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Cuidadora de personas mayores: cómo hacer una buena selección

La recomendación principal es tener claro qué necesidades y gustos tiene nuestro ser querido y qué horario es necesario cubrir para ello

Cómo seleccionar a una cuidadora para que una persona mayor pueda mantener su autonomía y vivir durante más tiempo en su domicilio. Erika Manzano, asesora de salud de bluaU Senior, que ha entrevistado a muchas cuidadoras y familias comparte con nosotros su experiencia. En este artículo analizamos punto por punto el proceso de selección, proporcionamos las preguntas imprescindibles que se deben incluir en una entrevista y explicamos los principales errores.

-Cuando una familia decide contratar a una cuidadora para su ser querido ¿qué es lo primero que tiene que hacer?

Tener claro qué tipo de cuidadora busca, qué necesidades son las que tiene que cubrir y qué horario tendrá. También es fundamental que decida si quiere llevar a cabo el proceso a través de una empresa o si lo prefiere hacer directamente.

-¿A qué te refieres cuando dices que la familia tiene que tener claro qué tipo de cuidador quiere?

Cada persona mayor tiene necesidades diferentes. Si mi familiar es una persona muy asistida, es decir, si, por ejemplo, es una persona con deterioro cognitivo o con un grado de dependencia III, que necesita mucha ayuda para realizar las actividades básicas, como lavarse, vestirse, asearse o comer, una cuidadora básica no me va a servir. Entonces, lo que debo valorar es la opción de contar con una cuidadora más profesional, una auxiliar gerocultora o con una cuidadora para cubrir necesidades especiales.

Una cuidadora proporciona unos cuidados más básicos. Su papel fundamental consiste en atender a la persona mayor. Es decir, de acompañamiento y para ayudarle a realizar las actividades básicas de la vida diaria. Además, se encarga de realizar las labores básicas del hogar y de proporcionar una alimentación básica. Quiero decir que esta persona no va a ser una cocinera profesional ni va a limpiar a fondo, como lo haría una empleada del hogar.

Por ejemplo, si la persona mayor vive en el domicilio con otras personas, la cuidadora se ocupará de ella y no del resto de la familia.

¿De qué funciones se ocupa una gerocultora?

 Se contrata a una gerocultora cuando esa persona requiere unas necesidades de cuidado más profesionales. Por ejemplo, si esa persona tiene problemas para apoyarse en el suelo y, por lo tanto, hay que encargarse de hacerle las transferencias (desplazarla de un lugar a otro. Por ejemplo: de la cama a una silla de ruedas o a un sofá). Si hay que estar pendiente de hacerle cambios posturales o de llevar un seguimiento de una úlcera por presión. En estos casos, se recomienda una cuidadora para necesidades especiales.

El problema que suele surgir es que las familias suelen querer que la persona que contratan cubra todas las necesidades, y una gerocultora no se ocupa ni de limpiar ni de cocinar.

-¿Podrías concretarnos cómo una cuidadora cuida de una casa?

La cuidadora va a limpiar y recoger la casa, pero no lo va a hacer a fondo como lo haría una empleada del hogar. Si la persona mayor vive con un hijo o con un nieto, la cuidadora no se va a encargar, por ejemplo, de limpiar sus habitaciones.

La cuidadora recogerá la casa porque es el espacio en el que la persona mayor se desenvuelve. Su obligación es ocuparse de la persona mayor, el resto de la familia no es su obligación.

-Cuando aludes a que la cuidadora proporciona una alimentación básica ¿a te estás refiriendo?

Me refiero a que la cuidadora se ocupa de hacer la comida tanto para la persona mayor como para ella. Si, por ejemplo, esa persona vive con su marido, la cuidadora se puede hacer cargo de los dos, pero es necesario llegar a un acuerdo desde el principio y pagar un plus.

