Te enseñamos

Leve

La importancia de los terapeutas ocupacionales

Gracias a su intervención, el baño se puede convertir en una experiencia agradable

Juana hace varios años que se encarga de cuidar a su madre, Adoración, una mujer de 80 años que sufre una demencia en una fase intermedia. Como todos los días, Juana la lleva al baño para lavarla. Y, como todos los días, esta labor se convierte en un desafío. Pero hoy se ha producido un nuevo incidente: Adoración ha dado un manotazo a su hija. Juana ha perdido los nervios y ha comenzado entre ellas una lucha. La hija empeñada en meter a su madre en la bañera y Adoración, nerviosa, alterada, resistiendo como podía.
 
El episodio ha dejado a Juana un poso de amargura. Ella quiere ser una buena hija, cumplir con su responsabilidad, pero le resulta muy difícil porque su madre ha cambiado, ya no es la misma. Esta es la conversación que mantiene con su hermana Toñi por teléfono.
 
“Es que no sabes cómo está mamá”, dice. “Hoy, durante el baño, además de insultarme, me ha dado un cachete. No me importa el cachete, pero es que se comporta así para fastidiarme, lo hace a propósito. Eso es lo que me duele. Y yo solo quería que estuviera limpia”.
 
Toñi, tras intentar tranquilizarla, le sugiere consultar a una especialista, una terapeuta ocupacional. Juana no está de acuerdo. No entiende de qué forma les va a poder ayudar.
 
La reacción de Juana es muy habitual. Sin embargo, los terapeutas ocupacionales son expertos en comprender las difíciles relaciones que se establecen entre las personas con demencia, su entorno y sus cuidadores. Estos profesionales son capaces de identificar sus fortalezas, sus trastornos y en qué áreas necesitan ayuda. Aunque las funciones cognitivas dañadas no volverán a recuperarse, el paciente puede mantener las que tiene debido a la compensación y adaptación que se producen en otras áreas cerebrales.
 
Los terapeutas ocupacionales ayudan a que las personas con demencia puedan vivir seguras en sus casas tras adaptar sus hogares. Son capaces de diseñar medidas para facilitar su bienestar y para prevenir las caídas. Analizan las capacidades que el paciente todavía mantiene para llevar a cabo las actividades de la vida diaria y diseñan un plan para que pueda seguir realizándolas con éxito.
 
Las intervenciones de estos expertos incluyen:
 
-Fomentar la salud. Concentrándose en las fortalezas de los pacientes y ocupándose del confort de los cuidadores, estos especialistas pueden mejorar sus vidas, obtener que los pacientes utilicen sus máximas capacidades en sus actividades preferidas.
 
-Reparación. Aunque no sé pueden restituir las habilidades cognitivas perdidas, los terapeutas pueden incorporar ejercicios para que el paciente mejore a la hora de realizar sus actividades de la vida diaria, su movilidad funcional, la amplitud de movimiento de sus músculos, su fortaleza y su resistencia.
 
-Mantenimiento. Estos expertos pueden apoyar los hábitos y rutinas que están funcionando bien y, de esta manera, prolongar la independencia de las personas con demencia.
 
-Modificación. En este tipo de paciente, esta es la intervención más frecuente, ya que proporciona seguridad y apoyo en su entorno. Se puede intervenir realizando tres tipos de modificación.
 
Modificación de la actividad, es decir, cambiando la forma en que se realiza la tarea para facilitar su desarrollo. Por ejemplo, si el paciente se comporta de forma agresiva cada vez que se le lava el pelo, se pueden introducir los siguientes cambios: lavarle con la ducha solamente el cuerpo y fuera del baño limpiarle el pelo en seco.
 
Modificación de los objetos. Se pueden cambiar los objetos con los que se realiza la actividad. Hay personas a las que les resulta violento que otra persona les enjabone el cuerpo, pero no son capaces de coger la esponja. En estos casos, se puede utilizar una esponja con mango o una manopla.
 
Modificación del entorno. Se pueden cambiar cosas del entorno para evitar riesgos. En el caso del baño, se puede sustituir una bañera por un plato de ducha para facilitar la entrada y salida del baño.
 
Basándose en los trastornos de comportamiento más habituales que tienen las personas con alzhéimer, los terapeutas ocupacionales sugieren las siguientes pautas:
 
-La persona olvida, por ejemplo, en qué estación está cuando elige la ropa que se va a poner.
El terapeuta ayuda al cuidador a hacer una selección limitada de ropa para esa estación, lo que evitará que surjan conflictos y, a la vez, facilitará que el paciente mantenga su autonomía.
 
