamente y aumentar gradualmente las repeticiones a medida que las articulaciones recuperaban su movimiento. El movimiento se debía mantener 30 segundos. Y antes de comenzar hay que asegurarse de que el paciente se encontrara cómodo.
 
3. Soportes ortopédicos
Existen soportes diseñados, en un material ligero y acolchado, para prevenir y tratar las contracturas causadas por la inmovilidad.  Se pueden colocar sobre la rodilla y el codo. Permiten el movimiento y previenen que los músculos se contraigan.
 
Ahora que Ana ya se sabía la teoría, debía trabajar los músculos de su madre, al menos, cuatro días a la semana. Y el resultado, ahí estaba. Ahora su madre era capaz de subir la pierna cuando estaba sentada y decir “mira”. Qué orgullosa se había sentido.
 

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