Hay que tener en cuenta que una cuidadora, que está interna, va a cobrar el salario que le corresponda por atender a una persona. Pero si en vez de ocuparse de una persona tiene que atender a dos, lo recomendable es que cobre un plus, dado que el trabajo va a ser mayor.

-¿Qué funciones lleva a cabo una empleada de hogar?

Para una empleada de hogar, las prioridades son la casa y preparar la comida. Sin embargo, no tiene que ocuparse de que una persona mayor se tome la medicación ni de acompañarla a las citas médicas ni de servirle de apoyo en las actividades de la vida diaria.

-¿Qué ocurre si nuestro ser querido se niega a que ningún extraño entre en su casa? ¿Nos podrías, por favor, dar algún consejo para poder abordar este tipo de situaciones?

Esta situación pasa muy a menudo. Normalmente, el rechazo está asociado a que la persona tiene miedo. Lo mejor es preguntarle, averiguar dónde está su miedo y proporcionarle una respuesta que le dé seguridad para poder acabar con su desconfianza.

Por ejemplo, me suelen decir: “Yo no voy a aceptar que alguien venga a mi casa a mandarme, a decirme lo que tengo que hacer”.

En ese caso hay que explicarle que una cuidadora no va a decirle lo que tiene que hacer. El objetivo es que la persona siga manteniendo su autonomía y así pueda continuar con sus rutinas. Lo que queremos es que la persona siga viviendo en su domicilio el mayor tiempo posible y que la cuidadora le sirva de apoyo.

También me suelen comentar: “Y si me roba”.

Este tema es más complejo porque nunca se puede asegurar que esta situación no vaya a pasar. Ahora, si la contratación se hace a través de una empresa, será más difícil que este tipo de situaciones se produzcan porque hacemos un proceso de selección más riguroso. En cambio, si contratamos a una persona porque nos la han recomendado, va a ser más difícil tener algún tipo de garantía.

Otra frase muy común es: “Mi hijo ya no se quiere ocupar de mí. Quiere poner a alguien y olvidarse de mí”.

Sin embargo, la intención del hijo no es ésa. Lo que ocurre es que el hijo tiene una vida propia: tiene un trabajo y una familia. Lo que busca es tener a una persona que le sirva de contacto y de apoyo para que las cosas funcionen mejor.

Hay que entender que una persona mayor tiene muchas inseguridades y miedos porque se sienten más desprotegidos y vulnerables. Lo que para nosotros puede ser normal para ellos no lo es. Por eso, hay que escucharlos, identificar esa necesidad y proporcionarles seguridad.

-Qué ventajas ofrece hacer todo este proceso de la mano de un servicio profesional como el de bluaU Senior.

En Sanitas Mayores, contamos con la figura de la asesora, que es la persona que se va a encargar de ayudar a la familia a identificar el tipo de cuidados y de servicios que mejor se adecúa a sus necesidades.

Les presentaremos candidatas que, para empezar, están dentro de la legalidad. Con las que hemos hecho un proceso de selección exhaustivo para conocer su experiencia, conocimientos, sus gustos, y ver si esas personas pueden cubrir las necesidades que nos están pidiendo.

También nos encargamos de todos los trámites de contratación y de gestoría: altas, bajas y la documentación que hay que presentar. Todos esos pasos requieren tiempo que mucha gente no tiene.

En el caso de que fuera necesario, también nos encargaríamos de cambiar a la candidata. Y lo haremos las veces que sea necesario: bien por vacaciones, por una baja o porque a la familia no les gusta o porque la cuidadora se haya marchado.

Además, contarán con un asesoramiento durante todo el proceso: les aclararemos todas las dudas que les vayan surgiendo.

Y ayudaremos a la cuidadora. Si, por ejemplo, la cuidadora tiene dudas sobre cómo ocuparse de la persona mayor o cómo enfrentarse a alguna situación, nosotros la vamos a orientar para que sea capaz de proporcionarle el mejor cuidado.

Por ejemplo, si observamos que la persona pierde movilidad y es necesario hacerle cambios posturales, nosotros vamos a darle indicaciones e información sobre cómo tiene que hacerlos.

