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Cuándo se debe ingresar en una residencia

En el momento en que la persona no se valga por sí misma y el cuidador no pueda atenderla correctamente y garantizar su seguridad

Decidir cuándo un familiar debe ingresar en una residencia no es fácil. En esa decisión se mezclan muchas emociones y estereotipos y, sobre todo, la presión social sobre lo que significa, por ejemplo, ser un buen hijo o una buena esposa. Sentir que hacemos lo correcto y los demás lo aprueban. Pero lo cierto, es que solo el cuidador principal debe averiguar lo que está bien. En este artículo respondemos a algunas preguntas que quizá te hayan surgido. Las respuestas solo pretenden ser una guía que te ayude a tomar una decisión que sea buena para tu ser querido y para ti.

¿Por qué Ana y sus hermanas deciden ingresar a su madre en una residencia?

Ana nunca creyó que tendría que ingresar a su madre en una residencia. Ella era consciente de que estaba perdiendo facultades, pero esa opción no entraba en sus planes de futuro. En realidad, no se había planteado ningún plan. Quería tanto a su madre que no se había preparado para el final.

Cuando su madre empezó a mostrar síntomas de demencia, Ana no se preocupó porque desconocía en qué consistía esa enfermedad. Se dijo para sí: son cosas de la edad.

Un día, cuando la cuidadora la fue a despertar, observó que su madre no reaccionaba. Había sufrido un ictus. Después vino una larga estancia en el hospital y cuando se estabilizó, regresar a su domicilio ya no era posible.

Su madre había sobrevivido al ictus y a una neumonía por aspiración, pero necesitaba muchísimos cuidados y la demencia vascular, que llevaba años padeciendo, se había acelerado. Ya no era capaz de vestirse ni de comer por sí misma ni de andar y tampoco hablaba.

En ese momento, Ana y sus hermanas se plantearon trasladarla a una residencia. Fue una de las decisiones más difíciles que han tenido que tomar en sus vidas.

Pero ¿por qué se sentían tan mal? ¿Por qué la culpa les hacía pensar que eran unas malas hijas? ¿Cómo eran las residencias? Jamás habían estado en una.

¿Cómo son las residencias para ancianos?

Es muy importante romper con la imagen de los antiguos asilos. Los centros residenciales actuales son lugares en los que conviven adultos mayores (personas de 60 años o a partir de 65) que se relacionan entre sí en función de sus capacidades y que cuentan con los cuidados de un equipo multidisciplinar especializado.

Tienen médicos y enfermeras, que se ocupan de hacer un seguimiento de su salud; terapeutas ocupacionales, que se encargan de estimular sus capacidades cognitivas y de ayudarles a realizar las actividades de la vida diaria (asearse, vestirse, comer, entre otras); psicólogos, que contribuirán a que la persona y su cuidador tengan una buena salud mental; fisioterapeutas, que ayudarán a recuperar y mantener la máxima movilidad y funcionalidad del residente, y la trabajadora social, quien se encargará de facilitar su adaptación al centro, gestionar trámites con los servicios sociales, el juzgado o entidades externas, en caso de que fueran necesarias.

La mayoría de las personas que viven en una residencia suelen tener un nivel de dependencia medio-alto: necesitan ayuda con las actividades de la vida diaria y deben tener un seguimiento de sus enfermedades crónicas. Por tanto, estos centros tienen que contar con suficientes capacidades asistenciales como para cubrir esas necesidades.

Los centros de Sanitas Mayores, conscientes de esta situación, además de tener un médico y servicio de enfermería, han reforzado los cuidados, ofreciendo un acceso permanente por vídeo consulta a médicos de urgencia las 24 horas. Además, los médicos de las residencias pueden consultar sus dudas con especialistas sin que los residentes tengan que desplazarse a un hospital o a un centro sanitario.

Las residencias también ofrecen terapias para estimular cognitiva y sensorialmente a los residentes y organizan actividades de ocio que faciliten la socialización.

No olvidemos que un buen centro nos tiene que parecer agradable, un lugar en el que nos gustaría estar.

¿Cuándo se debe pensar que una persona con demencia debe ingresar en una residencia?

La demencia es una enfermedad neurodegenerativa para la que no hay un tratamiento curativo. Esto significa que, a medida que la enfermedad avance, la persona va a necesitar más y más cuidados. Hasta el punto en que reclamará una supervisión constante.

Por mucho que el cuidador quiera enfrentarse solo a este desafío, llegará un momento en que no podrá. ¿Cómo sabremos que ese momento ha llegado?

Cuando analicemos las necesidades de nuestro ser querido y veamos que no podemos cubrirlas. Cuando nuestro familiar con demencia ya no pueda vivir de forma independiente, cuando no sea capaz de cuidarse por sí mismo o de mantenerse a salvo.

Para estar seguros, es conveniente hacer una lista con las necesidades que tiene y, al lado, poner en cada una si las podemos cubrir adecuadamente.

