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Machín, el mejor bálsamo para la agitación

Varias investigaciones afirman que la música reduce la agresividad en las personas con demencia

Cuando Juana bailó aquel bolero de Machín, con el que después sería su marido, nunca pudo imaginar que la canción “Dos gardenias para ti” volvería a ella muchos años después e impregnaría su vida de las mismas sensaciones.
 
Juana tiene ahora 90 años, y hace varios que enterró a su marido, aunque ya no lo recuerda, como tampoco sabe quién es Antonio Machín. Ana, la terapeuta ocupacional del centro residencial en el que se encuentra ahora, le ha preparado una sorpresa. Cuando hoy baje al salón, le podrá unos auriculares y, entre la selección de temas que ha buscado para ella, se encuentra “Dos gardenias para ti”. Tras escuchar la canción, Juana ha llorado. Hacía tanto que Juana no expresaba ninguna emoción que, al verla, Ana no ha podido evitar que sus ojos se pusieran vidriosos.
 
En la revisión de los estudios, The effects of music therapy for older people with dementia  (Los efectos de la terapia con música para las personas mayores con demencia) se analiza cómo influye la música en el comportamiento de estas personas. Tras analizar 13 estudios publicados, la mayoría de ellos coincidieron en que la terapia con música influyó positivamente en el comportamiento de las personas con demencia al reducir sus niveles de agitación.
 
Aldridge (2000) sostiene que la música puede potenciar la participación, las habilidades sociales, las emociones y reducir los problemas de comportamiento. Además, puede estimular la memoria y el lenguaje en las personas con demencia.
 

La música contiene diferentes elementos, que incluye el ritmo y la melodía, lo que la permite acceder a diferentes partes del cerebro, como al hemisferio derecho y al sistema límbico, que se ocupan de las emociones, y al hemisferio izquierdo, que es responsable del lenguaje.
 
Según Vink (2000) la agitación es una de la características de las distintas fases por las que atraviesa una persona con demencia. La agitación incluye tres tipos de comportamiento: el físicamente agresivo, con arrebatos; el físicamente no agresivo, como deambular, y la agitación verbal: el grito.
 
Cohen Mansfield (1999) identificó la agitación como uno de los mayores problemas a los que se enfrenta el cuidador. Por eso, es tan importante que conozca este tipo de terapia porque la música puede convertirse en un buen aliado a la hora de reducir este trastorno del comportamiento.
 

Entre los estudios que analizaron el papel de esta terapia, se encuentra una investigación desarrollada en Australia por Ledger and Baker (2007) en la que se estudiaron los efectos a largo plazo en personas mayores con Alzhéimer. Un grupo de terapeutas organizó semanalmente sesiones con música y registró todos los cambios en los comportamientos que los participantes demostraron antes y después de cada sesión. Los participantes se dividieron en dos grupos. El grupo control –frente al que se compararon los resultados obtenidos– en el que se incluyeron 26 participantes y el grupo en el que se estaba experimentando la terapia, en el que hubo 19 personas. Durante un año, los investigadores midieron los niveles de agitación de los participantes cinco veces al día. Los resultados mostraron que, a largo plazo, no se vieron diferencias significativas en el comportamiento de las personas observadas, en cuanto a la reducción de su nivel de agitación. Pero los terapeutas aseguraron que los pacientes estuvieron menos agitados durante las sesiones de terapia musical e, inmediatamente, después de que terminaran. Sin embargo, los efectos no se acumularon a lo largo del tiempo.
 
Otro estudio, realizado en Islandia y conducido por Svandottir and Snaeldal (2006), en el que participaron 38 personas con enfermedad de Alzheimer de leve a severa, reveló que la terapia con música redujo el comportamiento agresivo y la ansiedad de los participantes. Durante la investigación, tres de cada cuatro pacientes recibieron 30 minutos de terapia musical, tres veces a la semana, durante seis semanas. A todos se les evaluó antes de que empezara el estudio, a la semana de estar con el estudio y cuatro semanas después.
 
En Taiwan, el investigador Sung (2006) llevó a cabo otro experimento con terapia musical pero, además, incluyó movimiento. El objetivo coincidía con el resto de los estudios: analizar de que forma influía en el comportamiento de las personas con demencia que se mostraban agitadas escuchar música que les hubiera sido familiar. Dos veces a la semana, durante cuatro semanas, pacientes con demencia, de moderada a severa, recibieron una sesión de terapia musical con movimiento de 30 minutos. Se dividió a los participantes en dos grupos: el grupo control y el grupo sobre el que se analizó los efectos de la terapia. Cada uno estuvo formado por 18 miembros. Se les evaluó al principio del estudio, a la segunda semana y a la cuarta semana. Los resultados mostraron que, tras la terapia, las personas con demencia experimentaron un descenso de su agitación estadísticamente significativo.
 
Es una lástima que Juana ya no sea capaz de explicarnos qué siente o qué recuerdos ha revivido este bolero. Pero sus lágrimas son la mejor señal de que esta melodía, lenta y sensual, ha logrado agitar lo más profundo de su alma. Cuando la canción terminó, Juana se quedó tranquila, con un brillo diferente en su mirada. Un brillo que a Ana no le pasó desapercibido.
 
 
 

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