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No entiendo a mamá ¿qué puedo hacer?

Cómo comunicarse con una persona con demencia

Laura recuerda muchas veces que una vez, mientras acostaba a su madre, ella le habló. Como ya no podía entender lo que le decía, Laura respondió “no” con el mejor tono que pudo para que su madre se quedara tranquila, como si la hubiera entendido. Entonces su madre le contestó con claridad: ¿por qué? Laura no supo qué decir.
 
Comunicarse con una persona con demencia es una tarea difícil, que se va complicando más y más, a medida que la enfermedad progresa. Las personas con demencia tienen problemas para encontrar las palabras u olvidan lo que quieren decir. Mientras que los cuidadores se vuelven impacientes. A veces, por la ansiedad que genera no querer aceptar que sus seres queridos no son los que eran. Una situación que les produce mucho dolor.
 
El primer paso para poder aceptar la enfermedad de tus padres es entender qué les pasa y, para eso, lo mejor es ponerse en su piel.
 
-Qué sentimos nosotros cada vez que queremos decir algo y no encontramos la palabra adecuada. O cuando estamos en medio de una conversación, la gente nos está mirando y, de repente, nos damos cuenta que hemos perdido el hilo. Imaginemos que, además, nos rodean extraños. Muchas personas con demencia olvidan las palabras y lo que iban a decir, y cuando llegan a la fase avanzada, sus seres queridos se convierten en extraños a los que no reconocen.
 
-Cuando nos hablan usando palabras que no entendemos, que proceden, por ejemplo, de otro idioma ¿no nos ponemos nerviosos? ¿No nos agobiamos? Nuestros seres queridos, a veces, no entienden el significado de las palabras que empleamos.
 
-Imaginemos, por ejemplo, una conversación larga sobre cómo funciona el aparato del aire acondicionado. Seguro que nos costaría mantener la atención. Pues a nuestros familiares con demencia les cuesta prestar atención cuando las conversaciones duran mucho.
 
-Cuando nos compramos un nuevo dispositivo electrónico, se convierte en una tarea frustrante recordar todos los pasos que hay seguir para utilizar sus funciones. Nuestros padres experimentan una frustración mayor cuando tienen que pagar las facturas, cocinar o vestirse, y no recuerdan cómo lo hacían.
 
-Volvamos a la situación en la que alguien nos habla usando palabras en un idioma que no entendemos y, además, está puesta la televisión o la radio ¿no nos podríamos nerviosos porque no conseguimos entender lo que nos dice? Para facilitar la comunicación con las personas con demencia es conveniente eliminar el ruido de fondo producido por la radio o la televisión porque así se pueden concentrar mejor en lo que les estamos diciendo.
 
-Sin embargo, cuando esa persona, a la que no terminamos de entender, se dirige hacia nosotros con cariño, nos acaricia y su tono de voz es agradable, entonces nos tranquilizamos y entendemos mucho más de lo que creíamos. A las personas con demencia, según The Alzheimer’s Disease Education and Referral Center (El Centro de referencia y de educación para la enfermedad de Alzheimer) les ocurre lo mismo.
 
Una vez que nos hemos calzado sus zapatos, el siguiente paso es facilitarles la comunicación. Por eso, el primer mandamiento es no olvidarnos de la persona, evitar siempre pensar solo en la enfermedad. Tu padre o tu madre siguen siendo ellos. Siguen estando ahí.
 
Algunos consejos:
-Debemos buscar lugares tranquilos, sin ruidos, con una luz agradable. Sitios en los que nuestro padre o nuestra madre se sienta seguro, que le resulte familiar: su casa, su habitación. Es mejor que la comunicación se produzca sin que haya terceras personas, sin prisas. Dedicándole todo nuestro tiempo.
 
-Antes de empezar a hablar nos tenemos que identificar para que nos reconozca. Debemos llamarle por su nombre, utilizar mensajes sencillos, pero no debemos tratarle de una forma infantil porque sería una falta de respeto.
 
-Aunque cuando hable con nosotros no le entendamos, debemos mirarle a los ojos y escucharle con atención, intentando averiguar qué nos quiere decir. Cuando nos comunicamos, no solo empleamos las palabras, también utilizamos nuestro cuerpo. Si él siente que es importante para nosotros, que tiene nuestro afecto, se tranquilizará.
 
-Acariciarle las manos, las mejillas, un beso, un abrazo, una palmadita en la espalda son gestos que nuestro ser querido agradecerá. En un mundo que se ha vuelto extraño, en el que no reconoces las palabras, los lugares ni a las personas que has querido, necesitas sentir cariño, aunque no sepas quién te lo da.
 
-Hay que observar cómo se relaciona con los niños y con los animales de compañía.  Ambos pueden ser un gran estímulo o una fuente de conflicto.
 
-Podemos utilizar la música, el baile o la religión. Por ejemplo, ir a misa o rezar juntos.
 
-Debemos esforzarnos para que se comunique con nosotros. Que no solo seamos nosotros los que hablemos.
 
-No debemos interrogarle ni engañarle. Hay que tratar de facilitarle los recuerdos que sabemos que le son agradables.
 
-Si la comunicación genera problemas, intenta distraerle con otra actividad.
 
-Da igual en que fase se encuentre la enfermedad, hay que seguir intentar comunicarse con él.
 
Las caricias son la mejor forma de hacerle sentir lo importante que es para nosotros.
 
Debemos tener en cuenta:
-Que nuestros seres queridos ya no ven ni oyen igual. Lo que dificulta la comunicación.

-Debemos estar atentos por si sufren dolor, fiebre, infección de orina, tienen sueño o hambre.

-Involucrarles en la toma de decisiones. Ellos lo agradecerán.

-Ante los cambios de humor, debemos ser pacientes y recordar que “es la enfermedad la que habla”

-Hay que darles las indicaciones, paso a paso, y tiempo para que respondan. No debemos interrumpirles.
 
Algunas frases:
La clave es ser directo, concreto y positivo.
 
-En vez de señalar los errores con “no hagas esto”, es mejor emplear: “Qué te parece si lo hacemos así” o “por favor, podrías hacerlo así”.
 
-Incluso si el resultado no es perfecto, debemos decir “gracias por tu ayuda”.
 
-Las preguntas se deben plantear para que se respondan con un “sí” o un “no” o con una sola palabra. En vez de decir “¿cómo te sientes?”, debemos preguntar “¿estás cansado?” “¿Qué prefieres comer: pollo o pescado?
 
-Si no responde, usa otras palabras para decir lo mismo. Si le preguntas si tiene hambre y no
contesta, prueba con: “La cena está lista: vamos a comer”.
-Intenta no decir: ¿No te acuerdas? o “Ya te lo he dicho”
 
-Y si hay momentos en los que la ansiedad se apodera de ti, practica ejercicios de respiración profunda o para unos minutos y tómate un descanso. Luego, inténtalo otra vez.
 
Laura no supo contestar a su madre, pero sí se le ocurrió qué hacer: acariciarla lentamente hasta que se quedó dormida.
 
 

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