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Cuidados a domicilio: cómo rehabilitarse con un profesional

Un buen programa de este tipo debe basarse en lograr que el paciente pueda volver a realizar aquellas actividades cotidianas que le proporcionan más autonomía

Un buen programa de rehabilitación en el domicilio implica que el profesional debe tener en cuenta aquellas actividades que a esa persona le permiten ser más autónoma y disfrutar de su día a día. Como nos explica el fisioterapeuta Víctor Martínez, del servicio de cuidados a domicilio, bluaU Senior, no se trata solo de pautar ejercicios, sino de que, gracias a ellos, la persona vuelva a salir a la calle para disfrutar, por ejemplo, de ese café que tanto le gusta. Te invitamos a descubrir el caso de Montserrat y de cómo logró vencer sus miedos.

Como todas las mañanas, Monserrat se sitúa en el balcón de su casa y comienza a realizar sus ejercicios. Para ello, se sujeta bien a la barra, y con las manos bien cogidas, comienza a levantar la rodilla, primero una y luego la otra. Después, intenta ponerse de puntillas y, con un gran esfuerzo, lo logra. Descansa un poco, respira hondo y lo vuelve a intentar.

Al rato, se pone con los laterales. Primero mueve una pierna y luego la otra. Termina la sesión con las flexiones. Con las manos bien agarradas hace como si fuera a sentarse en una silla imaginaria y luego se levanta. Y lo repite hasta diez veces.

Montserrat ya está sudando. Pero para descansar todavía le queda llevar a cabo un último esfuerzo: coger su andador y llegar hasta la mesa de la cocina para sentarse en la silla.

Este último objetivo, que para cualquiera apenas supondría un trabajo, a ella le requiere un gran ejercicio de concentración. Debe coger el andador, dirigirse hacia la silla, cuando esté cerca girarse un poco para situarse delante, tocar el asiento con las piernas, agarrarse bien al andador y bajar las caderas hasta sentarse.

Después de lograrlo, se siente cansada, pero satisfecha. Cuando Víctor, su fisioterapeuta, venga a casa, se lo contará. “Seguro que se va a poner contento”, piensa.

Una infección le impide andar

A Monserrat, una mujer de 84 años, dinámica, independiente, que siempre ha trabajado, la vida le dio un duro golpe cuando hace algo más de tres años tuvo una infección en el cerebelo. Aquella enfermedad le afectó al equilibrio. De hecho, al principio no podía ponerse de pie, solo podía moverse en silla de ruedas y necesitaba ayuda para todo.

Fue entonces cuando ingresó en el centro residencial Provença de Sanitas Mayores. Allí permaneció un año. Pero durante ese periodo el equipo de fisioterapeutas del centro, en el que se encontraba Víctor, se propuso que Montserrat volviera a andar. Y… lo lograron.

Entonces, ella abandonó la residencia y volvió a su casa a vivir con su hermana, que se ha convertido en la cuidadora principal.

Pero antes de regresar, el equipo le habló con sinceridad. Si Montserrat quería vivir en su domicilio y mantener su calidad de vida, no podía olvidar el ejercicio físico. Todos los días debía esforzarse.

El daño que le había provocado la infección en el cerebelo y que había afectado profundamente a su equilibrio, volviéndolo muy precario, no iba a desaparecer. Pero si hacía los ejercicios todos los días, podría seguir caminando con el andador y volver a vivir en su piso de siempre.

Montserrat regresa a casa

Montserrat, que siempre ha sido una mujer positiva, disciplinada, a la que el esfuerzo no le da miedo, aceptó el reto. Y para lograrlo, contactó con bluaU Senior, el servicio de cuidados a domicilio de Sanitas Mayores, en el que se puede encontrar cuidadoras, gerocultoras, fisioterapeutas, logopedas, podólogos, enfermeras y médicos, entre otros profesionales.

Ella contrató una gerocultora y un fisioterapeuta. La auxiliar le ayudaría a ducharse dos veces a la semana, dado que ella no podía hacerlo sola, y su hermana era demasiado mayor para ayudarla. El fisioterapeuta sería Víctor, quien había diseñado su programa de rehabilitación en la residencia y con el que se entendía muy bien. Él la visitaría en su casa dos días a la semana.

Desde el primer momento en que Víctor comenzó con la terapia, valoró las necesidades cotidianas de Montserrat.

