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Qué ocurre cuando los pacientes se quedan solos

Pasos para buscar a un buen cuidador de personas con demencia

Mercedes nunca había necesitado ayuda para llevar su casa. Así que la sola idea de contratar a una persona para que le echara una mano con sus rutinas era un tema tabú. Pero un día, Mercedes se quedó encerrada en la despensa de su casa. Afortunadamente, su hija estaba en la cocina y le abrió la puerta en cuanto se percató de la situación. En ese momento, todos estuvieron de acuerdo en que Mercedes ya no podía vivir sola. Y ella, sorprendentemente, no puso muchas objeciones. Una vez tomada la decisión, el siguiente problema era dónde encontrar a esa cuidadora y qué perfil debería de tener.
 
Habían oído que Cáritas ofrecía un servicio para encontrar a personas que ayudaran en las labores domésticas. Pero, al final, descartaron esa opción porque Mercedes tenía demencia. Muchas veces no recordaba en qué día vivía, ni la hora; a veces, ni la rutina que tenía establecida. “Hoy tengo que ir a misa”, repetía con frecuencia. Así que… ¿por dónde deberían  empezar?
 
Según Alzheimer Association, lo primero que hay que hacer es analizar las necesidades que tiene nuestro familiar. En el caso de Mercedes, comprendían las tareas domésticas (limpiar, hacer la compra, cocinar) y estar pendiente de que se tomara el comprimido contra la hipertensión y acompañarla a tomar un café por la tarde, la actividad que más le gustaba junto con ir a misa los domingos. Esas eran sus tareas, pero había un aspecto que no debían olvidar: la enfermedad de Mercedes. Eso significaba que la persona que la cuidara tenía que entender que ella no hacía las mismas preguntas una y otra vez por fastidiar, que cuando se impacientaba, no era por egoísmo… Debía ser una persona que conociera cómo se comportaban las personas con alzhéimer y que también supiera cómo estimularla para que conservara sus capacidades. Y, sobre todo, tenía que ser una persona paciente y cariñosa.  Sofía, la hija de Mercedes, tenía una imagen en su cabeza que le producía escalofríos. La cara que se le quedó a su amiga cuando, paseando con su madre, se le acercó una señora a la que no conocía de nada y le preguntó: “¿Es su madre?” “Sí”, respondió ella orgullosa. “Pues le tengo que decir que otro día iba con la señora que la cuida y ésta no paraba de gritarla”. Su amiga se lo contó descompuesta. Después de aquel suceso, conocieron muchos más… 

Por eso, Sofía, decidió acudir a varias centros residenciales, por si allí le podían recomendar a alguna profesional. Pero no tuvo suerte. Así que se acercó a un hospital donde suelen derivar a los pacientes mayores y estuvo hablando con las enfermeras y otras cuidadoras. Una de ellas tenía excelentes referencias, pero no estaba libre. Sin embargo, esta le dio la referencia de otra, y tras una entrevista la contrató. Sofía organizó un periodo de adaptación de un mes, en el que le explicó su trabajo y observó cómo se entendía con su madre, pero justo el día en que ella tenia que irse, la cuidadora no se presentó: mediante un what’s up supo que le había salido una oferta mejor. En el fondo, sintió un profundo alivio. ¿Qué hubiera pasado si la habría dejado sola a cargo de su madre? ¿Se habría comportado igual?
Esta vez, contactó con la Asociación de Alzheimer local, y allí le enviaron dos candidatas. Una de ellas le gustó mucho porque conocía muy bien la patología. Ya hace varios meses que están juntas y Sofía está muy contenta porque ve que su madre realiza actividades para conservar sus capacidades cognitivas y, sobre todo, la ve contenta. Pero no baja la guardia.
 
De su caso ha aprendido varias lecciones:

1. Además de la experiencia, la formación es muy importante. De nada sirve que una persona haya cuidado a varias personas mayores si nunca lo ha hecho bien. Y en el caso de la demencia, solo una persona que conoce la enfermedad podrá no culpar por sus comportamientos al paciente.
2. Las entrevistas son importantes, pero es muy difícil descubrir cómo es realmente esa persona. Eso sí, si en la entrevista se detecta algo raro, que no te convence, no lo justifiques: mejor busca otro candidato. Una mota de polvo en una entrevista puede ser una gran mancha cuando esté trabajando.
3. Le deben gustar las personas mayores.
4. Referencias. Hable con las personas con las que ha trabajado antes. Incluso si las referencias son buenas, pregúnteles por aspectos concretos que usted considere relevantes, y pida ejemplos que muestren sus comportamientos.
5. Hable con las gente que las ve juntas cuando están solas. Si van a una cafetería pregunte, sin ser directa, con cualquier excusa, sobre cómo es la relación entre ellas. Los camareros o los clientes habituales pueden ser una buena fuente. Recuerde, el momento de la verdad se produce cuando están solas.
 

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