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¿Para qué sirve la estimulación cognitiva?

Este conjunto de técnicas permite activar y trabajar las funciones mentales tanto de la persona con deterioro cognitivo como de la que tiene un envejecimiento sano

La estimulación cognitiva sirve para activar y trabajar todas las funciones mentales de una persona que tenga deterioro cognitivo, pero también es muy útil para la que se encuentra bien. La que presenta un deterioro patológico logrará que su enfermedad evolucione más lentamente y la que está sana potenciará sus funciones mentales. Porque el cerebro, como el resto del cuerpo, necesita ejercitarse, y no sólo eso, necesita ser escuchado y valorado. Algo en lo que Elena Martínez Fernández, neuropsicóloga del servicio a domicilio de Sanitas, bluaU Senior, es experta. No solo eso, es capaz de leer en los ojos de esa persona y darle el cariño que a ella le gustaría recibir.

Estimulación cognitiva: conceptos generales

-¿Qué es la estimulación cognitiva?

La estimulación cognitiva es un conjunto de técnicas y estrategias para activar y trabajar todas las funciones mentales de una persona. Las funciones mentales son: memoria, lenguaje, funciones ejecutivas -nos permiten razonar, planificar, valorar lo que pasa a nuestro alrededor y responder ante los cambios- gnosias -capacidad para identificar y reconocer los estímulos; gracias a ellas reconocemos la información que previamente hemos aprendido. Por ejemplo, cuando vemos un radiador sabemos que es un radiador- y praxias –movimientos organizados para poder alcanzar un objetivo, como ser capaces de realizar un dibujo o una construcción-.

-¿Para qué sirve la estimulación cognitiva y qué efectos tiene en los adultos mayores?

Estar estimulados cognitivamente nos ayuda a mantener y potenciar las funciones mentales que he mencionado anteriormente. Esto favorecerá que se cuente con una mayor reserva cognitiva, es decir, tendremos un almacén para combatir en un futuro el envejecimiento. Sus efectos son positivos, tanto en personas con deterioro como sin deterioro. En el caso de personas sin deterioro sirve para mejorar el rendimiento cognitivo y aumentar la autoestima. Y en pacientes con deterioro, en los que el objetivo es mantener las capacidades mentales preservadas, evitará la desconexión con el entorno, potenciará la socialización y favorecerá su autonomía.

-¿En qué tipo de personas y a partir de qué edad recomiendas que se haga estimulación cognitiva?

Sería interesante empezar a hacerlo a partir de la edad de jubilación porque cuando dejas de trabajar, pierdes la rutina, dejas de hacer el esfuerzo mental que hacías todos los días. En personas sin deterioro, recomendaría, por ejemplo, apuntarse a un taller.

En el caso de personas con deterioro, además de recibir tratamiento farmacológico, sería conveniente que tuvieran terapias no farmacológicas. Hacer ejercicios de estimulación cognitiva, musicoterapia, reminiscencia, terapias de orientación a la realidad. Proporcionarles pautas de conducta para manejar los trastornos de comportamiento.

Los resultados de todas estas intervenciones evidencian una mejora del estado mental general en personas con un envejecimiento normal. En pacientes con un envejecimiento patológico se produce una ralentización de la progresión de la enfermedad. Y en ambos colectivos mejora la calidad de vida autopercibida.

Estimulación cognitiva: mi experiencia

-En tu experiencia ¿qué efectos has observado en las personas con deterioro cognitivo?

Cuando empiezo a trabajar con una persona con deterioro, en seguida, mejora un poquito las capacidades que tiene preservadas. Se activan y noto resultados. Las que ha perdido, ésas no mejoran. Y la progresión de la enfermedad es más lenta. Tengo personas con las que llevo trabajando cuatro años y aunque vayan perdiendo ciertas capacidades, mantienen otras en las que se nota que hay un trabajo de fondo. Pero hay ser constante. De nada sirve hacer un día mucho y luego el resto de la semana nada.

-Cuando dices que hay que ser constante ¿qué quieres decir exactamente?

En personas sin deterioro que quieran hacer estimulación cognitiva, yo creo que con que hagan una o dos sesiones de estimulación cognitiva o tengan clases de memoria una vez a la semana está bien. Y en personas con deterioro, recomiendo de tres a cinco sesiones semanales. Una persona que tenga un deterioro cognitivo de grado leve, lo mejor sería es que tuviera dos o tres sesiones por semana. Para una persona con mayor deterioro, sería conveniente de lunes a viernes, por ejemplo. Todo depende de la persona y habría que valorarlo de forma individual.

-¿Qué tipo de terapias de estimulación cognitiva han tenido efectos más beneficiosos en adultos mayores y en personas con demencia?

