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Severa 19 mayo de 2021

Las mascotas robot estimulan a las personas con demencia

Esta terapia también ayuda a reducir los trastornos de conducta y a potenciar las capacidades cognitivas que conserva la persona

La terapia con mascotas robot es una magnífica forma de fomentar la conexión emocional con las personas que sufren demencia, especialmente, con los pacientes que están en una fase avanzada. También, puede ser útil para reducir los trastornos conductuales y para estimular las capacidades que todavía conserva la persona. Pero, sobre todo, persigue que los pacientes se sientan a gusto.

 Cuando nuestro padre, nuestra madre, nuestro esposo o nuestra mujer tienen comportamientos extraños debido a la demencia, pensamos en el daño que nos hacen.

Ese manotazo sobre la mesa, esa respuesta desairada… Entonces, nuestro corazón de cuidadores se encoge. En esos momentos pensamos en nosotros mismos, pero no nos imaginamos por lo que deben estar pasando nuestros seres queridos. Su cerebro, alterado por la enfermedad, posiblemente no comprende lo que sucede a su alrededor. Y ellos, incapaces de defenderse de ese mundo, que les resulta amenazador y sin sentido, responden como pueden.

Ese es el caso de Francesc, un hombre de 90 años, con una demencia tipo alzhéimer en fase avanzada, que vive en el centro residencial Altanova (Barcelona). “Él se alteraba mucho cuando tenía que desplazarse. Esos trayectos, aunque no fueran muy largos, le recordaban lo mal que lo había pasado durante la guerra. Este tipo de pacientes puede confundir el presente con el pasado. Y, cuando eso les ocurre, se desorientan y se agitan, y cuesta mucho volverlos a orientar”, comenta Vanesa Esperidón, psicóloga de este centro.

Francesc vive en una realidad cambiante. A veces conecta con el mundo que le rodea y otras, como si experimentara un viaje en el tiempo, siente que camina para huir del enemigo, con el miedo instalado en su estómago. Entonces, se altera, comienza a caminar sin rumbo fijo, suda.

Vanesa lo observa preocupada. Quiere reducir su angustia, devolverle al presente donde ya no tiene nada que temer. “Hemos observado que, en ocasiones, lo mejor, cuando están alterados, es dejarles su espacio, que no haya mucha gente a su alrededor e intentar cambiar su foco de atención. Después, es más fácil conectar con ellos a través de las emociones”, nos explica.

Y es ahí, cuando Vanesa utiliza dos armas poderosísimas: Bobby y Miu, un perrito y un gato, capaces de ladrar o maullar, que se mueven o giran su cabecita cuando sienten las caricias, que abren o cierran los ojos, que devuelven a su manera el cariño que reciben.

Sin embargo, Bobby y Miu no son mascotas reales, son robots cuyo interior encierra un montón de sensores que les hacen reaccionar a estos estímulos.

Vanesa ha decidido probar con Francesc esta nueva actividad que dirige en el centro. “Cuando empezó a participar en este tipo de actividades nos sorprendió mucho ver que se mostraba muy afectuoso. Le producían mucho bienestar. Y también nos servía para reconducir determinados momentos en los que sufría una alteración”.

Francesc siente debilidad por el gatito: lo abraza, lo acaricia, lo besa. “Me suele comentar que le recuerda a una gatita que él tenía cuando era niño y que se llamaba Pruna. Es curioso porque él sabe que Miu no es un gato real, pero cuando está con él, le habla y lo acaricia como si lo fuera. Yo, a veces, le digo, pero tú sabes que este gato no es real. Y Francesc me responde: ‘Sí, sí, yo sé que es un muñeco”.

En el centro han organizado varios grupos para que los residentes puedan recibir esta terapia. Francesc participa tanto en un grupo más numeroso como en otro más pequeño, en el que interactúa con otros tres residentes. “Se siente tan a gusto que nos habla de cuando sus hijas eran pequeñas. También comenta lo que hace el gatito con las otras personas que asisten a esta terapia. Les dice: ‘¿Has visto lo que hace?’, ‘Mira cómo se mueve’. Y siempre me repite: ‘es que parece de verdad”, continúa.

Vanesa comenzó a trabajar con estas mascotas a finales de año pasado, pero lo cierto es que ella ya tenía experiencia con este tipo de terapias porque hace dos años introdujo en el centro la terapia con muñecos. Pronto empezaron a ver resultados positivos para el bienestar de los mayores.

¿Qué objetivos persigue la terapia con muñecos robot?