-¿Contáis con alguna herramienta para ayudar a la cuidadora?

Por medio de la aplicación para móvil de bluaU Senior, tanto el cuidador como la familia pueden contactar con nosotros y nosotros con ellos.

La aplicación también nos sirve para diseñar un plan de cuidados para la persona y para que cuidadora los siga día a día.

Por ejemplo, sabemos que la persona mayor se suele duchar tres veces por semana, pues nosotros dejamos pautado los días y la hora en que se tiene que duchar esa persona, para que, una vez que la cuidadora lo haga, lo valide en la aplicación.  El objetivo es diseñar una rutina diaria para que la persona mayor desarrolle unos hábitos.

-¿Deberíamos tener en cuenta la opinión de la persona mayor durante el proceso de contratación? ¿Qué ventajas tendría esta actitud?

Si la persona está cognitivamente bien, desde luego. Si quiere hacerlo, es importante informarle y darle la oportunidad de participar activamente en la entrevista. De esta manera, podrá aclarar lo que quiere o lo que no quiere, y podrá escuchar a la cuidadora. Si en esa fase, la persona no se siente cómoda con ella, entonces, la descartaríamos.

Pero esto, siempre y cuando la persona quiera participar en el proceso, si no, sería contraproducente.

-¿Qué debería saber hacer una cuidadora para realizar un buen trabajo?

Lo que tenemos que tener claro es qué necesitamos nosotros que haga esa cuidadora. Si tenemos eso claro, podemos ir orientando las preguntas durante la entrevista de forma que podamos obtener esa información de la cuidadora.

Habitualmente, una cuidadora se ocupa de duchar a esa persona, de su higiene, de cuidar de su aspecto físico, de que la piel esté bien hidratada, de que las uñas estén limpias, de que se tome la medicación, de acompañarla al médico, de llamar al podólogo cuando hace falta y de seguir todas las pautas que indique el médico y la familia.

También se debe preocupar de proporcionarle una alimentación correcta. Por ejemplo, si la persona es diabética deberá controlar el azúcar o si es hipertensa deberá vigilar la sal.

Si la persona necesita realizar algún tipo de estimulación cognitiva o física, la cuidadora puede ayudarle a hacer algunos ejercicios muy básicos. Puede, por ejemplo, leerle el periódico y luego conversar con la persona sobre lo que ha leído. Con esta práctica está trabajando la parte cognitiva. O puede animarla, por ejemplo, mientras está sentada, a que coloque la punta del pie en el suelo y luego el talón, para que haga un poco de ejercicio.

-¿Qué características psicológicas debe tener una cuidadora?

No debe ser ni crítica ni sumisa. Tiene que tener empatía, debe ser paciente, positiva y flexible. Necesita manejar sus emociones, saber controlar sus impulsos. Se requiere estabilidad emocional porque las personas mayores pueden resultar, a veces, un poco complejas, y si no sabe controlar sus emociones va a tener dificultades para manejar algunas situaciones. Debe ser respetuosa porque es algo que valoran mucho los mayores. Por ejemplo, tiene que pedir las cosas por favor.

Todos estos detalles suman mucho a la hora de contratar a una cuidadora. A la persona mayor le da seguridad.

-¿Es conveniente comprobar la experiencia profesional que ha tenido esa cuidadora? ¿Cómo nos recomendarías hacerlo?

Si lo hacemos, vamos a tener más seguridad. Si comprobamos las fechas y los sitios en los que ha estado trabajando esa persona podemos saber cuánto tiempo ha durado en cada domicilio. Si la persona ha tenido muchas experiencias laborales y ha durado poco en cada sitio, eso nos debe alertar de que algo pasa.

Para comprobar los datos, primero tenemos que pedir permiso a la cuidadora para que nos facilite la información. De hecho, Sanitas Mayores no puede proporcionar esa información si antes la cuidadora no ha hablado con esa familia y nos ha autorizado a ceder su contacto.