Por ejemplo:

  • ¿Su ser querido puede cuidarse por sí mismo? ¿Necesita ayuda para casi cualquier actividad de la vida cotidiana, como ir al baño, ponerse de pie, caminar, acostarse y realizar las rutinas de higiene personal?
  • ¿Ya no se acuerda de comer, bañarse o de realizar otras tareas importantes?
  • ¿Suele mostrarse confundido y olvidadizo, incluso en situaciones que le resultan muy familiares
  • Debido a la confusión que sufre ¿se suele poner en peligro?
  • ¿El cuidador principal constantemente se siente agotado?
  • ¿Tu ser querido necesita cuidados profesionales?

Como hemos observado en las anteriores preguntas, además de tener en cuenta las necesidades de su ser querido, también hay que considerar qué es lo mejor para el cuidador principal y para las otras personas que le ayudan con su familiar.

El agotamiento físico y mental pasa factura a todas las personas que participan en esta labor y a las relaciones que mantienen entre ellas y con el paciente.

¿Qué suele desencadenar el ingreso en una residencia de una persona con demencia?

 Habitualmente esta decisión se toma cuando se produce un suceso inesperado, como:

  • Un ingreso hospitalario.
  • La cuidadora principal cae enferma.
  • Cuando el cuidador teme por su salud y por su seguridad debido a que su ser querido pasa despierto todas las noches o se ha vuelto agresivo o está muy agitado.
  • No se disponen de los medios necesarios o adaptados para su cuidado diario.

Es importante haber reflexionado antes sobre esta opción para que la familia no tenga que tomar esta decisión con urgencia. En muchas ocasiones, elegir de forma precipitada nos puede llevar a seleccionar mal el centro al que llevaremos a nuestro ser querido.

Antes de que la enfermedad avance demasiado, es conveniente comentar con él esta posibilidad. En el caso de que esté de acuerdo, puede ser muy tranquilizador para el cuidador principal saber que está siguiendo los deseos de su ser querido.

También puede ayudar hablar con amigos o familiares o conocer la opinión de profesionales, como el médico o la trabajadora social.

¿Qué beneficios ofrece el centro residencial a la persona con demencia?

  •  Atención y apoyo de profesionales las 24 horas del día.
  • Constante supervisión de su ser querido para garantizar su seguridad.
  • Tiempo para visitar y disfrutar de su ser querido, en vez de estar ocupado todo el día con su cuidado.
  • Socializar con otros residentes, mientras su enfermedad se lo permita.
  • Hacer sugerencias y facilitar información a los profesionales del centro para que su ser querido reciba el mejor cuidado.
  • Realizar actividades adaptadas a su perfil, guiadas por profesionales, para preservar sus capacidades cognitivas y funcionales el mayor tiempo posible.

¿Quién toma la decisión de ingresar a un familiar con demencia en una residencia?

Cuando una persona ingresa en una residencia, lo primero que hay que hacer es firmar un contrato. Si nuestro ser querido ya no tiene capacidad de decidir, hay varias opciones:

  • Que la decisión la tome el familiar que actúa como guardador de hecho. Entonces, será él quien firme en su nombre. En ese caso, el centro debe comunicar al juzgado que se ha producido un ingreso involuntario de una persona con demencia, que no tiene tramitadas las medidas de apoyo a la capacidad. Ese proceso se denomina internamiento judicial. Más adelante, el juzgado realiza una valoración para cerciorarse de que, realmente, la persona no puede decidir por sí misma.
  • Que el familiar ya tenga reconocidas las medidas de apoyo a la capacidad por el juzgado y esté reconocido como curador.
  • Que exista un poder notarial previo en el que se designa a un familiar como curador.

Para que los deseos de nuestro ser querido sean respetados en todo momento, es conveniente que una vez que conocemos el diagnóstico de su enfermedad, tengamos una charla con él y le preguntemos cómo quiere ser cuidado cuando él ya no pueda decidirlo.

Si no sabemos cómo plantear esta conversación, dado que no es nada fácil, quizá la consulta a un psicólogo nos pueda ayudar.

Finalmente, Ana y sus hermanas encontraron una residencia para su madre. Este lugar se convirtió en su nuevo hogar. Conocían el nombre de todas las auxiliares. Se convirtieron en sus amigas, en sus cómplices. Juntas cuidaron de su madre. Les gusta recordar con qué esmero la peinaban y escogían su ropa. Ella era tan coqueta…

De esto ya hace muchos años, pero todavía hoy, cuando Ana pasa por delante del centro, tiene deseos de entrar y de volver a darles las gracias. Fue un periodo duro que recuerda con cariño gracias a ellas.

Referencias:

Care homes: When is the right time and who decides? Alzheimer’s Society

When should someone with Dementia Move Into a Care Home? Carehome.co.uk

 

Fecha de publicación: 29 junio 2023

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