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La realidad virtual y el alzhéimer, caso práctico

Una paciente hace un recorrido navideño por diversas capitales del mundo para trabajar la memoria y el razonamiento

La realidad virtual se está convirtiendo en una herramienta eficaz para los pacientes con alzhéimer en una fase leve. Debido al impacto emocional que provoca, es capaz de mantener su atención durante más tiempo que otras actividades. Este aumento de atención hace que la persona pueda trabajar sus funciones cognitivas a un nivel mayor. Cristina Hortelano, terapeuta ocupacional y experta en esta técnica, nos explica un caso práctico, sus objetivos y lo que se logró con esta actividad.

Conoce a María Ángeles, enferma de alzhéimer

Son las 16.30 h. de la tarde, y María Ángeles, una mujer de 76 años, melena canosa, cuidada, con unos preciosos ojos azules, está sentada en el puente de mando del centro residencial Sanitas Las Rozas.

¿Que dónde está ese lugar? En la recepción, claro. Allí ella se entera de todo o de todo lo que le permite su demencia. Es el corazón del centro. María Ángeles sabe que sentarse junto a Gabriela, la chica que atiende las llamadas, entre otras muchas tareas, es todo un privilegio. Otras residentes también quieren estar allí, pero esta tarde le ha tocado a ella.

Junto a la entrada hay un bonito árbol de Navidad, que permanece iluminado de día y de noche. Está salpicado de bolas rojas y piñas. Y arriba del todo, presidiendo, una preciosa estrella plateada.

De las puertas cuelgan coronas hechas con hojas entrelazadas y pequeñas piñas. Un retorcido cordón de luces, que parpadea intermitentemente, las recorre de dentro afuera. Las hay grandes, como la del salón, y otras más pequeñas en los pasillos. En los laterales, hay guirnaldas con bayas rojas. Hasta un olor a pino se ha colado en el recinto.

Pero María Ángeles solo tiene ojos para la puerta. Espera a Fernando, la persona encargada de llevar el autobús que la transportará a casa. Como no lo ve, comienza a inquietarse. Antes de que su comportamiento empeore, una de las terapeutas ocupacionales del centro, Cristina Hortelano, se da cuenta de lo que le ocurre.

María Ángeles tiene alzhéimer en fase leve, una enfermedad que se le diagnosticó hace unos tres años. Ha estado acudiendo durante un año al Centro de día, pero la demencia ha evolucionado y ya no podía seguir viviendo en su domicilio.

Hace dos meses que ya está en el centro, pero ella no lo recuerda, y algunas tardes se sienta en la recepción con la idea fija de volver a su casa.

Cristina reconduce la situación. En vez de explicarle que ahora vive en el centro distrae su atención hacia otra actividad.

-“Hola María Ángeles”, le saluda Cristina.

-“Hola”, responde María Ángeles con rostro serio.

-“Te estaba buscando porque Patricia (su hija) ha llamado y ha dicho que luego te viene a buscar. ¿Te apetece venirte conmigo mientras la esperas?”

-“Vale”.

Se levanta y se va con ella. Se dirigen a una sala en la que se ha organizado un taller de laborterapia.

María Ángeles mantiene varias aficiones: tejer, cocinar y coser. También le gusta mucho el cine, jugar a las cartas, cuidar de las plantas, la música y viajar.

Mientras se sienta junto a otras compañeras, Cristina va en busca de su labor.

-“Toma, aquí tienes la bufanda que estás haciendo. Te está quedando preciosa. Mira, puedes seguir por aquí”.

Esta conversación, que puede parecer anodina, en esta situación es crucial. La enfermedad le impide a María Ángeles recordar qué tiene que hacer, ni tan siquiera sabe que estaba haciendo una bufanda. Sin embargo, si se le proporcionan algunas sencillas pautas, puede seguir siendo autónoma.

“Para que pueda realizar funciones ejecutivas complejas, es decir, actividades que para llevarlas a cabo hay que seguir varios pasos y en un orden determinado, necesita que le vayas dando las pautas. En el caso del punto, apenas hay que comentarle nada porque es una acción bastante automática. Ahora, si tuviera que hacer un jersey, en el que hay que seguir un patrón e ir contando los puntos, eso no podría hacerlo. Pero una bufanda es una labor muy sencilla. Ahí, no tiene problemas.”

