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Moderada 3 enero de 2019

Medidas para facilitar que una persona con demencia se adapte a una residencia

Que la persona conozca el lugar previamente es el primer paso para reducir el estrés asociado a un traslado

Trasladarse a vivir a un lugar nuevo no suele ser fácil para nadie. Pero esta tarea se complica cuando la persona tiene demencia. Sin embargo, si se toman una serie de medidas previas, esa ansiedad se puede reducir y el proceso para adaptarse a vivir en un centro residencial resultará mucho más fácil, tanto para el paciente como para el familiar. Una experiencia por la que pasaron Beatriz, sus dos hermanas y su madre.

La madre de Beatriz, tras sufrir un ictus, estuvo varios meses ingresada en un hospital de cuidados paliativos. Tras este episodio, la demencia que sufría, que había ido avanzando lentamente, se agudizó. Ya no podía andar por sí misma, cada vez hablaba menos y, a veces, no reconocía a sus propias hijas. Pero había algo que sí mantenía: sus ganas por salir a la calle. Esta situación hacía inviable regresar a su casa. Un segundo piso sin ascensor la privaría de su máximo aliciente. Así que Beatriz y sus hermanas comenzaron a visitar residencias. Una de las decisiones más dolorosas a las que se han enfrentado. El sentimiento de culpabilidad las acompañaba en todo momento. Ese dolor todavía se hacía más intenso cuando su madre, durante los momentos de lucidez que a veces tenía, preguntaba por su casa.

Cuando por fin llegó el día en que se produciría el ingreso, Beatriz pidió ayuda a sus hermanas porque sabía que ella no podría hacerlo sola. Eso era lo que sentían ellas, las cuidadoras, pero, y su madre, qué pensaría.

Según Tracy Greene Mintz, una experta en el síndrome de estrés por traslado, un trastorno que puede sufrir cualquier persona que se muda de un entorno a otro, el riesgo es mayor entre las personas con demencia porque muchas de ellas no pueden participar en la toma de decisiones y tienen dificultades para asimilar la información nueva.

La persona con demencia que debe trasladarse puede reaccionar a esta experiencia con desconcierto, en el mejor de los casos, o de forma traumática, en el peor. Sin embargo, este estrés puede reducirse si antes se toman una serie de medidas.

Es un hecho que lo desconocido provoca miedo y ansiedad, sensaciones que pueden permanecer hasta que la persona se familiariza con el entorno y establece nuevas relaciones con las personas que están en ese lugar. Por eso, Greene Mintz aconseja involucrar al máximo a los pacientes y establecer una comunicación fluida entre todos para facilitar la adaptación.

También es muy importante la elección del sitio. Para Kim Warchol, presidente de Dementia Care Specialists, los centros residenciales que no proporcionan una atención centrada en la persona, y que tratan a los residentes como enfermos, tendrán más casos de trauma por traslado. Las instituciones que no conocen los hábitos, las preferencias o las rutinas de los residentes que viven allí, contarán con más personas a las que les costará adaptarse porque les empujan a vivir en un mundo en el que han perdido el control y su autonomía, lo que les provoca una gran impotencia.

Para Greene Mintz, es muy importante que las personas que trabajan en un centro residencial animen a los nuevos residentes a que les comuniquen lo que quieren y lo que no quieren. En caso de que esto no fuera posible, el familiar puede ser una buena opción para obtener esta información.

Una buena medida previa al traslado es permitir a la persona visitar la instalación antes de mudarse, invitándole a asistir a las comidas o participando en actividades, como parte de un programa de cuidado diurno. Algunos centros ofrecen servicios para que el cuidador descanse. Esa puede ser una buena manera de ayudar a la persona a familiarizarse con el personal, los otros residentes y el entorno, antes de mudarse.

“Los problemas de adaptación son menos frecuentes y menos graves cuando a las personas les gusta el lugar en el que viven y se les proporciona la sensación de que siguen siendo los que siempre han sido”, asegura Warchol.

Este experto afirma que ésta es una responsabilidad de todo el equipo. “Las familias, generalmente, responden bien al saber qué pueden esperar, cuando comprueban que cuentan con un equipo con experiencia y habilidad, capaz de atender las necesidades especiales de las personas con demencia”, afirma.

Medidas útiles para que una persona con demencia se adapte a una residencia

El artículo Prevenga el trauma por trasladar a los ancianos: consejos para aliviar el estrés de reubicación, publicado en la revista Social Work Today, proporciona las siguientes recomendaciones:

-Dar la bienvenida al nuevo residente y a su familia. Todo el equipo debe dedicar tiempo a conocer la historia de vida de la nueva persona que se ha trasladado y a elaborar un proceso para incluir esa historia de vida y sus rutinas diarias y preferencias en su día a día. Cuanto más se conozca a la persona, más fácil será incluir sus hábitos en la comunidad, lo que facilitará su adaptación.

-Esforzarse para crear relaciones sólidas e, incluso, de amistad entre el paciente, el personal y los residentes. Hay que encontrar la manera en que estas personas se sientan como en casa.

-Tener cuidado con el lenguaje que se utiliza. Evitar decir frases como “quién está trabajando con el paciente en la habitación 102” porque esta forma de expresarse no transmite sensación de hogar y no proporciona seguridad y bienestar a los residentes.

-Ganar la confianza y el respeto de la nueva persona es clave. Aliviar su miedo aprendiendo sus rutinas diarias, ayudándole a crear relaciones, de forma que sienta que no ha perdido un lugar, si no que vive en un sitio mejor, hará que se adapte más rápidamente

-La familia puede ayudar en este proceso, proporcionando información sobre la vida, los hábitos, las preferencias, las rutinas y todo lo que le gusta a su familiar.

-El centro residencial también debe ocuparse de apoyar a los familiares. Se les debe informar de que, al principio, es normal que su ser querido pueda sentir cierto nivel de estrés mientras se adapta al nuevo entorno, pero también se les debe explicar las medidas que se van a tomar para minimizar el impacto. Además, el personal debe ayudar a los familiares a manejar determinados sentimientos que suele acompañar a esta decisión, como el sentimiento del culpa, el estrés y arrepentirse de sus decisiones.

-Informar a los familiares de que el periodo de adaptación requiere un tiempo. Depende de las circunstancias, pero se necesita un mínimo de 30 días para que una persona se adapte a un nuevo hogar.  

1 Comentarios

  • Leo algunos artículos que me llegan a través de Facebook y estoy encantada, pues me ayudan a entender y a formarme en geriatria. Pronto van a internar a Paquita, 95 años y este artículo da en el clavo.

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