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Moderada 8 abril de 2020

Ejercicios para estimular cognitivamente a pacientes con demencia en fase moderada

Las sesiones tienen que tener en cuenta las preferencias y las capacidades que conserva la persona

El confinamiento ha impedido que muchas personas con demencia puedan seguir con sus sesiones de terapia cognitiva. Por eso, os proponemos hacer este cuaderno de ejercicios en vuestro domicilio. Nuestra experta, Elena Gil Quero, terapeuta ocupacional Centro Residencial Sanitas Henares, os indica cómo utilizarlo.

Son las 11.55 h de la mañana y Julia ya está preparada. Coqueta, como es ella, se ha pintado los labios. La carpeta encima de la mesa, junto con las pinturas, el lápiz, la goma y el cuaderno. Todo a mano. Su hija, Olga, la mira y sonríe. Le encanta ver así a su madre. Pone tanto esmero…

-“¿Ya estás preparada, mamá?”, le pregunta Olga

-“Sí”.

-“Vale. Entonces llamo ahora a Elena”.

-“Sí, sí, llama, llama”.

En la pantalla aparece su rostro. Pelo largo, ondulado, rubio, y una sonrisa que invita a confiar en ella, a dejarse llevar.

-“Hola ¿cómo estáis? Hola Julia. Pero, bueno, qué guapa estás”, comienza Elena Gil.

Julia no contesta, pero se nota que le ha gustado el comentario.

-“Estamos bien. Bueno, impacientes. Deseando que nos des la lección del día”, responde Olga.

-“Vale. Pues hoy vamos a empezar por un ejercicio de memoria. A ver Julia, ¿te acuerdas del día en que te casaste?”, pregunta Elena.

-“Sí, claro”, responde Julia.

-“Pues ¿cuéntanos cómo fue?”, continúa Elena.

-“Fue después de la guerra, así que me casé de negro. No como las ricas, que iban de blanco. Mi tía me regaló un trozo de tela para que me hiciera el vestido. Y me quedó muy mono. Mi tío, que era pastelero, me regaló el convite: unas pastas y bollos para que la gente comiera algo. Había mucha escasez en esa época. Pero nosotros no lo catamos porque nos fuimos a hacer las fotos y cuando volvimos, mi marido y yo, ya no había nada. Se lo habían comido todo. Ya ves tú, qué boda, igual que las de ahora”, explica Julia

Esta es solo una muestra de la sesión de estimulación cognitiva que Elena ha preparado para Julia y que ha tenido que dar mediante una vídeollamada debido al confinamiento.

Julia tiene demencia en una fase moderada y, desde que le dieron el diagnóstico, su hija Olga se encargó de contratar a una terapeuta para retrasar la evolución de la enfermedad. Sin saberlo, Olga ha seguido las recomendaciones de los expertos.

Cochrane, la red internacional independiente de investigadores, analizó 15 ensayos realizados a pacientes con demencia en etapas de leve a moderada, y los resultados de la investigación mostró que la estimulación cognitiva proporcionaba un beneficio claro y consistente sobre la función cognitiva.

El estudio, denominado Estimulación cognitiva para mejorar el funcionamiento cognitivo en pacientes con demencia, analizó datos de 718 participantes. Sus conclusiones fueron en la línea de las recomendaciones del NICE, Instituto Nacional de Salud y Excelencia Clínica del Reino Unido, que recomienda que todas las personas con una demencia leve a moderada, deberían participar en grupos que reciban estimulación cognitiva.

Tras las sesiones, Olga observó que su madre se comunicaba e interactuaba mejor. Pero cuando se impuso el confinamiento, el miedo que le surgió fue si empeoraría ahora que Elena ya no podía visitarlas.

Sin embargo, juntas han encontrado una solución. Elena ha facilitado a Olga un cuaderno de ejercicios para que madre e hija los hagan juntas. Este material ha sido elaborado por el Instituto Catalán de Neurociencias Aplicadas para la Fundación ACE (una entidad que se ocupa de las personas con alzhéimer).

El cuaderno cuenta con 135 fichas en las que se incluyen ejercicios para activar la memoria, las gnosias (capacidad que tiene el cerebro para reconocer, a través de nuestros sentidos, información previamente aprendida, como saber para qué sirven los objetos, identificar a las personas o los lugares), las praxias (habilidad para ejecutar un movimiento, como los que hacemos, por ejemplo, al andar o vestirnos), el lenguaje, el cálculo y las funciones ejecutivas (actividades mentales complejas necesarias para planificar, organizar, guiar o revisar).

Elena recomienda que antes de que Olga seleccione una ficha para que su madre la haga, debe pensar en las cosas que le gustan y en las habilidades que conserva. El objetivo de la terapia es reforzar aquellas capacidades en las que la enfermedad no ha hecho mella. En el caso de Julia, el lenguaje y el cálculo están muy conservados. Así que Olga comienza seleccionando esos ejercicios.

También tiene en cuenta los gustos de su madre. A ella le encantaba el cine y leer. Así que Olga adapta los ejercicios a sus preferencias. Por ejemplo, si el ejercicio de la ficha le pide que escriba seis nombres de verduras, ella se lo cambia y le pide, por ejemplo, que anote seis nombres de actores o de películas que recuerde.

También es muy importante que las sesiones acaben con un ejercicio que a Julia se le dé bien. Olga siempre le pone una sopa de letras y le sigue sorprendiendo cómo su madre es capaz de encontrar las palabras.

Para que sea más fácil lograr la atención de nuestro ser querido, cada ficha está clasificada en función del nivel cultural y del nivel de dificultad que encierran los ejercicios. Esta información puede resultar muy útil al cuidador para evitar que nuestro ser querido se enfrente a pruebas que quizá no pueda realizar y que podrían aumentar su nivel de frustración. Hay que tener en cuenta que con esta terapia se persigue justamente lo contrario.

Además de revisar los ejercicios, es conveniente que el cuidador vaya a la página 134, en la que el cuaderno proporciona las siguientes instrucciones:

  1. El cuidador y el paciente deben realizar los ejercicios conjuntamente. En el caso de que nuestro ser querido necesite apoyo para completar la tarea, el cuidador se la debe proporcionar en la medida en que la necesite.
  2. Debemos proporcionarle un apoyo positivo, es decir, reconocerle su esfuerzo y sus aciertos.
  3. No es necesario que complete todos los ejercicios. Debemos dejarle libertad para que haga lo que quiera. Y, sobre todo, hay que adaptarse a su ritmo.
  4. Hay que elegir un momento del día en que esté descansado. El entorno debe estar bien iluminado y tranquilo, sin ruidos.

Además de estas indicaciones generales, el cuaderno ofrece instrucciones concretas sobre cómo llevar a cabo todas la fichas. Los ejercicios se pueden hacer diariamente y el tiempo dedicado no debería exceder los 60 minutos.

A Olga este cuaderno le está gustando porque, gracias a él, está conociendo muchos detalles de la vida de su madre que desconocía. Ahora sabe, por ejemplo, cómo fue el primer beso que le dio su padre a su madre o quiénes eran sus mejores amigas cuando era niña. Y le sorprendió descubrir lo buena narradora que era, tanto que sus compañeras de trabajo la esperaban a la salida para ir juntas a casa. Su madre aprovechaba estos trayectos para contarles la novela que estaba leyendo, y ellas, embelesadas, esperaban impacientes el siguiente capítulo.

“Quién me iba a decir”, piensa Olga, “que mi madre fuera el Neflix de aquella época”.

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