Lo mismo le ocurre cuando se levanta de la cama y tiene que asearse y vestirse. “Necesita tener unas directrices y una supervisión. Sin ellas no podría realizar las actividades del día a día. Por la mañana, por ejemplo, hay que decirle, venga María Ángeles vamos a levantarnos, luego hay que indicarle que tiene que quitarse la ropa, meterse en la ducha, y así, paso a paso. Con estas pautas, ella es completamente funcional”.

Otro de los problemas que sufre afecta al lenguaje, le cuesta encontrar las palabras para poder expresarse. Este es uno de los primeros síntomas que experimenta el paciente cuando aparece el alzhéimer.

“Actualmente tiene anomia. Lo que significa que encuentra dificultades para denominar un objeto o un concepto. Cuando no recuerda la palabra, intenta poner un sinónimo. Todavía tiene bastantes recursos para hacerse entender, pero hay veces que puede incluir una palabra que no tiene sentido. Con frases sencillas no tiene problemas, pero no puede elaborar otras más complejas”.

Como la enfermedad de María Ángeles está en una fase leve y no sufre alucinaciones u otros trastornos de comportamientos, Cristina la ha podido incluir en una sesión de estimulación cognitiva con realidad virtual.

Esta tarde, cuando se la encuentre, la llevará a la sala de actividades y le enseñará las gafas para ver cómo reacciona. Cristina no le puede dar más detalles porque la demencia impide que María Ángeles entienda lo que va a hacer. Además, no quiere predisponerla a que tenga ninguna reacción previa.

-“Hola María Ángeles”, la saluda Cristina.

-“Hola”, responde ella sonriendo.

-“¿Quieres venirte conmigo a la sala de actividades?”

-“Bueno”, responde.

María Ángeles se levanta y agarra del brazo a Cristina. Ambas cruzan el pasillo y allí, sobre una mesa, se encuentran las gafas de realidad virtual.

-¿Te apetece ponértelas?, pregunta Cristina.

-“Son muy grandes”, le responde mientras las observa.

-“Sí. Pero a través de ellas vas a ver muchas cosas”, responde Cristina.

-“Bueno”, responde.

Y justo en ese momento comienza la experiencia más increíble que María Ángeles ha tenido en mucho tiempo.

Sesión de estimulación cognitiva mediante realidad virtual de una persona con alzhéimer

La experiencia comienza con un ejercicio de relajación para lograr que la paciente esté en su estado basal, es decir, tranquila. De esta forma podrá disfrutar más de la experiencia.

La aplicación le hace preguntas sobre tu estado, mientras la guía por las distintas emociones. En función de las respuestas y de la situación en que se encuentre la persona, selecciona un ambiente concreto.

En este caso, María Ángeles está rodeada de naturaleza, se mueve entre plantas frondosas y flores con llamativos colores. Durante el trayecto, hay momentos en que se convierte en un pájaro, mientras hace ejercicios guiados de relajación. Cuando inspira, una luz se introduce en su cuerpo, y, cuando expira, la luz se va.

Todas estas experiencias solo persiguen que María Ángeles esté lo más tranquila posible. Los ejercicios durarán unos diez minutos.

A partir de ese momento, comienza el verdadero viaje, una inmersión en 360 grados por diferentes ciudades. La Navidad será el hilo conductor. Observará todo ese derroche de luces en que se convierte Nueva York durante estos días.  Tendrá, a un palmo de su nariz, los escaparates de los almacenes Macy’s y de los Saks, que resultan apabullantes. Paseará cerca del inmenso árbol de Navidad del Rockefeller Center, oirá el ruido de los patinadores de la pista de hielo de Central Park, rodeada por todos esos enormes edificios, como si fueran gigantes encargados de guardarles. Se moverá entre todos esos árboles cargados de bombillitas tintineantes, la imagen real de un cuento infantil.

Está tan fascinada, que no para de repetir: “Esto es maravilloso, maravilloso”.