El primer pasó fue fortalecer su estabilidad. Para ello, le diseñó una tabla de ejercicios para trabajar la fuerza, el equilibrio y la movilidad en general. El requisito fundamental era que no implicaran ningún riesgo, dado que ella tendría que hacerlos sola todos los días.

Los repitieron durante varias sesiones hasta que los aprendió. Y, a partir de ese momento, Montserrat los realizó todas las mañanas. No quería perder todo lo que había ganado durante este tiempo.

El segundo objetivo de Víctor fue lograr que Montserrat fuera autónoma.

Pero ¿qué significa ser autónoma?

Después de hablar con Montserrat y de preguntarle qué es lo que le gusta hacer, Víctor identificó varias necesidades:

-Ser capaz de sentirse segura cuando saliera a la calle y poder vencer el miedo que tenía a caerse. Así podría volver a la cafetería que está cerca de su casa. Le encanta ir, no solo por el café, que lo hacen muy rico, sino por cómo la tratan. Es uno de sus momentos favoritos. Bueno, ése y cuando va con su hermana a comer a un restaurante italiano, en el que hacen unos carbonara que quitan el sentido.

-Ser capaz de subir y bajar escaleras porque así podría ir a su apartamento de la playa, que está en un primer piso.

-Poder mantener su equilibrio de forma estática porque le gusta cocinar. De esta manera, podría volver a hacer esos canelones que tanto echa de menos.

-Y, una vez al año, regresar con su hermana a un balneario en el que se encuentran como en familia.

¿Por qué es importante conocer los gustos de la persona?

“Cuando acudo a un domicilio, me gusta fijar objetivos reales. No se trata de hacer ejercicios porque sí, sino de hacer ejercicios que ayuden a la persona en su día a día”, comenta Víctor.

“Por ejemplo, una de las cosas que más rabia daba a Montserrat era no poder levantarse sola de la silla que tiene en el comedor, que, además, no tiene reposabrazos. Pues lo hemos conseguido”, continúa Víctor.

En ese reencuentro con los pequeños detalles que le hacen feliz, la siguiente meta fue llegar al restaurante italiano para saborear esos deliciosos espagueti.

“Recorrer una manzana andando, a una persona normal le puede llevar diez minutos, pero Montserrat puede emplear veinticinco minutos. Nuestro objetivo fue lograr que lo hiciera en menos tiempo. Así que le pauté una ruta, le mostré lo que tenía que hacer y lo probamos juntos. Si tardaba todo ese tiempo es que estaba yendo lenta, pero si lo hacía en menos es que lo estaba haciendo bien”.

Y, después de varias pruebas, Montserrat batió su récord y tardó diez minutos menos.

-“¿Cómo lo lograste?”, le pregunto a Víctor.

-“Dándole confianza. Ella cree mucho en mí. Conmigo hace muchas cosas que no haría sola. Esa relación comenzó durante el periodo que estuvo en la residencia. Cuando empecé a acudir a su domicilio no partíamos de cero.  Montserrat sabe que soy un profesional, que me implico al máximo con ella y que para mí es mucho más que una paciente”.

Para guiarla, Víctor utiliza su talante, firme cuando hay que ser exigente y con palabras de aliento cuando observa todo lo que se esfuerza.

También sabe cuando parar y escuchar. Por ejemplo, cuando ella le muestra su rostro más íntimo, más vulnerable, al confiarle lo mucho que sufre porque ya no es capaz de ser la que era.

Todos esos ingredientes, cocinados a fuego lento, aderezados con sonrisas y, a veces, con llanto, han hecho que se fragüe entre ellos una amistad.

Y es ese calor que percibe en Víctor, lo que lleva a Montserrat a cuidar más su aspecto, a cepillar con esmero su melena plateada y a recibirle con una sonrisa cuando viene a casa. Es la manera de agradecerle su confianza. Esa misma sensación, es la que le lleva a confiarle momentos íntimos, como cuando discute con su hermana o cuando tiene miedo de volver a caerse.

Porque se rehabilita el cuerpo, sí, pero también hay que rehabilitar el alma, aunque de esto último se habla poco.

“A mí me gusta mucho ayudar a la gente y observar su evolución. Cuando haces bien tu trabajo, la gente está contenta contigo y se crea un sentimiento recíproco. Y más, cuando te abren su casa porque, entonces, confían en ti también como persona. Eso me llena. Pero para llegar ahí, hay que ocuparse de la parte física y también de la psicológica. Ese aspecto es crucial”, concluye Víctor.