Lo importante es preguntarle a la cuidadora si tiene referencias y si la persona con la que se va a hablar está de acuerdo con que la llamemos.

-Para ti, ¿cuáles son las preguntas imprescindibles que debemos incluir en una entrevista de trabajo a una cuidadora y por qué?

Para empezar, yo preguntaría: ¿qué tipo de personas mayores ha cuidado, durante cuánto tiempo y qué patologías tenían esas personas?

Esa información nos va a ayudar a saber si la cuidadora tiene experiencia en la misma patología que tiene la persona mayor.

Cuánto tiempo ha durado y por qué dejó ese trabajo.

Esta pregunta nos dará una idea sobre la estabilidad que ha tenido en sus trabajos.

Si, por ejemplo, la cuidadora nos dice que ha estado cinco años cuidando a una persona con deterioro cognitivo, eso nos da mucha información positiva sobre ella. Porque ese dato nos dice que esa persona cuenta con paciencia, que es flexible, que tiene capacidad para enfrentarse a situaciones difíciles.

Al preguntarle por la finalización del trabajo podremos saber si la persona se ha marchado por decisión propia o porque la persona a la que cuidaba se encuentra ahora en una residencia o en un centro día o porque ha fallecido.

A veces, la cuidadora te dice que es porque no se encontraba a gusto. Poco a poco, vas obteniendo información sobre qué cuidadora vas a contratar.

Qué tipo de movilidad tenía la persona que atendió y cómo lo manejaba.

 Aunque ahora, por ejemplo, mi madre o mi padre sea completamente autónomo, si la cuidadora ha dicho que previamente ha cuidado a una persona que estaba en silla de ruedas, al contratarla, nos aseguramos de que, si nuestro familiar empeora, esta cuidadora va a saber manejar esta situación. No va a ser necesario cambiarla.

Qué nos explique con detalle qué función desempeñaba.

Si en el currículo pone, por ejemplo, que esa persona ha trabajado cinco años con una persona con alzhéimer, le podremos preguntar cómo duchaba a esa persona. Si la paciente ponía alguna resistencia. Si la duchaba cada tres días, podemos preguntarle por qué la duchaba con esa periodicidad.

Obtener ese detalle de información nos va a ayudar a conocer en profundidad la forma en que trabaja esa persona. De esta forma, podremos averiguar si esta candidata nos interesa o no en función de las necesidades de nuestro familiar.

Qué es lo que más le gusta de trabajar con mayores o lo que menos.

Esta pregunta nos va a dar información sobre lo que le motiva o sobre lo que no le gusta. Nos puede ayudar a prevenir errores.

Por ejemplo, hay cuidadoras que dicen: “pues a mí una de las cosas que no me gusta es que noto que la familia cuando ve que todo va bien ya no se vuelve a interesar. Ya no me llaman ni me preguntan”.

Si yo, como familiar, estoy escuchando esto desde el principio, me estoy dando cuenta de que para que todo vaya bien con la cuidadora es importante que le pregunte, que le comunique mi interés por mi familiar. Y lo debo tener en cuenta para asegurarme de que la cuidadora continúe.

-¿Qué platos típicos españoles sabe cocinar? ¿Cuáles ha preparado?

 He entrevistado a muchas cuidadoras y, al principio, les he preguntado si saben cocinar comida española y me han dicho que sí. Luego les he preguntado si han preparado alguna vez una paella y me han dicho que nunca. O les he preguntado si sabían hacer un cocido y me han contestado que no.

-¿Puedo contar con usted fuera del horario establecido debido a una emergencia?

Para mí, esta pregunta es muy importante. Imagina que la persona empeora y tiene que ingresar en el hospital justo el día que libra la cuidadora y que el familiar está trabajando o de viaje, y necesita que ella le acompañe. ¿Podemos contar o no con esa cuidadora?

