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Moderada 28 noviembre de 2019

Guía para abordar los trastornos de comportamiento de una persona con demencia

Los expertos desarrollan una herramienta sencilla para facilitar que los cuidadores y los médicos aborden las alteraciones de conducta de los pacientes

Muchos familiares nos preguntan por algún medicamento que se le pueda administrar a su ser querido para poder tranquilizarle dado que, debido al alzhéimer u otro tipo de demencia, muestra un trastorno de comportamiento.

Pero cuando nos referimos a este concepto ¿qué es lo realmente queremos decir?

Un trastorno de comportamiento es un cambio en la forma de actuar de la persona con demencia que es de difícil manejo. Este cambio afecta a la convivencia con esta persona y puede llegar a constituir un peligro para sí mismo o para sus seres queridos. Por ejemplo, cuando la persona responde con ira, cuando se niega a ducharse o a comer o cuando no para de solicitar atención, cuando se niega a levantarse de la cama.

Para manejar estas situaciones, los familiares necesitan, más que un medicamento en sí, una solución para que la persona a la que cuidan deje de gritar o de acusarles, por ejemplo, de algo que ellos no han hecho. Pero pedir una medicamento es una reacción comprensible, sobre todo, si a estos cuidadores nadie les ha explicado que los fármacos no son la mejor solución o, por lo menos, no debería ser la primera para abordar este tipo de conductas.

De hecho, las terapias no farmacológicas deberían ser la primera opción para tratar la irritabilidad, la agitación, la depresión, la ansiedad, los problemas para dormir, la agresión, la apatía y los delirios, según un artículo publicado en el British Medical Journal.

El Instituto Nacional para la Excelencia en Salud y Atención (NICE) de UK también recomienda que los medicamentos antipsicóticos no se prescriban como primera opción para abordar trastornos de conducta o psicológicos. Por ejemplo, si nuestro ser querido se enfada y nos grita, los expertos recomiendan tratar de averiguar por qué se comporta de esta manera antes de darle un medicamento.

La recomendación está clara, lo que no está tan claro es cómo llevarla a cabo. Cómo se puede identificar la causa que provoca este trastorno si nuestro ser querido no nos lo puede explicar. Para ello es preciso enseñar a los cuidadores cómo manejar estas situaciones.

Investigadores de la Facultad de Medicina de la Universidad de Michigan y de la Universidad de Johns Hopkins revisaron los trabajos que se habían realizado durante dos décadas para poder diseñar una herramienta que fuera fácil de utilizar, tanto para los médicos como para los cuidadores. A esta guía la denominaron DICE, tras combinar las siglas en inglés de las principales acciones que integran esta forma de abordar los trastornos de comportamiento de las personas con demencia.

Acciones de la herramienta DICE

D: Describe. El cuidador debe preguntar, si es posible, a la persona con demencia “Con quién, qué, cuándo y dónde” se producen estos comportamientos. También debe observar en qué contexto se producen, tanto físico como social. Si el paciente ya no nos puede proporcionar esta información, el cuidador debe fijarse y anotar en qué tipo de situaciones se producen estos cambios de comportamiento y compartirlos con el profesional. No solo con el médico, también con el psicólogo y el terapeuta ocupacional, quienes podrán aportarle una visión más amplia a la hora de abordar el comportamiento y de adaptar su propia conducta, como cuidadores, a las necesidades del paciente, que irán cambiando a medida que avance la enfermedad.

Si hemos observado que nuestro ser querido no quiere lavarse, deberíamos anotar, por ejemplo, el momento del día en que se realiza el baño, la temperatura de la casa, quién está presente cuando nuestro familiar rechaza el baño (quizá tenga una mala reacción con alguno de los cuidadores y no con otros, o quizás los movimientos son demasiado bruscos y eso le altera). También observaremos, concretamente qué hace el paciente, cómo se comporta para impedir que se le lave (igual se vuelve agresivo cuando se le mueve un brazo porque sufre algún tipo de dolor); cuándo reacciona así (puede suceder que rechace el baño a unas horas concretas y no a otras) y dónde se produce esa situación, podría ocurrir que no le gustara ducharse en el baño y, sin embargo, que acepte, por ejemplo, lavarse en el salón mientras sigue un programa de televisión. Una opción no muy habitual pero, si funciona, por qué no aceptarla.

