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Beneficios del ejercicio físico para personas con demencia

Cuando una persona con demencia no es capaz de reconocer a sus familiares o el camino que le conduce a su propia casa ¿tiene sentido que se someta a una terapia de rehabilitación física? En realidad lo que esta pregunta está insinuando es que como nuestra madre ya no recuerda quienes son sus hijos o el camino para llegar a su propia casa, no debería hacer ejercicio para fortalecer sus piernas y ser capaz de levantarse o acostarse por sí misma durante el mayor tiempo posible. Dicho así, la respuesta es obvia. Todo el mundo está de acuerdo en que las personas con demencia deberían hacer ejercicio. Sin embargo, esta pregunta es muy común.
 
AgingCare.com analiza los beneficios que tiene para una persona con demencia realizar ejercicios de rehabilitación. El objetivo de este tipo de tabla es mejorar el equilibrio, la fortaleza muscular, la movilidad, reducir las caídas y contribuir a un adecuado manejo del dolor. Las personas con alzhéimer u otro tipo de demencia tienen un gran riesgo de sufrir caídas porque sufren problemas de movilidad debido a su modo de andar, a su falta de equilibrio y al deterioro cognitivo. Pero una persona no necesita recordar por qué está haciendo un ejercicio para obtener sus beneficios. Solo tiene que repetir lo que ve. En realidad, estos ejercicios permitirán que nuestro ser querido pueda sentarse y levantarse de la silla por sí mismo, acostarse o ir al lavabo sin pedir ayuda durante el mayor tiempo posible. Y, sobre todo, evitar la caídas.

Entre los estadounidenses mayores de 65 años, las lesiones provocadas por una caída son las principal causa de muerte accidental. Según las OMS (Organización Mundial de la Salud) una de cada tres personas mayores de 65 años sufre una caída cada año. Un estudio realizado en Francia, publicado el año pasado en el British Medical Journal, demostró que las mujeres mayores que participaron en un programa de ejercicios, durante dos años, para mejorar su equilibrio redujeron su riesgo de lesionarse tras su sufrir una caída en un 20%. Las mujeres que completaron el programa, cuyas edades superaban los 75 años, también mejoraron su forma de caminar y su equilibrio frente a las otras participantes que no hicieron los ejercicios.  Además, mejoró la confianza en sí mismas, su funcionalidad y su calidad de vida.  En el estudio participaron 706 mujeres, cuya edad oscilaba entre los 75 y los 85 años. Estas personas, que vivían en sus propias casas, habían observado como aumentaban sus problemas de equilibrio y como empeoraba su habilidad para caminar. Las participantes fueron divididas en dos grupos de 350 mujeres cada uno. Al grupo control, es decir, el grupo frente al que se compararán los resultados, se le ofreció información sobre cómo mejorar la densidad ósea y prevenir las caídas. Este grupo experimento 397 caídas, mientras que las mujeres que participaron en el programa de ejercicios sufrió 305 caídas.
 
Los beneficios del ejercicio físico no solo son físicos, también pueden proteger el cerebro de una persona mayor frente a ciertos efectos del envejecimiento. Otro estudio publicado en el British Medical Journal encontró que el ejercicio aeróbico puede aumentar el tamaño del hipocampo –área del cerebro responsable de la consolidación del aprendizaje y de la memoria- en mujeres de 70 años.
 
Pero ¿qué recomendaciones debería sugerir el cuidador a su ser querido?
 
-Constancia.
¿Con qué frecuencia una persona mayor debería hacer ejercicio? Lo ideal sería una vez al día. Unos 20-30 minutos dedicados a un ejercicio vascular (caminar, nadar; siempre que sea posible) seguido de una serie ejercicios para mover los brazos, las piernas, la cabeza y el tronco. Se deberían practicar, por lo menos, cuatro veces a la semana.
 
-Trabajar las piernas.
Todas las partes del cuerpo son importantes, pero tener unas piernas fuertes es clave para mantener la movilidad y evitar las caídas. “Tan pronto como se pierde la fuerza en las piernas, se comienza a envejecer rápidamente”, afirma Joseph Pitrone, experto en bienestar.
Para mantener estas extremidades en forma, puede bastar algo tan simple como levantarse y sentarse de una silla.
 
-Mantener el equilibrio.
Para ejercitarlo, puede empezar levantando un pie mientras el otro permanece firme. Para no perder el equilibrio puede sujetarse a una silla o apoyarse en la pared. Después de unos segundos, puede repetir el ejercicio usando el otro pie.
 
-Luchar contra la desgana.
Dependiendo del estado de ánimo, puede haber días que su ser querido no quiera caminar alrededor de la casa ni practicar la rutina de ejercicios. Cuando esto suceda, puede probar a hacer los ejercicios con él, a animarle y recordarle los progresos que ha hecho y a pedirle menos repeticiones. Si se puede, es conveniente contratar a un experto que paute los ejercicios que requiere su ser querido. Además, así se verá más obligado a la hora de hacerlos.
 
 

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