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Razones para no tomar estos medicamentos

Benzodiacepinas

Cuántas veces habremos escuchado esta conversación a nuestro alrededor:
-“Esta noche no he pegado ojo”.
-“Pues tómate un Orfidal o un Noctamid”.
 
En realidad, lo que se está recomendando son dos medicamentos de la familia de las benzodiacepinas. Dos de los más populares, junto con Trankimazin, que se utiliza sobre todo para tratar la ansiedad.
Aunque la sugerencia se haga con la mejor intención del mundo, no debemos tomarnos estos fármacos sin acudir al médico y sin ser conscientes de lo que son: medicamentos que crean una rápida dependencia y tolerancia. En caso de consumirse durante más de cuatro semanas, que es el período máximo, costará dejarlos y, además, habrá que subir la dosis para recuperar la efectividad del principio.
 
Según los datos del Observatorio Europeo de las Drogas y las Toxicomanías, publicado por la OCU (Organización de Consumidores y Usuarios), Europa es la zona en la que se ha registrado el consumo medio más elevado del mundo. Y, concretamente, España es uno de los países en donde más se toman este tipo de medicamentos. Una encuesta sobre el abuso de drogas, recogida en un informe de la Agencia Española de Medicamentos, estima que en nuestro país el uso de fármacos hipnóticos sedantes, durante el 2011, fue del 11,4 %. 

Y este consumo a pesar de los riesgos asociados a estos medicamentos. El estudio Efecto de las prescripciones de ansiolíticos y fármacos hipnóticos en el riesgo de mortalidad: estudio de cohorte retrospectivo, publicado en la revista científica British Medical Journal en 2014, concluye que las personas que tomaron estos medicamentos tuvieron un aumento significativo de riesgo de muerte comparado con el de las personas que no los tomaron. El trabajo científico se basó en los datos recogidos de 104.145 personas, de los cuales 34.727 tomaron los medicamentos analizados y 69.418 fueron del grupo control (grupo con el que se comparaban). Los pacientes fueron seguidos durante 7,6 años.
 
El consumo de estos medicamentos es todavía más preocupante si la persona que los toma es un adulto mayor. Un estudio publicado por el British Medical Journal sugiere que las benzodiacepinas podrían provocar el desarrollo de demencia. El equipo de investigadores de Francia y Canadá vincularon su uso con un aumento del riesgo de sufrir alzhéimer. Sin embargo, la observación tiene que ser tomada con cierta precaución. 

Annie Fabiny, jefe de Geriatría en Harvard, aseguró que prescribir esta familia de medicamentos entre los adultos mayores es arriesgado porque les puede producir confusión y ralentizar su procesos mentales. “Sin embargo, nosotros todavía no podemos afirmar que estos medicamentos provocan alzhéimer, aunque existe una asociación”.
 
Los investigadores utilizaron una base de datos del programa de seguros de salud de Quebec. En ella identificaron cerca de 2.000 hombres y mujeres de más de 66 años que habían sido diagnosticados de alzhéimer. Además, se seleccionó 7.000 más de forma aleatoria que no tenían esta enfermedad y que se unieron al primer grupo en función de la edad y el sexo.  Una vez establecidos los grupos, se analizaron las medicamentos prescritos durante los cinco o seis años que precedieron al diagnóstico del alzhéimer.
 
Las personas que habían tomado benzodiacepinas durante tres meses o menos tenían el mismo riesgo de demencia que las que nunca los habían ingerido. Entre los que habían consumido este medicamento de tres a seis meses, el riesgo de sufrir alzhéimer ascendió hasta un 32% y, en caso de que lo hubieran tomado más de seis meses, el riesgo aumentaba hasta un 84%.
 
El tipo de medicamento que se había ingerido también importaba. Aquellos que habían tomado benzodiacepinas de acción prolongada, como el Valium (diazepam) o Dormodor (flurazepam), tenían un riesgo más alto que aquellos que tomaban fármacos con una acción corta, como el Halcion (triazolam), Orfidal (lorazepam), Trankimazin (alprazolam) y Dasuen (temazepam)
 
Los investigadores confirmaron que el uso de benzodiacepinas podría indicar que las personas estaban intentando hacer frente a la ansiedad y a los problemas para dormir, dos de los síntomas más comunes en la fase temprana de la enfermedad de Alzheimer. Si esto es cierto, el uso de benzodiacepinas quizá no sea un factor que cause demencia, pero sí un indicador de que esta enfermedad está progresando.
 
Sin embargo, en el estudio El empleo de las benzodiacepinas y el riesgo de demencia o de deterioro cognitivo, publicado también en el British Medical Journal, se llegaba a conclusiones muy diferentes. De hecho, se aseguraba que el riesgo de demencia era ligeramente mayor en los pacientes con una exposición mínima a las benzodiacepinas, pero no en los sujetos que habían sufrido los niveles más altos de exposición (una exposición mediana equivalía a un año de consumo diario de estos medicamentos). Los resultados no apoyaban una relación causal entre el uso de las benzodiacepinas y la demencia. En la investigación participaron 3.434 pacientes de una edad superior a los 65 años.
 
Pero existen otras razones por las que los adultos mayores no deberían tomar estos medicamentos. En 2012, la Sociedad Americana de Geriatría añadió las benzodiacepinas a la lista de medicamentos inapropiados para tratar el insomnio, la agitación o el delirio. La decisión fue tomada, principalmente, por sus efectos secundarios -confusión y aturdimiento a la hora de pensar- que frecuentemente tienen consecuencias desastrosas: caídas, fracturas y accidentes de coche.
 
Incluso, las benzodiacepinas de corta acción tienen un alto impacto en las personas mayores porque con la edad, el metabolismo se ralentiza. El cuerpo humano necesita, entonces, más tiempo para eliminar un medicamento. Como esta familia de fármacos se almacena en la grasa de cuerpo, sus efectos continúan días después de que las personas hayan dejado de tomarlos.
 
Aunque estos medicamentos se prescriben para ayudar a los pacientes a dormir, a veces,  producen el efecto contrario. “Cuando se toman durante un periodo prolongado, pueden interferir con el sueño normal”, asegura Fabiny. Además, para lograr que el paciente duerma toda la noche, se puede tender a aumentar las dosis, lo que provoca que su efecto sea más prolongado.
 
Con esta familia de fármacos es preciso recordar que su utilización se debe ceñir a un corto periodo de tiempo. Porque si se utilizan más, habrá que ocuparse de los síntomas que aparecerán cuando se dejen de tomar.
 
 
 
 

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