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La musicoterapia es útil para paciente y cuidador

Cómo hacer una lista de canciones para comunicarte con tu madre

Una de las frases más emocionantes que ha escuchado Mónica de Castro, musicoterapeuta especializada en demencia, fue: “Yo sabía”. Sucedió mientras colaboraba con una residencia impartiendo sesiones de musicoterapia. Cuando finalizaba su trabajo, le gustaba pasarse por las habitaciones por si podía ayudar a algunas de las personas que tenían una demencia más avanzada. Fue así como se fijó en una mujer que permanecía encamada. “La señora no se movía. Siempre estaba acompañada por su hijo y su nuera, pero ella no hacía nada. Las gerocultoras siempre le decían: “Mónica, no intentes hablar con esa señora porque hace mucho tiempo que no reacciona. Pero yo me dije: `vamos a intentarlo´. Sabía que la música le podría ayudar”, señala.
 
El primer paso fue averiguar quién había sido. Su hijo le dijo que su madre era de Extremadura, que de joven vivía en un pueblo, que le gustaban las jotas y sabía tocar las castañuelas. En cuanto le mencionó ese dato, Mónica supo que aquella información iba a ser muy valiosa. El siguiente paso fue seleccionar unas cuantas jotas y ponérselas. Al principio no reaccionó, pero al cuarto día, en el momento en que se escuchaban las castañuelas, ella se giró hacia Mónica y le dijo: “Yo sabía”. Se quedaron atónitos. Para su hijo fue muy emocionante porque pasó de pensar: mi madre ya no está con nosotros, a mí madre sigue aquí.
 
Lo que ocurrió fue que esta mujer reconoció el sonido de las castañuelas, asoció ese sonido con un recuerdo autobiográfico, accedió a su identidad y fue capaz de comunicarlo. Este es uno de los beneficios que la música ha proporcionado a una paciente de alzhéimer en fase severa, pero también puede ser muy beneficiosa en la fase leve y la fase intermedia. Como decía el neurólogo Oliver Sacks, la música, para este tipo de personas, no es un lujo, es una necesidad, un estímulo indispensable.
 

La musicoterapia no solo es beneficiosa en las fases severas, también puede ayudar al paciente de una fase leve, dándole fuerzas, por ejemplo, para luchar contra la depresión. Y es precisamente en este tipo de pacientes en los que el efecto permanece más tiempo. En la fase intermedia, cuando la persona con demencia presenta trastornos de comportamiento, la música le puede tranquilizar e, incluso, estimular. Este tipo de terapia, también es muy útil cuando el paciente tiene problemas con las actividades de la vida diaria. Cuando no le gusta que le laven o que le vistan o se altera durante la comida. Esta es una de las técnicas que más se abordan durante las formaciones que imparte Mónica a los cuidadores. El baño es una actividad que genera un fuerte rechazo entre las personas con demencia. De hecho, si se analiza lo que ocurre es una reacción bastante lógica porque el estímulo que recibe el paciente es muy agresivo. Para llevarla a cabo, el cuidador tiene que invadir la intimidad del paciente, además, le moja, le frota y le seca. Todo este proceso puede resultar muy desagradable.
 
Con este tipo de situaciones, Mónica propone seleccionar una música relajante y ponérsela al paciente durante unos minutos antes de que se comience con el aseo. Una vez que el paciente esté tranquilo, entonces, se le explica que se va a proceder con el baño. La música acompañará todo el proceso. De esta forma, el momento del aseo se convierte en una actividad diferente, que no genera tensión entre el paciente y el cuidador.
 

Pero para que la música cumpla el objetivo que nos hayamos marcado, es preciso comenzar realizando una labor de investigación. Hay que conocer qué tipo de música es la que le relaja o le activa al paciente. Tenemos que averiguar sus propios gustos, si no la terapia no será efectiva.
 
Esta es una labor que se aconseja que se haga en las primeras fases de la demencia. Si esto ya no posible, entonces hay que averiguar qué música ha sido significativa para esa persona. Qué canciones eran populares, por ejemplo, durante su noviazgo o su boda. “Sabemos” -señala Mónica- “que la música que más impacto tiene sobre la persona son las canciones que sonaban cuando tenía entre 20 y 30 años.  Haremos unas listas con los títulos y pondremos esas canciones para ver cómo reacciona. Así sabremos qué melodías le gustan, le hacen bailar o recordar”. Con esas listas, la persona podrá disfrutar durante mucho tiempo.
 
Pero para conseguir objetivos concretos, como puede ser lograr que la persona se relaje o, por el contrario, se active, se requiere además una técnica. “Si observo que la persona está muy tranquila, entonces comienzo a cantarle muy bajito, manteniendo el contacto visual y, si se puede, el contacto físico, mientras observo cómo reacciona. En el caso de que me hubiera encontrado a una persona que estuviera algo nerviosa, comenzaría a cantarle siguiendo el ritmo que tiene en esos momentos y, poco a poco, la iría conduciendo a un ritmo más tranquilo para conseguir calmarla. Depende de los objetivos terapéuticos que te plantees. Si la persona está asustada, no se comienza con un ritmo suave, si no al contrario. Es muy sorprendente”, explica Mónica.
 
En otras sesiones, el objetivo marcado es lograr que el paciente recupere la autoestima. Se les invita a seguir el ritmo de los instrumentos de percusión, un ritmo muy sencillo, muy intuitivo. Cuando el paciente se siente seguro, se le propone que haga su propio solo. “Son ritmos muy fáciles de seguir, que no plantean ningún problema a las personas con demencia”, afirma Mónica.
 
Es muy importante que el musicoterapeuta forme al cuidador, que le enseñe cómo utilizar los recursos musicales con una orientación terapéutica porque la persona con demencia necesita continuos cuidados, y sus necesidades no pueden limitarse a las sesiones que, dos veces por semana, puede impartir un experto.
 
La musicoterapia no solo reporta beneficios al paciente, también puede constituir un gran apoyo al cuidador. Gracias a la música se puede romper la dinámica diaria que se ha creado entre ellos. Puede ayudarles a establecer una comunicación que les haga encontrar un espacio en el que puedan disfrutar juntos. El cuidador y el paciente pueden bailar, cantar, pueden recuperar, gracias a la música, el vínculo que les unía. “Estamos organizando sesiones” -explica Mónica- “en las que el cuidador participa con la persona a la que está cuidando. Mediante la música, conseguimos que desaparezca la tensión acumulada en el día a día”.
 
También le puede ayudar a canalizar sus emociones, algunas de ellas, negativas. Las sesiones de musicoterapia facilitan que el cuidador reconozca esos sentimientos que se generan cuando hay tanto sacrificio. Sensaciones que el propio cuidador se niega a reconocer y que, muchas veces, le sorprenden. En estas sesiones, diseñadas especialmente para ellos, la persona comparte con otros esas emociones que no es capaz de expresar. La música se convierte en un bálsamo que le permite restablecer el equilibrio, exteriorizar todas aquellos sentimientos que le avergüenzan y le hacen sentir culpable. Solo exteriorizándolos, la carga emocional se irá suavizando, y el cariño adelantará al deber.
 
 
 

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