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Leve 17 mayo de 2016

Cuando el riego sanguíneo no llega…

La demencia vascular puede estar producida tanto por un estrechamiento como por un bloqueo de los vasos sanguíneos del cerebro

A Laura no se le olvida cómo se enteró de que su madre sufría demencia vascular.

Un día de agosto, mientras estaba haciendo ejercicio, sonó el teléfono: “Tu mamá. La he ido a despertar para que se levantara y no responde”, le explicó la cuidadora.

Laura lamentó en ese momento no estar más en forma para volver más rápidamente a casa. Cuando llegó a su dormitorio, tenía la mano de su cuidadora cogida y los ojos abiertos, pero sin mirar hacia ningún sitio. Llamaron a la ambulancia. No tardó mucho en llegar, pero la espera se le hizo eterna.

Tras las pruebas, le informaron de que su madre había tenido un ictus. Su madre sobrevivió. Pero ese día, Laura comenzó a investigar y a atar cabos hasta que los datos le condujeron hasta esta patalogía. Ella sabía que su madre había ido perdiendo facultades, paulatinamente, pero lo asociaba a “cosas de la edad”.

Ahora, ya había dado con el nombre y el apellido de lo que pasaba, y, a medida que iba sabiendo más, las piezas iban encajando.

¿Qué es la demencia vascular?
Un insuficiente riego sanguíneo daña e, incluso, puedo matar las células de parte del cuerpo. El cerebro posee una de las redes más ricas de vasos sanguíneos, y por eso es especialmente vulnerable.

La demencia vascular es uno de los tipos de demencia más comunes, después de la enfermedad de Alzheimer y junto con la demencia por Cuerpos de Lewy. Se estima que es responsable del 10% al 20% de los casos de demencia.

Causas que provocan la demencia vascular
Esta demencia se debe tanto a un estrechamiento como a un bloqueo total de los vasos sanguíneos del cerebro, lo que provoca que no lleguen los nutrientes y el oxígeno a las células del cerebro y, por lo tanto, no funcionen correctamente.

Esta patología puede ser debida a varios ictus pequeños que se pueden suceder a lo largo del tiempo. En otras ocasiones, se debe a un ictus de gran tamaño o que se ha producido en una localización estratégica.

No todo los ictus desembocan en demencia, pero algunos pacientes, que han sufrido un ictus, desarrollarán demencia inmediatamente después o en los seis meses siguientes.

Hay que tener en cuenta que un porcentaje importante de pacientes puede sufrir una enfermedad de Alzhéimer y problemas cerebrovasculares, que es lo que se ha venido denominando “demencia mixta”.

Los principales factores de riesgo para sufrir una patología cerebrovascular son: hipertensión arterial, tabaquismo, diabetes mellitus y colesterol elevado.

Factores de riesgo que pueden producir una demencia vascular
Las personas que sufren demencia vascular han tenido uno o más de los siguientes factores de riesgo: ataque al corazón, ictus, hipertensión, diabetes, colesterol o son fumadores.

Si un paciente ha sufrido múltiples ictus, el riesgo de desarrollar demencia vascular aumenta con el número de ictus experimentado a lo largo del tiempo.

Síntomas asociados a la demencia vascular
Las personas con demencia vascular sufren problemas cognitivos: deterioro de la memoria, afasia (el paciente tiene problemas con el lenguaje, para emitir o entender palabras), apraxia (la persona es incapaz o tiene dificultad para coordinar movimientos para realizar tareas concretas), agnosia (incapacidad para reconocer estímulos previamente aprendidos). La agnosia produce una pérdida en la capacidad de reconocer sonidos, objetos o personas, sabores u olores y problemas funcionales.

Las personas con demencia pueden experimentar síntomas neurológicos en relación con los ictus que han sufrido, como problemas para caminar, para mantener el equilibrio, debilidad en las extremidades, etc. También pueden sufrir delirios, confusión, agitación, problemas urinarios y depresión.

Si se compara con la evolución de la enfermedad de Alzheimer, la pérdida de memoria, en general, no predomina tanto en la demencia vascular y el inicio suele ser más brusco.

Cuando se produce un infarto que afecta a la corteza cerebral predomina la afectación del lenguaje, el cálculo, la memoria, la apraxia y la agnosia. Pero si la afectación es más difusa, al ser producida por pequeños infartos cerebrales, se manifiesta, fundamentalmente, con lentitud de ideas, falta de atención y dificultad en las funciones ejecutivas (que son aquellas funciones cognitivas que nos permiten planificar y programar actividades).

En la demencia vascular también pueden aparecer alteraciones de conducta, predominando la apatía.

En el desarrollo de esta enfermedad, un paciente puede permanecer estable durante un periodo y, luego, empeorar, o alternar periodos en los que permanece estable y, de repente, empeorar.

Cómo diagnosticar la demencia vascular
Se realiza mediante la historia clínica, interrogando al paciente y a un informador fiable (generalmente un familiar) sobre la sintomatología y situación funcional, junto con la exploración neurológica y, sobre todo, tras la exploración neuropsicológica (se realizan una serie de tests para conocer el estado de las funciones cognitivas -memoria, atención, lenguaje, etc- es decir, si están alteradas).

Se debe realizar una analítica completa que descarte otras causas de demencia. Las pruebas radiológicas (tomografía axial computerizada (TAC) craneal o resonancia magnética cerebral (preferiblemente esta última) y de medicina nuclear (SPECT o PET cerebral) ponen de manifiesto la patología vascular cerebral que apoya el diagnóstico.

Tratamientos para abordar la demencia vascular
No existen medicamentos para tratar específicamente esta enfermedad, pero algunos de los tratamientos para el alzhéimer pueden ayudar. Los médicos suelen prescribir inhibidores de la colinesterasa y memantina.

Controlar los factores de riesgo vascular mediante tratamientos o cambios en el estilo de vida ayudarán a que la demencia vascular no se agrave.

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3 Comentarios

  • Cuando a mi madre le diagnosticaron una demencia vascular se fue poco a poco y ahora es como si tuviera a otra madre. Mi madre, a la que yo conocía, ya no está.

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