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Cuando el paciente con demencia se desinhibe

Comportamientos sexualmente inapropiados

 
Julia solía coincidir con Lourdes, la cuidadora de un paciente con demencia, en el pasillo del hospital mientras esperaba que a su madre la asearan. Enseguida, comenzaron a hablar. A Julia le sorprendió lo joven que era. Un día Lourdes le preguntó si necesitaba a una cuidadora.

-No, lo siento, contestó Julia. Pero, no lo dirás por ti ¿verdad? Tú estás cuidando de Félix.
-Sí, pero necesito cambiar. Es que me siento muy incómoda con él.
-¿Incómoda? ¿Por qué?
-Porque me pide que le enseñe los pechos, y yo no quiero.
 
Julia no supo qué decir, solo la miró. Pero aquella conversación no se le fue de la cabeza en todo el día. ¿Qué podría hacer Lourdes? Lo comentó con Celia, la cuidadora que la ayudaba con su madre. Ella le explicó que también había pasado por una experiencia parecida. Un señor, al que cuidó unos años antes, no paraba de insistirla en que durmiese con él.
 
Según el estudio Demencia y comportamientos sexualmente inapropiados (CSI): Qué sabemos y qué necesitamos saber, existen autores que estiman que la prevalencia de este trastorno está entre un 18% y un 15%. En otro estudio, realizado por Szaasz (1983), en que se preguntaba al personal de enfermería de unidades dedicadas a la atención de hombres mayores con demencia, se calculó que la cifra ascendía al 25%. Pero no existe un acuerdo, dado que otros trabajos apuntan unos porcentajes mucho menores.
 
El problema es que este tipo de comportamientos son difíciles de evaluar y de manejar porque están rodeados de factores culturales, religiosos y de prejuicios asociados con la sexualidad de los adultos mayores.

Pero ¿qué se entiende por comportamiento sexualmente inapropiado?
Según Johnson et al. (2006), son actos verbales o físicos de naturaleza sexual explícita o percibida, que resultan inaceptables en el contexto social en el que se dan. Aunque los motivos por los que una persona con demencia adopta estos comportamientos no están claros, hay autores -Shapira y Cummings (1989)- que aseguran que el origen se debe a una alteración de las vías neuronales encargadas de regular el deseo sexual. Por su parte, Robinson (2003) afirma que los lóbulos frontales y temporales son los principales responsables de la regulación de la libido.

Las personas que sufren cambios en estas zonas suelen tener alteraciones conductuales y de personalidad. De hecho, una persona con el lóbulo frontal alterado se muestra más desinhibida sexualmente, mientras que la disfunción del sistema temporo-limbíco le impide interpretar, desde el punto de vista emocional y racional, su deseo sexual. También se ha observado que el consumo de levodopa, de benzodiacepinas y de alcohol puede provocar este tipo de trastornos.
 
Además de las causas neurobiológicas, la aparición de este tipo de trastornos se ha relacionado con factores psicosociales. Muchas personas que sufren demencia pueden experimentar intensas sensaciones de soledad, miedo y ansiedad, lo que les puede llevar a buscar maneras de aproximarse a otras personas. El avance de la enfermedad también puede provocar en el paciente una pérdida de autoestima, y la actividad sexual podría ser un elemento para reafirmarse.
 
Algunos comportamientos…
Los problemas de memoria, especialmente el olvido del pasado reciente, puede hacer que la persona quiera volver a mantener una relación sexual cuando la acaba de tener. En otros casos, se producen dificultades para interpretar determinadas situaciones lo que puede provocar comportamientos sexualmente inapropiados. Por ejemplo, un paciente que tenga una cuidadora que le ayuda a asearse puede confundir esa situación con otra que tenga claras connotaciones sexuales. En este caso, y si el paciente se encuentra en la fase leve, el primer paso sería explicar a la persona por qué determinadas conductas no son aceptables.
 
Otro tipo de comportamientos se pueden modificar controlando los estímulos que las han provocado, buscando el cese de ese estímulo o propiciando que la persona tenga otra conducta. Si hemos observado que una persona tiene este tipo de comportamiento cuando aparecen escenas eróticas en la televisión, una solución sería evitar que viera este tipo de escenas. En caso de que se produjeran, como en el caso anterior, cuando el paciente es aseado por una persona del sexo opuesto, se podría optar por sustituir a esa persona por otra del mismo sexo.
 
Podría ocurrir que la persona con demencia se comportara así para llamar la atención. Si ese fuera el caso, la estrategia consistiría en ignorar su comportamiento. Aunque esta actitud no siempre conducirá a que se elimine el problema. Por ejemplo, si una persona se masturba en privado o en público: ignorar este comportamiento no producirá que lo deje de practicar porque a la persona le produce placer.
 
Existen otras conductas que tienen una fuerte carga sexual pero que, en realidad, no persiguen satisfacer ninguna necesidad de ese tipo. Esto ocurre cuando una persona no es capaz de vestirse y se presenta semidesnuda antes los demás,
 
Otro aspecto interesante, señalado por algunos autores, apunta a que la sexualidad es una faceta del ser humano que le acompaña hasta el final de su vida, y su función va más allá de la lúdica, reproductiva y social. Existen expertos que afirman que la conducta sexual podría servir para reducir el miedo, la ansiedad y la soledad e, incluso, para aumentar la autoestima.

Se han observado que los comportamientos pasivos o de una excesiva dependencia, que tienen algunas personas mayores, buscan controlar a las personas que les rodean.  Constituyen una manera de obtener atención, contacto físico y emocional. En sus trabajos, han adaptado estos razonamientos a los comportamientos sexuales y han llegado a la conclusión de que quizá estas conductas lo que buscan es mantener una relación o obtener contacto físico. Y, aunque la interacción que se consigue es negativa, quizá esa interacción sea mejor que nada.
 
Recomendaciones
El tratamiento de este tipo de comportamientos debe respetar al paciente y, por lo tanto, su capacidad para expresar su sexualidad. Por eso, cuando nos encontremos ante una situación de este tipo deberíamos implicarle, tanto a la hora de detectar la causa que lo provoca como a la hora de buscar una solución.
 
Julia no volvió a coincidir con Lourdes. Ahora es un chico el que acompaña a Félix en sus paseos, quien no deja de mirar a todas las cuidadoras jóvenes que deambulan por el hospital.

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