Si el familiar cree que esa situación se puede presentar tiene que tener en cuenta la respuesta de la cuidadora.

Normalmente, las cuidadoras lo dejan claro desde el principio. Si tienen niños pequeños o tienen familia y no pueden compaginar ambas responsabilidades, te van a decir que no. Sin embargo, hay otras cuidadoras que están solas y tienen más disponibilidad.

-En tu experiencia ¿cuáles son los principales errores que se comenten cuando se contrata a un cuidador?

Primer fallo:

Lo más importante no consiste en averiguar lo que sabe la cuidadora sino en conocer lo que quiere nuestro familiar y lo que necesita, y si esa cuidadora se lo puede ofrecer.

He hecho muchas entrevistas a cuidadoras y también he entrevistado a muchas familias, y me he dado cuenta de muchos no conocían las necesidades de su ser querido ni sabían lo que les gustaba ni lo que no les gustaba.

A veces, para las personas mayores los pequeños detalles son los que más cuentan. Hay usuarios que están encantados con la cuidadora porque cuando se levantan, ella les sonríe y les pregunta qué tal han pasado la noche, y el hecho de que sea tan cariñosa les alegra el día.

El objetivo es proporcionar una solución a la familia pero, sobre todo, al mayor. Por eso, hay que trabajar con los dos. Cuando la familia no nos da la información que necesitamos, pedimos permiso para poder hablar con el usuario.

Las personas mayores son más vulnerables y más sensibles, y también más complejas. Hay conocerlas para poder acertar.

Segundo fallo:

No conocer las condiciones legales a la hora de contratar a una cuidadora. Es decir, los derechos, las funciones, los salarios y los horarios.

En mi opinión, esto es un error muy grande porque si yo creo que una interna tiene que estar disponible para trabajar las 24 horas, me voy a equivocar. Si a la hora de seleccionar a la cuidadora, la familia, por ejemplo, no me dice que su madre se levanta tres o cuatro veces por la noche, yo, que me encargo de la selección, no podré comentarles que una cuidadora interna no tiene por qué estar disponible por las noches, que su jornada laboral es como la de cualquier persona, de 8 horas, y que cada día tiene derecho a dos horas libres. Si la familia no cuenta con esta información, contratará a una persona que no cumplirá con sus expectativas porque esas expectativas no son reales.

Una cuidadora se rige por el mismo convenio que una empleada de hogar. Nosotros en bluaU Senior tenemos un documento en el que se explica con detalle toda esta información.

Hay personas que, debido a una mala situación económica, pueden aceptar condiciones que no cumplen con la ley, pero si las cosas salen mal puede ser el origen de un problema que va a recaer en la familia.

Después de contar con toda esta información y tratar de averiguar si la cuidadora va a poder cumplir con las necesidades y gustos de nuestro ser querido, yo aconsejo dejarse llevar por la intuición.

Si se detecta algo que genera dudas y que es importante para nuestro familiar, entonces es mejor no contratar a esa persona.

Pero hay que recordar que la cuidadora es para nuestro ser querido, no para nosotros. Hay familias que hacen la entrevista pensando en ellos.

-Supongamos que nuestro ser querido está contento con la cuidadora ¿cómo podemos evitar que esa persona nos deje?

Es muy importante mantener una buena comunicación con la cuidadora para que ella sienta que puede contar con nuestro apoyo. Una cuidadora nos ayuda con los cuidados que requiere nuestro ser querido, pero la responsabilidad es de la familia.

También hay que ser flexible ante las necesidades que la cuidadora puede tener. Esa persona puede tener hijos o familiares que, en un determinado momento, pueden enfermar. En lo que se pueda, hay que estar dispuesto a ayudar.

Si observamos que la cuidadora está contenta y nosotros también lo estamos, se le puede ofrecer un plus a su salario o proporcionarle más tiempo libre.

Si la cuidadora está contenta, y, además, recibe un incentivo, la cuidadora se quedará con nosotros.

 

17 noviembre de 2022

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