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Manolo Escobar devuelve el corazón a Juana

La musicoterapia, una herramienta efectiva para los trastornos de comportamiento de las personas con alzhéimer y síndrome de down

Suenan los primeros acordes, el ritmo empieza a tomar brío y la voz de Manolo Escobar llega, por fin, a sus oídos. ˝Mi carro me lo robaron, estando de romería. Mi carro me lo robaron, de noche cuando dormía. ¿Dónde estará mi carro? ¿Dónde estará mi carro?˝

Juana sigue la canción atentamente, la tararea, y cuando llega la última estrofa, comienza a levantar los brazos con gracia y, en la última frase, cuando Manolo Escobar es un torrente de voz, Juana la acaba con un movimiento seco de muñecas, con genio, como hacen los verdaderos artistas.

Esta escena no nos pondría los pelos punta, si no supiéramos que Juana tiene síndrome de Down y alzhéimer. Una enfermedad que comenzó hace dos años, cuando tenía 62, y que ha ido apoderándose, paulatinamente, de su personalidad y de su cuerpo. “Tiene muchos problemas con el tono muscular, no puede mantenerse erguida. Al tener síndrome de Down se encuentra muy desorientada, tiene mucho miedo a todo. De hecho, en un principio, estaba muy alterada, chillaba mucho, pero era por el miedo que tenía”, comenta Raquel Borrego, terapeuta del centro residencial Sanitas Provenza, en el que se encuentra Juana.

Fueron estas alteraciones de conducta, lo que llevó a Raquel a observar con más detenimiento el comportamiento de Juana. Y descubrieron que cuando su hermano Toni, que venía a visitarla cada día, cantaba con ella “Mi carro”, se tranquilizaba. “Nosotros no sabíamos por qué pasaba esto. Si era por el hecho de que le gustaba cantar con su hermano, porque le reconocía, o por la música. Pero él nos dijo que la música era una de sus grandes pasiones. Así que le pedimos que, por favor, nos grabara las canciones que más le gustaban. Y, cuando Juana se muestra alterada, le ponemos los cascos y desconecta completamente. Se tranquiliza, canta y hasta mueve los brazos”, comenta Raquel.

Juana tiene alzhéimer en una fase avanzada, lo que implica que tiene una dependencia total. Pasa de la cama a una butaca reclinable y luego vuelve a la cama. Cuando se le da la comida hay veces que intenta coger la cuchara, pero casi siempre hay que alimentarla.

Al tener síndrome de Down, el cariño siempre ha jugado un papel muy importante en su vida. Por eso, es más fácil acercarse a ella.

 “Le gusta mucho que le hables con cariño, que estés con ella, que la toques. Cuando la sonríes, ella te devuelve la sonrisa, si le acaricias la mano, te la coge. Si la llamas por su nombre, reacciona, te mira a los ojos”, comenta Raquel.

“Le gusta mucho que le hables con cariño, que estés con ella, que la toques”

A Toni, el hermano menor de Juana, y quien siempre se ha ocupado de ella, la enfermedad le pilló por sorpresa. “Como siempre había estado bien, yo estaba como en una nube, no pensaba que este tipo de enfermedad le podría afectar”, explica.

Pero un día, los responsables del centro ocupacional al que acudía Juana, le avisaron de que le ocurría algo. “Pasó de ser una chica muy alegre, sociable, a mostrarse retraída, apática. No tenía interés por relacionarse. Había perdido la alegría. Todas las cosas que siempre le habían interesado, le dejaron de gustar”, comenta Toni.

Juana siempre había sido muy presumida. Le encantaba pintarse las uñas. Las revistas eran una de sus pasiones. Le gustaba recortar los trajes de novia y los de sevillanas, y los pegaba junto a imágenes de sus artistas favoritos: Manolo Escobar, Isabel Pantoja, Rocío Jurado, Raphael. Creaba con ellos su propio álbum de fotos. En esos cuadernos encerraba todo su mundo. Pero todo aquello dejó de despertar su interés cuando la demencia apareció en su vida.

De todas sus aficiones, la única que todavía permanece es la música. “Cuando voy a verla, cantamos, sobre todo, temas de Manolo Escobar y de Raphael. Todavía los reconoce, los de los otros artistas se acuerda menos. Y, en especial, Mi carro, es su favorita”, añade Toni.

Probablemente, porque todas estas canciones le recuerdan el cariño de su madre, de su hogar. Esas imágenes que se quedan grabadas para siempre. Cuando ella era pequeña, y sus padres y sus hermanos se reunían en casa para celebrar alguna fecha señalada, y todos terminaban cantando estos temas. O cuando su madre se sentía feliz y, mientras hacía las camas, entonaba la canción favorita de Juana.

Últimamente su salud ha empeorado. Ha sido ingresada dos veces y en la última, Toni se preparó para lo peor. “En enero, la llevé al hospital porque tenía fiebre. Y resultó que era neumonía. Los doctores me dijeron que era posible que no saliera de esa crisis. De hecho, tenía los dos pulmones encharcados. Le prescribieron un antibiótico que no le hizo nada, pero le cambiaron a otro, y Juana reaccionó. Después de cuatro semanas de tratamiento, se recuperó. Ahora, ya no puede caminar, pero, cuando está echada en el sofá, escucha la música y mueve las caderas y levanta los brazos como si bailase sevillanas”.

En esos momentos, Juana vuelve a ser la que era. La primera que salía a bailar en la discoteca cuando se iba con sus compañeros del centro ocupacional de vacaciones. La reina de la fiesta. Tan divertida, tan charlatana, tan presumida. “Si la hubieras conocido antes de la enfermedad, te hubiera encantado”, me confiesa Toni con orgullo.

Como le encantó a Raquel. “La primera vez que escuché a Juana cantar la canción de Manolo Escobar, me emocioné. Ver como la música es capaz de conseguir que reaccione de esa manera, te pone los pelos de punta. Entonces, te sientes mucho más cerca de ella”, comenta.

De Juana ya nos hemos enamorado todos… no sabemos qué fue lo que nos robó el corazón. Si fueron sus uñas rojas, tan bien pintaditas, como las sigue llevando; si fue la vez en que subió sus brazos con tanta gracia o cuando respondió a Raquel: “Juana, mi carro”. Y ella dijo: “Me lo robaron”.

2 Comentarios

  • Bravo Juana, y Bravo también Toni y Raquel y todos los que acompañan a Juana en este camino. Qué viva la música y las canciones de juventud que quedan grabadas en la memoria y no se olvidan y nos devuelven la alegría en estos momentos difíciles. Mágica la música, me quedó demostrado cuando oí a mi mamá tararear y cantar las canciones de Antonio Machín; se me alegró el alma y hasta lloré sorprendida, fue un descubrimiento; ella tiene Alzheimer pero se le ilumina la cara y se alegra al oir y cantar esas canciones de juventud, y yo con ella. Por eso digo que viva la música y Bravo por todos los implicados en este dificil caminar, pero siempre juntos, acompañandoles con Cariño, Amor y Alegría porque lo merecen. Gracias de corazón por compartir esta maravillosa experiencia de Juana.

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