La terapia de estimulación cognitiva consiste en hacer ejercicios, tareas en las que se trabajan las funciones mentales. A estas tareas se añaden técnicas, como la reminiscencia, que se dirige a mantener el pasado y la identidad de la persona, o las terapias de orientación a la realidad, que ayudan al paciente a orientarse a nivel personal, temporal y espacial. También están la musicoterapia y la arteterapia. Y se pueden utilizar las técnicas de relajación y de reestructuración ambiental.

-¿Podrías explicarnos en qué consisten las técnicas de reestructuración ambiental?

Por ejemplo, en una persona con demencia consiste en hacerle más fácil el entorno. Se trata de introducir cambios en todos aquellos aspectos que a esa persona le provocan ansiedad y le producen, por tanto, problemas de conducta. Por ejemplo, que haya menos estimulación para reducirle el estrés. Sin embargo, si esa persona no tiene estrés, no hay cambiar nada. O, por ejemplo, una persona que se obsesiona con el café y quiere tomarlo a todas horas, y hemos observado que en el salón hay una cafetera eléctrica. Entonces, comunicamos a la familia que quite la cafetera eléctrica para que deje ser un estímulo visual que fomenta esa idea obsesiva. Se trata de hacer todos los cambios posibles para reducir el estrés y que la convivencia mejore.

-¿Qué situaciones son las que suelen producir más estrés o problemas de conducta?

Por ejemplo, las llaves de la casa o del coche. Cuando ven las llaves, a veces, tienen el impulso de querer salir. La comida. Muchas personas con demencia se obsesionan con comer. Por eso, es mejor no tener comida a la vista o guardarla en los armarios más altos. También hay que esconder la medicación o los productos de limpieza. Todo lo que pueda poner en peligro al paciente hay cambiarlo.

Estimulación cognitiva: relación con el paciente y el cuidador

 -¿Por qué este tipo de terapias las tiene que impartir un profesional?

Porque, desde el inicio, se debe determinar la existencia o no de deterioro cognitivo. Luego, su gravedad y el impacto que puede ocasionar a nivel funcional, es decir, cómo afecta ese deterioro al día a día. Esto implica una evaluación previa en la que se determinan las áreas cognitivas alteradas y preservadas. Después hay que diseñar un plan de intervención con sus objetivos a corto, a medio y a largo plazo. Hay que seleccionar los ejercicios que se van a abordar en las sesiones y, más adelante, hay que hacer revaluaciones cognitivas para hacer un seguimiento de la evolución del deterioro. El plan debe ser flexible, adaptándonos siempre al paciente y a sus cambios. El diseño del programa de estimulación debe hacerlo una persona experta en la materia. En este caso, un neuropsicólogo que, debido a sus conocimientos, pueda afinar a la hora averiguar qué tipo de deterioro tiene la persona y qué áreas están más afectadas.

-Cuando comienzas con un paciente ¿qué es lo primero que te propones?

Lo primero que me planteo es crear un clima de calidez y de bienestar para el paciente. Un ambiente donde se sienta seguro para hablar sobre lo que le apetezca y realizar las tareas de manera tranquila y sin temor a hacerlo bien o mal o a sentirse juzgado. Conseguir esto es muy importante en los pacientes que atiendo en el domicilio porque se suelen mostrar más reticentes a realizar la terapia. Ya sea por su personalidad o por sus síntomas emocionales o conductuales. Este clima de confianza se obtiene, por ejemplo, conociendo desde el principio su historia de vida, haciendo una escucha activa, reforzando sus logros en las actividades y obviando un poco los fallos que pueda tener. Me apoyo en los puntos fuertes que tenga a nivel cognitivo, en sus gustos, y tengo en cuenta su nivel cultural y sus peculiaridades. Hay que adaptar el programa a cada persona.

-Muchas personas mayores no quieren recibir terapia ¿cómo consigues ganarte su confianza?

Hay personas que me dicen: ‘no sé por qué estás aquí’. Entonces, les comienzo a hablar de mí y, al final, hay algo que les acaba enganchando. Los familiares, también, son de gran ayuda. Te dicen lo que le suele gustar a la persona para puedas establecer un tema de conversación. Y así empiezo a desarrollar un tema.

-Tu trabajo, además de estimular cognitivamente, tiene un efecto positivo en la psicología de las personas que lo reciben.

En personas sin deterioro cognitivo se ha visto que mejora el funcionamiento cognitivo. Y al sentirse más seguras al ejecutar las tareas, aumenta su autoestima.

Con las personas con deterioro cognitivo, el objetivo es reducir el impacto de la enfermedad. Pero también intento mejorar el ambiente familiar explicando cómo proceder frente a las conductas disruptivas. Porque si se mejora el contexto, puede que también mejore el estado de ánimo del paciente, la empatía y la agresividad. Si mediante unas pautas se reducen los conflictos, es posible que el paciente también necesite consumir menos psicofármacos.

-Y al cuidador ¿cómo le puedes ayudar?