-La persona se desorienta y deambula. Hay que crear un ambiente que favorezca la realización de las actividades diarias, incluyendo la movilidad dentro de un recinto seguro, y utilizar la tecnología para garantizar esa seguridad. Se puede instalar una alarma en la puerta por si la persona intenta abrirla y salir a la calle.
 
-La persona tiene problemas para comunicarse. El terapeuta puede ayudar a identificar señales no verbales que le ayuden a entender qué le pasa al paciente. Puede enseñarle que ante determinados comportamientos no debe responder con técnicas defensivas. Y mostrarle como trabajar determinadas emociones que pueden provocar los trastornos de comportamiento.
 
-La persona pasea y muestra comportamientos repetitivos. El experto encuentra actividades para que el paciente tenga algo que hacer y, de esta manera, tenga una mejor relación con las personas que le rodean. Por ejemplo, si una persona ha disfrutado a lo largo de su vida haciendo puzles, probablemente, esta actividad le seguirá gustando. Lo único que hay que hacer es encontrar rompecabezas más sencillos.
 
En la etapa inicial de la demencia, cuando el paciente comience a tener problemas para realizar habilidades complejas, el terapeuta evaluará si puede seguir conduciendo, trabajando y cómo mantener su seguridad. En la etapa moderada, se ocupará de la seguridad del hogar y de conseguir que la persona se involucre en actividades que le interesen. Durante la última etapa, cuando la persona esté teniendo dificultades con las actividades de la vida diaria (alimentarse, ir al baño y la movilidad), el principal objetivo del terapeuta debe ser reducir la carga del cuidador y mejorar el cuidado más básico (transferencias, proteger la piel, evitar las contracturas, proporcionar estimulación sensorial).

La terapeuta ocupacional que visitó a Juana, tras hablar con la hija y observar a la madre, se dio cuenta de que Adoración sufría artrosis, pero que no recibía ningún tratamiento. Cuando Juana movía las extremidades de su madre, le causaba dolor. Quizá el manotazo que le proporcionó pudo ser su manera de detenerla. La forma en que se expresa Juana es demasiado compleja para su madre y su tono, áspero, busca el enfrentamiento (¡Tengo que darte un baño ahora!) Además, lo hace con prisas, lo que aumenta la ansiedad y la confusión de la madre.
 
En esta etapa de la demencia, Adoración quizá tenga más miedo a caerse. Necesita ayuda para las transferencias (por ejemplo, para moverse de la cama a la silla). En el baño, la falta de una barra o de un banco para que se pueda sentar y entrar fácilmente a la bañera, puede estar contribuyendo a aumentar su sensación de inseguridad. Además, quizá ahora ya no sea capaz de determinar visualmente el fondo de la bañera y, por lo tanto, tiene miedo a caer a un espacio abierto. La iluminación no es cálida y el eco que provocan los azulejos, magnífica el sonido.
 
Adoración no sabe para qué está en el baño, no sabe por qué se tiene que desnudar y por qué debe meterse en una bañera que le asusta.
 
La terapeuta ocupacional puede ayudar a Juana a entender lo que ahora puede hacer su madre, sus limitaciones, cómo mejorar la comunicación y cómo incluir determinadas actividades para prevenir y minimizar los trastornos de comportamiento.
 
En concreto, a la hora de bañar a su madre, la terapeuta le recomienda:
 
-Calentar, previamente, el baño y el agua de la bañera.
 
-Colocar en el suelo esteras de baño blandas y estables.
 
-Tener un banco que le permita a Adoración sentarse en el exterior, levantar las piernas y meterse en la bañera. Aunque sería conveniente que su hija fuera pensando en la posibilidad de cambiar la bañera por una ducha. Y que el suelo del baño estuviera a la misma altura, y no tuviera escalones.
 
-Usar una bata que se pueda quitar fácilmente, una vez que ha empezado a lavarla. Una prenda abierta por detrás que se retire con facilidad.
 
-Dirigirse a su madre con un tono suave, con frases cortas y sencillas.
 
-Cantarle una canción.
 
-Evitar que le caiga el agua en la cara.
 
-Después de lavarle la cabeza con un champú relajante, intentar quitarle la bata.
 
-Si está apretando las músculos, masajearles suavemente.
 
-Usar el perfume favorito de su madre.
 
-Ducharla no más de una vez por semana y en el momento en que ella esté más tranquila. No tiene por qué ser por la mañana. El resto de los días, solo puede ser necesario lavarle algunas partes del cuerpo.
 
-Cuando va a mover a su madre (por ejemplo, al levantarla de la silla) contar las dos hasta tres.
 
Poco a poco, gracias a todos estos consejos, los baños se han convertido en una experiencia agradable para madre e hija, un momento íntimo en que se sienten unidas.
 
 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

* Campos obligatorios

Artículos relacionados