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Leve 6 mayo de 2021

Las principales vacunas para las personas mayores de 60 años

Entre las recomendadas, se encuentran la de la gripe, la que combate el neumococo y la de la tosferina

A medida que envejecemos, el sistema inmunológico se debilita y enfermedades que antes no nos preocupaban, terminan convirtiéndose en un seria amenaza. En este artículo analizamos cuatro vacunas recomendadas por la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología para los adultos mayores. Una buena lectura que podrás compartir con tu médico de cabecera. Él, mejor que nadie, te podrá asesorar.

En una época en que toda la atención se está dirigiendo hacia las vacunas contra la COVID-19, no está demás reclamar un poco de ese interés y orientarlo hacia otras vacunas que también son muy importantes. Especialmente para los adultos mayores (personas de 60 años en adelante).

A medida que envejecemos nuestro sistema inmunológico se va debilitando, lo que se traduce en que nos será más difícil combatir las infecciones. Enfermedades por las que antes no nos preocupábamos, como la gripe, la neumonía, la tosferina o el herpes zoster, pueden convertirse en un problema serio.

Por eso, ahora que estamos más abiertos a los pinchazos no estaría de más hablar con nuestro médico de cabecera sobre si hay alguna vacuna que todavía no nos hemos puesto y que nos deberíamos poner.

La Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (SEGG) recomienda que los adultos mayores de 60 años se pongan la vacuna antigripal, antineumocócica y antidiftérica, antitetánica y anti-tosferina.

 1. Vacuna contra la gripe

La vacuna contra la gripe debería convertirse en una cita anual a la que no se debería faltar. Como el virus cambia cada año, los investigadores intentan predecir cuál será la cepa más común esa temporada y, en función de esos cambios, reformular la vacuna.

La temporada de la gripe comienza generalmente en octubre y termina en marzo. Los expertos recomiendan que se comience con la vacuna a finales de octubre, dado que, después de ponérsela, se necesitan unas dos semanas para que nuestro cuerpo desarrolle los anticuerpos (proteínas que produce nuestro sistema inmunológico para luchar contra los antígenos -proteínas superficiales- de ese virus) necesarios para combatir la gripe.

Por qué se necesita:

En la mayoría de las ocasiones los adultos mayores presentan unos síntomas más intensos en el tracto respiratorio inferior que las personas de otro rango de edad.

Síntomas como tos, dificultad para respirar, respiración jadeante y dolor torácico. No, en cambio, la fiebre que es más común en los pacientes más jóvenes.

En el caso de que la respuesta inmune de estos pacientes no sea la adecuada, debido, entre otros factores, a la edad, esa gripe puede derivar en una neumonía producida o bien por un virus, que puede estar en el aire que respiramos, o por bacterias. Las bacterias son responsables del 75% de las neumonías graves. Entre las bacterias más frecuentes se encuentran: Staphylococcus aureus y Streptococcus pneumoniae.

La neumonía (infección que inflama los sacos aéreos de uno o de los dos pulmones) es una complicación relativamente frecuente en los pacientes mayores que tienen una enfermedad cardiorrespiratoria crónica y en personas con algún tipo de inmunodepresión.

Parece ser que cuando el paciente está recuperándose de los síntomas que le ha producido la gripe, los problemas respiratorios vuelven. Esto es debido a que la infección por el virus de la gripe provoca inmunodepresión, lo que le impide luchar al organismo de forma efectiva frente a las bacterias.

Reacciones adversas

Los reacciones adversas más frecuentes suelen afectar a la zona en que se ha aplicado la inyección, provocando dolor y eritema (enrojecimiento e inflamación de la piel). Aparecen en un 5% de los individuos vacunados y suelen durar de 1 a 2 días. A veces, la persona tiene algo de fiebre, mialgia (dolor muscular) y malestar.

Podría ocurrir que la persona podría enfermar, incluso, si se ha vacunado. Pero si esa situación se produce, la vacuna reducirá la gravedad de la enfermedad.

2. Vacunación frente al neumococo

La neumonía neumocócica y la enfermedad neumocócica invasora suponen un grave problema de salud. Sobre todo, si la persona tiene otros factores de riesgo, como sufrir, además, otra enfermedad o ser mayor. Las tasas más altas de incidencia se dan a partir de los 65 años y, sobre todo, a partir de los 75-80 años.

La enfermedad neumocócica invasora puede producir las formas más graves asociadas a esta infección, como meningitis, artritis y pericarditis, entre otras. Se encuentra entre las diez principales causas de muerte y es la primera que se puede prevenir, en todas las edades, mediante la vacunación.

Alrededor de un 50% de los casos de neumonía son producidos por este microorganismo, y suele ser la complicación más frecuente de la gripe.

La SEGG recomienda que las personas mayores de 65 años, que no tengan ningún otro factor de riesgo, como sufrir otra enfermedad, deberían recibir una dosis de la vacuna antineumocócica conjugada (PCV 13) y, un año después, una dosis de la vacuna antineumocócica polisacárida (PPSV23).

