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La relación entre demencia y pérdida de audición

Aunque se ha probado la relación entre ambas afecciones, todavía se desconoce la causa

Cuántas veces nos habremos preguntado si nuestro familiar no nos entendía porque estaba sordo o porque la demencia se lo impedía. Sin embargo, lo que le ocurría a nuestro ser querido no era fruto de una desafortunada coincidencia, sino de que ambas condiciones estaban conectadas. De hecho, una revisión científica, liderada por Rhett S. Thomson, se inició tras observar que la demencia y la pérdida de audición eran afecciones muy comunes entre los más mayores.
 
Esta investigación llegó a la conclusión de que no oír bien puede ser un factor de riesgo para el desarrollo de esta enfermedad. Para llegar a esta conclusión, se analizaron 131 artículos científicos que examinaban la pérdida de audición, así como la demencia o el deterioro cognitivo. De estos trabajos, finalmente, se seleccionaron 17 porque probaban la conexión entre la pérdida de audición y el inicio de la demencia o deterioro cognitivo. 
 
En uno de los estudios se encontró que por cada punto que aumentaba en la escala que medía la discapacidad auditiva, la probabilidad de desarrollar demencia, cinco años después, crecía un 22%. Otros dos trabajos analizados, que emplearon otros sistemas de medición, afirmaban que en los individuos se observaba que una pérdida de audición de 25 decibelios hacía que su rendimiento cognitivo correspondiera al de una persona 6,8 años mayor.
 
Una pérdida de audición de 16 a 25 decibelios hace que la persona afectada escuche lo mismo que una que oye normalmente cuando se tapa los oídos con los dedos. La persona con ese grado de deficiencia tiene problemas para escuchar a alguien que habla bajo o que está lejos. Si esa persona presenta una pérdida de audición de 16 decibelios, no podrá escuchar el 10% de lo que le dice alguien que le está hablando a una distancia de algo más de medio metro. El porcentaje de palabras perdidas será mayor si hay ruido de fondo.
 
Una vez establecida la asociación entre estas dos afecciones, los investigadores se preguntan el porqué. Sin embargo, la causa que lo provoca todavía no se conoce bien. En la revisión La pérdida de audición es un factor de riesgo de demencia, una de las hipótesis defiende que dejar de oír bien aumenta la carga cognitiva. Pichora-Fuller explica que debido a que la persona tiene problemas auditivos, sus recursos mentales se desvían a potenciar esa la falta de oído.
 
Otra idea señala que las personas que no oyen bien tienen dificultades para comunicarse y mantener relaciones interpersonales, lo que a menudo provoca una aislamiento social. En uno de los estudios analizados, su autor, Fratiglioni, demostró que las personas solteras, que vivían solas y tenían pocos parientes y amigos tenían un mayor riesgo de desarrollar demencia.
 
Por eso, es tan importante realizar una revisión periódica de los oídos. Y, sin embargo, no es algo que se haga de forma rutinaria. “En las revisiones, generalmente se hacen analíticas, se toma la presión arterial, se vigila el peso, pero no se suele hacer una exploración otoscópica [prueba para examinar el oído]. Sin embargo, la existencia de unos simples tapones en los oídos pueden ser la causa de la sordera, y de que nuestro familiar haya perdido el interés por ver la TV, por charlar con la familia e, incluso, no quiera hablar por teléfono”, asegura la doctora Natividad Otonín.
 
La última posible explicación sobre la relación entre la pérdida de audición y el inicio de la demencia afirma que ambas condiciones son provocadas por una causa común. Uno de los investigadores sugiere que tanto la disfunción auditiva como la ejecutiva pueden surgir del mismo proceso neurodegenerativo. Si esta hipótesis se confirmara, es posible que la pérdida de audición fuera una manifestación temprana de la demencia.
 
Tras observar esta relación, algunos de los autores de varios estudios se preguntaron si los audífonos podrían mejorar el nivel cognitivo de los pacientes. Seis de los 17 estudios analizados no encontraron correlación y otros dos aseguraron que su uso disminuyó la probabilidad de que la persona experimentara deterioro cognitivo. Sin embargo, en los estudios, el uso de audífonos se determinaba generalmente mediante una pregunta de sí o no, pero no se recogía información sobre hasta qué punto las personas se los ponían o si sabían utilizarlos correctamente, por lo que la evaluación del impacto de los audífonos es menos concluyente. Los autores de la revisión afirman que es necesario realizar más estudios para poder determinar su impacto.
 
La razón por la que cada vez hay más estudios que investigan los distintos factores que pueden identificar las demencia en etapas iniciales es porque los tratamientos farmacológicos, las estrategias de prevención y otras intervenciones son más eficaces si actúan antes de que daño cerebral se extienda.
 
La Asociación de Alzhéimer de UK afirma que la detección temprana permite a las personas con demencia y a sus familias poder beneficiarse de los tratamientos cuando éstos tienen un mayor efecto, tener tiempo para planificar el futuro, optar a participar en ensayos clínicos de medicamentos y tener la oportunidad de decidir sobre cómo debe ser su cuidado, asuntos financieros y legales.
 
 
 

 
 
 
 
 
 
 

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