Luego se traslada a París, a la Avenida de los Campos Elíseos, decorada con árboles con exquisitas luces parpadeantes y llega hasta las Galerías Lafayette para quedarse extasiada con el enorme pino que cuelga del interior. Justo debajo de una cúpula majestuosa, que parece sacada de un planetario. Más tarde sigue caminando por la Avenida Montaigne, mientras a lo lejos ve la Tour Eiffel como un faro que la acompaña durante todo el trayecto.

En la siguiente parada María Ángeles logra orientarse, sabe donde está porque las imágenes corresponden a Madrid. La ruta comienza en la Puerta del Sol, con el enorme árbol plagado de luces doradas, luego va hacia la Plaza Mayor, pasando antes por debajo de las guirnaldas luminosas. De repente, llega a La Gran Vía y observa la enorme maceta luminosa decorada en rojo y verde. Finalmente, se acerca a la Plaza de Canillejas, en la que todas las luces conforman una mágica composición que parece suspendida en el aire.

¿Qué efectos tiene la estimulación cognitiva con realidad virtual?

Cuando Cristina le quita las gafas, María Ángeles no para de repetir: “Qué bonito, qué bonito. Impresionante”.

Sus ojos están vivos, como si una inyección de energía saliera de su mirada. Está tan emocionada que quiere explicar a todos la experiencia que ha vivido. A las señoras con las que suele sentarse, a los fisioterapeutas con los que se cruza, a su hija, Patricia, que ha venido a verla. No para de sonreír.

Cuando le pregunta Cristina por lo que ha visto, es capaz de hacer un discurso coherente y recuerda imágenes que ha visto hace unos minutos. Una persona que, debido a la enfermedad, no sabe que ha desayunado al minuto de haber terminado.

Ha sido capaz de mantener su atención durante 25 minutos y durante ese tiempo ha estado ejercitando su capacidad cognitiva al máximo nivel. Ese nivel de atención le ha permitido estimular su memoria y poder expresar lo que ha visto, cuando su capacidad para comunicarse está muy afectada. Mas aún, ha logrado razonar al comparar como eran las Navidades que vivía ella, cuando era pequeña, con las de ahora.

“Entonces” -explica- “todo era más pobre, las calles no podían alumbrarse como ahora. Tampoco se gastaba tanto dinero. A mí solo me regalaban dos cosas. Con una muñeca de trapo o un coche de madera era muy feliz. Recuerdo una muñeca que me regalaron muy famosa, que tenía pelo, un pelo distinto…”

En ese momento, María Ángeles no puede recordar el nombre.

-“Era muy famosa, muy famosa”, repite varias veces.

-“Mariquita Pérez”, exclama Cristina.

-“Sí, ésa”, afirma satisfecha.

Análisis de los efectos que produce la realidad virtual

“Esta herramienta”- comenta Cristina- “funciona mejor que muchas otras por el impacto que tiene sobre el paciente. Cuanto más captes su atención, mejores son los resultados. Podríamos haber trabajado el razonamiento lógico leyendo una noticia del periódico y preguntándole, luego, qué le parecía. Pero no hubiera prestado la misma atención ni hubiera hecho el mismo esfuerzo para expresarse”.

María Ángeles quería que todo el mundo entendiera lo que acababa de vivir. La experiencia le había impactado tanto que el esfuerzo que hacía por transmitirlo era mucho mayor.

El objetivo final de la estimulación cognitiva es que la persona mantenga su autonomía durante el mayor tiempo posible y, gracias a estas experiencias inmersivas y al impacto emocional que producen, esta herramienta es más eficaz.

“El flujo de estímulos es enorme. Es capaz de activar muchísimas áreas cerebrales. Hemos trabajado el lenguaje y las funciones cognitivas superiores, como el razonamiento. La base es captar su atención, y con la realidad virtual se ha captado muchísimo más que con otras actividades porque el impacto emocional es enorme”, explica Cristina.

Con experiencias como la de hoy, el equipo del centro persigue que María Ángeles pueda recordar, durante el mayor tiempo posible, si se ducha o si come o que sea capaz de expresar lo que le ocurre. Funciones que facilitarían mucho su vida y también la de los que la cuidan.

Fecha de publicación: 21 diciembre 2023

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