Si el paciente presenta algún factor de riesgo, como sufrir diabetes, una enfermedad cardiovascular o una enfermedad pulmonar crónica, entre otras, debería recibir la primera dosis de la vacuna antineumocócica conjugada (PCV 13) antes de los 65 años y, ocho semanas después, la dosis de la vacuna antineumocócica polisacárida (PPSV23).

3. Vacunación frente a la difteria, tétanos y la tosferina

En España, a partir del 2010, comenzó a aumentar la notificación de casos de tosferina y, en el año 2012, se registró un pico máximo de 7,45 casos por 100.00 habitantes.

La tosferina es una enfermedad producida por una bacteria y resulta muy contagiosa. Provoca una tos violenta e incontrolable que impide que la persona respire.

Las vacunas frente a la tosferina (dTpa), que se comercializan en España, protegen, además, contra el tétanos y la difteria. En el primer año después de vacunarse, la dTpa previene la enfermedad en, aproximadamente, 7 de cada 10 casos.

El tétanos y la difteria también son enfermedades muy graves provocadas por una bacteria. La vacuna Td nos protege frente a estas dos infecciones.

La difteria puede producir una capa gruesa en la parte posterior de la garganta, impidiendo que la persona pueda respirar. También le puede provocar una parálisis, insuficiencia cardiaca e, incluso, la muerte.

La bacteria que provoca el tétanos entra el cuerpo a través de cortes, raspones o heridas. Esta enfermedad produce tensión y rigidez en los músculos. Puede provocar rigidez en los músculos de la cabeza y del cuello, lo que puede impedir que la persona abra la boca, tragar e, incluso, respirar. El tétanos provoca la muerte en cerca de 1 de cada 10 personas infectadas. Incluso, cuando estas personas han recibido la mejor atención médica.

Si solo ha recibido la vacuna dTpa una vez, necesitará la vacuna Td de refuerzo cada diez años. De lo contrario, la protección contra el tétanos y la difteria desaparecerá. Esta vacuna puede administrarse antes de ese plazo si la persona ha sufrido una quemadura o una herida, que se ha ensuciado.

4. Vacuna contra el herpes zóster

Entre el 25-30% de las personas sufrirán un herpes zóster en su vida y, en la mayoría de los casos (75%), se producirá en personas mayores de 50 años.

La varicela y el herpes zóster están causados por el mismo virus, la varicela zóster. Después de que una persona se recupera de la varicela, el virus permanece inactivo durante décadas en el cuerpo, listo para aparecer cuando el sistema inmunológico se debilite bien por estrés, por alguna medicación o por sufrir una enfermedad.

Esta infección provoca unos síntomas iniciales que puede ser debilidad muscular, malestar general, dolor de cabeza, fotosensibilidad y fiebre. A continuación se produce un hormigueo, picor y dolor, que puede ser muy intenso en la zona del nervio afectado, y la aparición de una erupción cutánea.

Tras la primeras 12 a 24 horas aparece un sarpullido cutáneo, una erupción roja, luego aparecen las ampollas dolorosas, que van acompañadas de otros síntomas, como ansiedad, fiebre y malestar general. Posteriormente, estas ampollas se secan y se transforman en costras durante 2-3 semanas.

La complicación más frecuente, que puede ocurrir en el 13-40% de los casos, se produce cuando se sufre la neuralgia posherpética (NPH), que consiste en un dolor que persiste durante más de tres meses después de que ha desaparecido la erupción cutánea. Esta complicación, en un 80% de los casos, se produce en personas mayores de 50 años.

Para prevenir tanto el herpes zóster como sus complicaciones existe una vacuna, Shingrix, que se puede recibir, incluso ,si persona ya ha sufrido previamente esta infección. Su administración requiere dos dosis que se ponen con un intervalo de dos a seis meses.

Referencias:

Recomendaciones de vacunación para adultos y mayores 2018-2019. Sociedad Española de Geriatría y Gerontología. https://www.segg.es/media/descargas/SEGG-VACUNACION-2018-2019.pdf

Vacunación en población adulta. Septiembre 2018. Ministerio de Sanidad, Consumo y Bienestar Social. https://www.mscbs.gob.es/profesionales/saludPublica/prevPromocion/vacunaciones/
programasDeVacunacion/docs/Vacunacion_poblacion_adulta.pdf

Vaccines You’ll Need after 50. AARP (American Association of Retired Persons) https://www.aarp.org/health/conditions-treatments/info-2018/every-vaccine-needed-after-age-50.html

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2 Comentarios

  • Soy diabética tipo 2. Las vacunas de la gripe todos los años; la del neumococo la puse, pero hace tiempo; las demás no sé dónde puedo ir a informarme.

    • Querida Lourdes muchas gracias por seguirnos. En cuanto a tu consulta, te recomendamos que te pongas en contacto con tu médico de Atención Primaria. Él será quien mejor te podrá asesorar. Un cordial saludo

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