I: Investigate (investigar). Hay multitud de causas que pueden provocar un cambio en la conducta. Por eso, es aconsejable consultar con el médico para que él descarte que sea producido por una infección de orina, estreñimiento, deshidratación o dolor. Tras descartar o tratar estas causas, si el trastorno de conducta continúa, los profesionales ayudarán al cuidador a revisar todos los aspectos relacionados con la salud del paciente, los síntomas específicos que presenta, los medicamentos que en esos momentos está tomando, los hábitos que tiene a la hora de dormir, si tiene algún problema físico, en qué entorno social se desarrolla su actividad y qué relación mantiene con los cuidadores. Especialmente, con la persona que está con él cuando muestra ese trastorno de comportamiento.

C: Create (crear). El cuidador junto a los expertos (médico, psicólogo, terapeuta ocupacional) crean un plan de trabajo conjunto para prevenir y manejar los trastornos de comportamiento que muestra su ser querido. En este plan se incluye todo: diseñar actividades para el paciente que despierten y conecten con sus gustos, cuidar que su entorno sea agradable y seguro y formar al cuidador para que aprenda a manejar este tipo de situaciones.

E: Evaluate (evaluar). El plan debe someterse a una evaluación para averiguar qué funciona y qué no con el fin de introducir los cambios necesarios. Como la enfermedad va evolucionando, las acciones que se lleven a cabo también deberán ir cambiando.

Esta guía de actuación se apoya en la evidencia científica que se tiene hasta el momento, dado que “para abordar los trastornos de comportamiento de las personas con demencia, hay más datos que respaldan un tratamiento no farmacológico que el tratamiento con antipsicóticos y con otro tipo de medicación”, asegura la autora principal del estudio Helen C. Kales, jefa del Programa Envejecimiento Positivo del Sistema de Salud de la Universidad de Michigan.

El problema, según esta experta, es que el sistema de salud no incentiva la formación para que se utilicen otras opciones distintas a los medicamentos.

Con el fin de facilitar el tratamiento no farmacológico, los autores presentaron, además, cinco líneas de acción que ayudarán a reducir los trastornos de comportamiento:

-Formar al cuidador.

-Fomentar una comunicación efectiva entre el cuidador y la persona con demencia.

-Desarrollar actividades que conecten con la persona con demencia.

-Simplificar las tareas y establecer rutinas organizadas.

-Asegurar la seguridad del entorno que rodea al paciente.

Kales asegura que se reducirían mucho los trastornos de comportamientos si se “contara con un entorno organizado, si se utilizara la música, si se simplificasen las actividades para conseguir involucrar a las personas con demencia y se empleara con ellas un tono sereno, en vez de una voz crispada propia de los enfrentamientos”.

Esta experta también es partidaria de descargar de trabajo a los cuidadores para que puedan desconectar. De esta manera se evitaría que desarrollasen el síndrome del cuidador y que su frustración afectara a la relación que mantienen con el paciente.

Kales reconoce que “las estrategias basadas en el manejo de los comportamientos exigen más tiempo que los medicamentos, pero si se enseña a las personas a utilizar los principios que se explican en DICE, la estrategia de cuidados sería más natural y podría convertirse en parte de la rutina que utilizan los cuidadores”.

Sin embargo, esta defensa de las estrategias no farmacológicas no quita para que los medicamentos tengan su propio espacio, especialmente para el manejo de síntomas agudos en los que la seguridad de la persona con demencia o del cuidador están en riesgo. Por ejemplo, los antidepresivos se deberían utilizar para personas con demencia que sufran depresión severa y los antipsicóticos cuando los pacientes experimentan psicosis (un síntoma que muestra que el cerebro de esa persona no procesa bien la información que recibe. Puede ver, escuchar o creer cosas que no son reales) o podrían producir una agresión contra ellos mismos o contra otras personas. El especialista debería hacer un seguimiento estrecho del paciente mientras está tomando la medicación y suspenderla tan pronto como fuera posible.

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