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Primeros signos para diagnosticar el alzhéimer

Cómo afecta esta enfermedad al cerebro

Qué angustia se debe sentir cuando un lugar, que conoces de toda la vida, se convierte en algo extraño, y te das cuenta de ello. Ese terror se podía leer en el rostro de la actriz Julianne Moore cuando interpretaba a la protagonista de Still Alice (Siempre Alice). En una de las primeras escenas de la película, la protagonista, Alice Howland, sale a correr por el campus de la universidad en la que trabaja. Pero, en un momento, se para. Su cara refleja un miedo interno que casi le impide respirar. No sabe dónde está. ¿Cómo es posible que no lo sepa? Descubrir que eres capaz de perderte en tu propia ciudad o, más aún, en tu propio barrio, es un dato aterrador, y una señal clara de que algo no funciona bien en tu cerebro.
 
Un estudio realizado por la Universidad de Edimburgo, the Prevent project, ha intentado detectar síntomas de la enfermedad de Alzhéimer en personas relativamente jóvenes. Un reto difícil porque la enfermedad no muestra signos hasta que los pacientes no tienen 60 años. Para cuando tienen esa edad, su cerebro está profundamente dañado.
 
“Aunque el alzhéimer está considerado como una enfermedad que afecta a la memoria, después de los datos preliminares obtenidos en este trabajo, pensamos que los problemas que tienen las personas –al menos, al principio– no están relacionados con un deterioro de la memoria, sino con una dificultad a la hora de visualizar objetos e, incluso, a sí mismos”, precisa Karen Ritchie, una de las investigadoras.
 
“Los pacientes –continúa– pierden su habilidad para orientarse”. 
 
El estudio, financiado por Alzheimer´s Society, contó para su investigación con dos grupos de pacientes. El primero estaba formado por personas de 41 a 59 años, que tenían familiares muy próximos que habían sufrido alzhéimer y que estaban considerados como de alto riesgo. En el segundo, las personas que lo integraban no habían tenido relación con el alzhéimer.
 
Los resultados del test, que medía la habilidad para visualizar la ubicación, fueron peores en el grupo de individuos de alto riesgo. Ellos, además, presentaban un hipocampo más pequeño, una región del cerebro relacionada con la orientación espacial.
 
Ese fue el caso de la madre de Cate Latto, una de las voluntarias que formó parte del estudio. “Mi madre desarrolló la enfermedad al final de su vida, pero, incluso, cuando ella era relativamente joven, no podía recordar dónde ponía las llaves de su coche o dónde lo había dejado aparcado. Cuando éramos niños nos pasábamos la vida tratando de encontrar dónde estaba el coche”.
 
Otra forma de detectar precozmente el alzhéimer podría ser a través del olfato. Un estudio, llevado a cabo por el Hospital General de Massachusetts, en Boston, en el que participaron 183 personas mayores, de las cuales diez tenían la enfermedad de Alzheimer, evaluó su capacidad para recordar y reconocer olores. Los participantes que tenían un sentido del olfato reducido parecían tener un mayor riesgo de sufrir esta enfermedad. Las personas incluidas en el estudio también se sometieron a evaluaciones genéticas, de imagen y de memoria.

La causa puede encontrarse en que los circuitos cerebrales que procesan los olores pueden verse afectados por el alzhéimer. Estudios anteriores muestran que las personas con este tipo de demencia tienen una capacidad reducida para identificar los olores.
 
¿Pero qué es la enfermedad de Alzheimer?

 
Es la forma más común de demencia. Además de los problemas comentados anteriormente, provoca alteraciones en la memoria, el pensamiento y el comportamiento. Los síntomas se desarrollan lentamente y empeoran con el tiempo. Finalmente, impide que la persona pueda desarrollar las tareas diarias. El signo más común es la dificultad para recordar la información aprendida recientemente porque la enfermedad empieza a hacerse evidente cuando ataca a la parte del cerebro responsable del aprendizaje. A medida que avanza, los síntomas cada vez son más graves. Los pacientes se desorientan, sufren cambios de ánimo y de comportamiento. No recuerdan el día ni la hora ni el mes ni el año en el que viven. Comienzan a sospechar de la familia, los amigos y los cuidadores. En la última fase tienen dificultad para tragar, hablar y caminar. Pierden la capacidad de mantener una conversación y de responder.
 
El alzhéimer no es una fase normal del envejecimiento, aunque el mayor factor de riesgo es la edad. De hecho, la mayoría de las personas que tienen esta enfermedad tienen más de 65 años. Sin embargo, hacerse mayor no implica sufrir alzhéimer. Al igual que ocurre con el resto del cuerpo, el cerebro cambia a medida que envejecemos. Puede ocurrir que pensemos con más lentitud, pero eso no implica que suframos alzhéimer.
 
 
El alzhéimer y el cerebro
 
El cerebro tiene más de 100.000 millones de neuronas. Cada una de ellas se conecta con muchas otras para crear una red de comunicación. Los distintos grupos de neuronas tienen trabajos específicos. Algunas están involucradas en el proceso de pensar, otras en el aprendizaje, otras se encargan de recordar. Otras nos ayudan a ver, oír y oler.
 
Según Alzhéimer Association, las células del cerebro trabajan como si fuera pequeñas fábricas. Reciben suministros, generan energía, construyen equipos y se deshacen de los residuos. Las células también procesan, almacenan información y se comunican entre ellas. Para que todo esto funcione se necesita coordinación y grandes cantidades de energía y oxígeno. Los científicos creen que el alzhéimer impide que estas pequeñas fábricas funcionen bien. No están seguros de cómo empieza, aunque, como en una fábrica, los fallos en un sistema causan problemas en otras áreas. A medida que el daño se extiende, las células pierden su capacidad para hacer bien su trabajo y, finalmente, mueren, causando daños irremediables en el cerebro.
 
Las primeras sospechosas de dañar y matar a las neuronas son dos estructuras anormales: las placas anómalas de beta-amiloide y los ovillos neurofibrilares.
 
Las placas son depósitos de fragmentos de una proteína llamada beta-amiloide, que se acumula en los espacios que hay entre las neuronas. Los ovillos son fibras retorcidas de otra proteína denominada tau, que se depositan en el interior de las neuronas.
 
Según las autopsias, a medida que las personas envejecen, la mayoría desarrollan estas placas y ovillos. Los científicos todavía no saben qué papel juegan estas estructuras en el alzhéimer. Creen que son responsables de bloquear la comunicación entre las neuronas y de interrumpir procesos que les son necesarios para sobrevivir.
 
La muerte de las neuronas es lo que causa los fallos de memoria, los cambios de personalidad, los problemas para llevar a cabo las actividades de la vida diaria y otros síntomas del alzhéimer.
 

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