Cómo se unieron todas las piezas

Cuando Montserrat planteó que quería regresar a su casa, hubo una reunión en el centro residencial entre todos los profesionales que se ocupaban de ella para evaluar si su regreso al domicilio reunía todas las garantías.

Todos estuvieron de acuerdo en que había mejorado mucho, tanto en movilidad como cognitivamente. Cuando ingresó se mostraba muy confusa, unas veces decía una cosa y otras, lo contrario; su discurso, a veces, no tenía lógica. De ánimo, también se encontraba muy baja porque pensaba que no podría recuperar su autonomía y volver a su hogar. Sin embargo, después de un año ya estaba lista.

Ahora bien, Montserrat tenía que continuar con el programa de fisioterapia porque, de lo contrario, perdería todo lo que había conseguido con tanto esfuerzo.

En ese reunión también estuvo Raquel Borrego, una terapeuta ocupacional que ha trabajado durante 16 años en Sanitas Mayores Provença y que ahora, además, es coordinadora del servicio bluaU Senior.

La labor de Raquel es explicar a Montserrat y a su familia, teniendo en cuenta su situación, los servicios a domicilio de los que se pueden beneficiar.

“Los asesores somos profesionales que hemos trabajando durante muchos años en residencias, por lo que sabemos qué puede necesitar un adulto mayor que vive en su casa, tanto en ese momento como en un futuro”, explica Raquel.

Ella se encargó de buscar a un fisioterapeuta que encajase con Montserrat, Víctor, al que ya conocía, y a una auxiliar, Lourdes, diligente y cariñosa.

Una vez buscadas las piezas, Raquel se asegura de que encajen bien. Un día a la semana habla con Montserrat para comprobar cómo se encuentra y si está evolucionando correctamente o si ha surgido algún problema. Y una vez al mes este seguimiento se hace por videoconferencia. “Es una forma de asegurarnos de que todo va bien porque, igual, Montserrat te dice que se encuentra perfectamente, pero tú, por ejemplo, la puedes ver más delgada. En ese caso, me ocuparía de averiguar qué esta pasando y de ofrecerle una solución”, comenta Raquel.

Fue así como abordaron un problema dermatológico del que Montserrat no era consciente. Un día, mientras la duchaba, Lourdes observó que en el cuerpo tenía unas “costritas”. Le preguntó por ellas y Montserrat le dijo que últimamente tenía muchos picores. Lourdes sacó una foto de las lesiones y se lo comunicó a Raquel.

Raquel llamó a Montserrat y le pidió más información, luego le propuso organizar una videoconsulta con un dermatólogo, incluida en el servicio bluaU Senior. El especialista, tras el encuentro con Montserrat, le recetó una pomada y el problema se solucionó.

“Se trataba de unos hongos. Lo que ocurría es que cada vez que se rascaba ella misma se los iba extendiendo por el resto del cuerpo. Tras un mes de tratamiento las lesiones desaparecieron”, recuerda Raquel.

En otra ocasión, Montserrat le comunicó que necesitaba ir al podólogo, pero que no se sentía segura de acudir al que ella tenía porque estaba en el centro de su localidad. Raquel le buscó uno que la visitó en casa. Y le recordó que el seguro de bluaU Senior incluía 5 sesiones de podología al año.

“Mi trabajo es llevarles de la mano y facilitarles los cuidados que necesitan y que están incluidos en el servicio que han contratado. Si tienen cualquier duda, además de llamarme, pueden contactar conmigo en el chat de la aplicación. Con la app todo es muy sencillo, desde conectarse a las videoconsultas hasta leer los informes, valorar al profesional o consultar las facturas. Todo se puede hacer desde el móvil”, me comenta.

Cuando me muestra esta especie de “whatsapp” privado me continúa explicando el proceso que sigue cuando un cliente le comunica una incidencia, pero, en ese momento, mi cabeza vuela. Piensa en esa nueva dureza que me ha salido en el pie y que yo estoy decidida a ignorar, pero que ella, persistente, no hace más que reclamar mi atención.

Por la tarde, una vez en casa, cuando abro al repartidor de Amazon me acuerdo de lo que me acaba de contar Raquel e imagino lo mucho que me hubiera gustado recibir la visita de un podólogo, en vez de esta última compra que, probablemente, no era tan necesaria como yo creí en un principio.

 

22 septiembre de 2022

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