El objetivo general es obtener el bienestar emocional de los residentes. Luego, dependiendo de la persona y de las capacidades que todavía conserve, se conseguirán unos objetivos más específicos. Por ejemplo, en algunos casos, servirá para reconducir las alteraciones conductuales, como sucede con Francesc. En otros, se utilizará para aumentar el contacto de esa persona con su entorno y para potenciar la interacción con otros compañeros.

Se puede usar como un elemento desencadenante para llevar a cabo un ejercicio de reminiscencia, que sirva para que la persona piense o se comunique compartiendo recuerdos sobre su pasado. En otras ocasiones sirve para favorecer la expresión emocional, mediante las caricias y los besos que proporcionan a las mascotas, y para potenciar el lenguaje oral. También es una buena herramienta para estimular cognitivamente a la persona, porque ejercita la atención, el lenguaje y la memoria.

“Suelo comenzar la sesión presentando a los dos animales robot. Me gusta explicarles que estas dos mascotas son muñecos porque no quiero tener la sensación de que les estoy engañando. Luego les pongo la mascota sobre su regazo para que ellos la acaricien o la cepillen con un peine. Y, para estimularles cognitivamente, les hago preguntas sobre ellas. Qué me digan, por ejemplo, de qué color tienen los ojos, cuántas patitas tienen, cuántos bigotes. Lo bonito es que ellos, de forma espontánea, hablan entre sí sobre las mascotas. Dicen: ‘Mira, mira ¿has visto cómo ronronea? Uy, si se mueve ¿has visto?”.

No existe una hora determinada para impartir la terapia, pero a Vanesa le gusta comenzar después del desayuno, porque a esas horas los residentes suelen estar más activos.

Así que después de haber entonado el estómago, se dirigen a una sala especial, la sala de la reminiscencia. Allí se sientan en unos cómodos butacones, rodeados de recuerdos de su época: una máquina de coser Singer, imágenes de películas que vieron cuando eran jóvenes, libros… Un escenario acogedor para que ellos se sientan relajados y dispuestos a dejarse sorprender por cómo estos muñecos responden a su contacto.

Tanto es así, que otras personas con una demencia menos avanzada también han querido tener acceso a estas mascotas. “Por lo que hemos observado en el centro, este tipo de terapia también puede ayudar a personas con un deterioro cognitivo leve e, incluso, sin deterioro. Hay personas que al ver las mascotas se les ha despertado la curiosidad. Recuerdo a una señora que no tenía ningún tipo de deterioro cognitivo y que se compró una mascota sólo para ella. Me decía que le recordaba a un gato que tenía cuando era pequeña y tenerlo a su lado le hacía compañía”, explica Vanesa.

Los muñecos no son solo para los niños

Hay personas que se sorprenden de que se les dé a los mayores la posibilidad de interactuar con este tipo de mascotas porque temen que se les esté infantilizando. Como si jugar solo perteneciera a la infancia.

“Creo que hay un estigma asociado a la utilización de muñecos, debido a que en la sociedad existe una tendencia a pensar que los muñecos son sólo para los niños porque eso es lo que nos han enseñado. Sin embargo, en la práctica diaria, hemos visto que esta terapia es muy beneficiosa para nuestros residentes”, comenta Vanesa.

Recomendaciones para usar con seguridad la terapia con mascotas robot

En los centros residenciales de Sanitas se ha diseñado un protocolo para garantizar que esta actividad se desarrolla con seguridad.

 

  • Esta actividad no está recomendada si la persona tiene un marcapasos. Tampoco se le puede ofrecer si sufre una infección o si existe riesgo de contacto con fluidos corporales, excepto, el sudor o las membranas mucosas.
  • Si la persona ha experimentado una infección mientras utilizaba la mascota, el robot debe guardarse en un recipiente sellado hasta que se cumplan los requisitos de limpieza. No se podrá facilitar de nuevo el contacto con la mascota hasta que la persona no esté curada de esa enfermedad.
  • Antes de su uso, la mascota se debe limpiar con toallitas desinfectantes.
  • El personal, antes de ponerse en contacto con la mascota, debe asegurarse de que sus manos están desinfectadas.
  • Los residentes también deben lavar o desinfectar sus manos antes de interactuar con las mascotas robot.
  • Para preservar la limpieza de la mascota, se cubre el regazo de la persona con un papel absorbente.

Después de usar las mascotas

  • Se elimina de las mascotas todo signo de suciedad visible y se cepilla su pelo para eliminar posibles restos.
  • Se limpia la mascota con toallitas biocidas de desinfección.

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