Dándole las pautas necesarias para poder reducir todas estas conductas disruptivas o alteraciones de comportamiento. Lo bueno de acudir al domicilio es que tú puedes enseñarles cómo lo haces. Por ejemplo, ante diferentes relatos de tipo obsesivo que, a veces, incluso son ilógicos, hay que escuchar a los pacientes para poder calmarlos, pero, de forma progresiva, hay que ir desviando su atención hacia otro tema de conversación interesante para él. La idea es no fijar más aquellas ideas perseverantes, es decir, que se repiten, incluso a veces de forma continua. Algunas ideas que suelen salir frecuentemente son: pensar que su propio domicilio no es su casa, quejas hacia sus cuidadoras, querer salir a la calle o conducir, preguntar por un familiar, por la hora o más concretamente por la hora de comer, etc.

Estos pacientes, además de sufrir alteraciones de memoria, tienen ideas fijas. Porque las funciones ejecutivas, que les permiten ser flexibles, es decir, cambiar de un tema a otro, las tienen alteradas, y no pueden cambiar. Por eso, la táctica es prevenir. Prevenir y distraer.

-Pero ¿cómo se pueden prevenir estos comportamientos?

Cuando vas conociendo a la persona, ya sabes cuándo van a empezar a tener un problema de conducta. Antes de que comience, hay señales. Por su forma de mirar o porque le cambia la cara o porque sabes que cuando te habla siempre de una cosa va a derivar en un problema. A partir de ese momento, ya cambias de tema.

-¿Qué tipo de pacientes solicita estimulación cognitiva en el domicilio?

Todos los que tengan algún deterioro motor. Personas que a lo mejor tengan dificultades de desplazamiento o no tengan ascensor. Por ejemplo, tengo un señor que ahora mismo su movilidad no es buena y vive en un cuarto piso sin ascensor. Entonces, nosotros vamos a verle. Personas que son muy apáticas o que no quieren estar en un grupo. Suele ocurrir más hombres.

-¿Qué conceptos erróneos te sueles encontrar en tu trabajo?

Por un lado, muchas personas, que no presentan deterioro cognitivo, rechazan la estimulación cognitiva, a pesar de que es una medida protectora frente al envejecimiento. Muchos creen que no necesitan hacer nada, ningún esfuerzo mental ni tan siquiera leer. Me suelen decir: “yo para qué, si estoy bien”.

Y, por otro lado, también es frecuente que los familiares de personas con deterioro cognitivo normalizan la situación en que se encuentran sus seres queridos. Muchas personas, cuando observan que su familiar no recuerda, por ejemplo, lo que acaba de comer o no sabe en qué día está, dicen: “es normal, tiene 80 años”. Sin embargo, no es normal, el envejecimiento en sí no tiene que conllevar obligatoriamente fallos de memoria patológicos.

Si estas personas recibieran estimulación cognitiva, la evolución de su deterioro sería más lenta.

Qué me aporta mi trabajo

-¿Cómo te hace sentir tu trabajo?

Intento sacar lo mejor de cada persona en cada caso. No solo me centro en realizar las tareas cognitivas, también charlo mucho con ellos. Los animo a que me hablen de su historia de vida. Los escucho y doy valor a todo lo que me cuentan. Les hago sentirse valorados y a gusto en las sesiones. Eso es lo yo me llevo en cada sesión, y eso me produce una gran satisfacción. Cuando se establece esa conexión y ellos se encuentran felices, yo también me siento muy feliz.

-¿Hay algo que te ha enseñado tu trabajo con lo que no contabas?

Sí. Como tratemos ahora a nuestros mayores es como nos tratarán a nosotros el día de mañana. Parece una frase hecha, pero es una realidad. A veces, actuamos como si nunca fuéramos a llegar a esa edad, les tratamos como si fueran diferentes. Tenemos que impulsar la tendencia de mejorar su trato porque es bueno para ellos y también para nosotros, dado que en un futuro vamos a pasar por ahí. Si nos esforzamos por valorar a las personas de mayor edad y aceptar el envejecimiento sin prejuicios, luego ese modo de tratarlos también nos beneficiará a nosotros.

Tenemos que abrir la mente y darnos cuenta que, simplemente, es una fase más de la vida.

-Entonces ¿cuándo estás con una persona mayor te estás viéndote a ti misma?

Sí, sí. Lo tengo muy presente. Me veo reflejada en ellos y pienso en cómo me gustaría que fuese ese periodo de mi vida… También reflexiono en qué puedo hacer ahora. Por ejemplo, llevar hábitos saludables que me ayudarán más adelante.

Lo más importante es tratarlos como a iguales. Dar valor a lo que te cuentan, escucharlos, que sientan el cariño. Así es como me gustaría que me trataran a mí.

Fecha de publicación: 25 enero 2024

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