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Moderada 22 abril de 2021

Cómo utilizar las actividades cotidianas para estimular cognitivamente

Practicar sus aficiones, ir a la compra o dar un paseo pueden ser un magnífico modo para lograr activar su cerebro

Las personas con demencia necesitan incluir en su rutina diaria actividades que les estimulen cognitivamente para que la evolución de la enfermedad sea lo más lenta posible. Una terapeuta ocupacional nos enseña cómo utilizar sus aficiones y las tareas cotidianas para lograrlo.

Juan hacía tiempo que tenía trazado su plan. En cuanto se jubilara, se dedicaría a su gran pasión: la botánica. Toda su vida había trabajado en la base aérea de Torrejón de Ardoz, en mantenimiento, pero él de forma autodidacta se había ocupado de estudiar las plantas. Y, ahora, después de muchos años, ya era un experto.

Juan cumplió parte de su plan: se jubiló. Pero justo al retirarse, su esposa empezó a observar pequeños fallos. Se le olvidaban las citas, dónde dejaba sus cosas, lo que le acaban de decir. Algo no marchaba bien.

El especialista le diagnosticó demencia mixta. Lo que significa que sufre alzhéimer y, además, una demencia vascular.

Por eso, Juan tiene problemas con el lenguaje, le cuesta expresarse, le falla la memoria, le es difícil encontrar las palabras. Una de las frases que más repite es “lo tengo en la punta de la lengua”.

A nivel físico, presenta dificultades para andar y de equilibrio, síntomas muy comunes en los pacientes con demencia vascular. Para ayudarse a caminar se apoya en un bastón.

Fue su mujer, Ángeles, quien decidió ponerse en contacto con el servicio En Casa Contigo para contratar una terapeuta ocupacional que diseñara una programa de estimulación cognitiva para ralentizar la progresión de la enfermedad. Y fue así como Elena Gil Quero entró en la vida de Juan.

Como es habitual, los principios no suelen ser fáciles, y en esta relación tampoco lo fueron. Juan, como muchos pacientes, no asumía su enfermedad. Así que, pensaba, si él estaba bien, qué sentido tenía contratar a una chica para que viniese a su casa a darle clase. ¿Clases de qué? Él tenía sus plantas, su huerto, y con eso le bastaba.

Sin embargo, a veces, las dificultades terminan siendo una bendición. Y fue precisamente la oposición de Juan, lo que llevó a Elena a dar un cambio a su estrategia y sustituir el domicilio por un paseo. Más aún, decidió intercambiar los papeles: en vez de profesora sería alumna, y Juan le enseñaría botánica.

El plan funcionó y, gracias a él, los lunes y los miércoles quedaban en el parque que estaba cerca de su domicilio.

Elena, antes de comenzar la sesión, se marcaba unos objetivos. A ella le gusta, sobre todo, comenzar con unos ejercicios de orientación. “Suelo empezar de esta manera porque así consigo traer al presente a la persona”, explica.

Después de saludarse, Elena le preguntaba en qué día estaban, qué hora era, en qué estación del año vivían.

Primera recomendación para el cuidador

 “Yo animo a los cuidadores a practicar este ejercicio de orientación. Si hay un calendario en casa, vuestro familiar puede marcar el día en que está. De esta manera, la persona recuerda en qué estación se encuentra, si hace frío o calor; le traemos al presente”, añade Elena.

El siguiente objetivo que se marcó con Juan fue aumentar su autoestima. Si lo conseguía, el resto de los objetivos vendrían rodados. Cognitivamente, Elena quería ejercitar el lenguaje y la memoria.

En la libreta en la que han apuntado los temas que van a abordar cada día, hoy tocaba hablar del árbol “el plátano de sombra”. En Alcalá, hay uno enorme, precioso.

Juan comenta a Elena detalles sobre su longitud, recuerda su nombre en latín, le explica por qué es tan habitual que se plante en las ciudades, lo bien que convive con la contaminación …

Cuando se calla, Elena, que lleva la lección preparada, le tira de la lengua. Pero como a Juan le encanta este tema, el lenguaje y la memoria fluyen sin que él se dé cuenta de que están haciendo una actividad de estimulación cognitiva.

Pero no solo eso, mientras observan el enorme árbol, su frondosidad, están caminando. Así que, además, trabajan la marcha y el equilibrio, dos ejercicios que necesita Juan, y lo hacen mientras hablan, mientras Juan está activando su memoria, lo que convierte esta actividad en un ejercicio muy completo.

 Segunda recomendación para el cuidador

Elena nos da algunas pistas para que los cuidadores puedan adaptar este tipo de actividades a las necesidades de su familiar. “En el caso de que vuestro ser querido presente un mayor deterioro, podéis optar por pasear o por charlar con un algún vecino o, simplemente, por sentaros en un banco mientras observáis cómo juegan los niños. Quizá esto le anime a hablar de su infancia, de cómo jugaba, por ejemplo, cuando era pequeño. Y el mero hecho de que le escuchéis le hará sentirse importante”.

Los viernes la rutina entre Juan y Elena cambia completamente. Los viernes les toca ayudar a Ángeles a hacer recados. Juan tiene que hacer la compra. Esta vez quedan en el portal de su casa y juntos se van al mercado.

Juan tiene que explicarle a Elena por dónde tienen que ir y qué es lo que deben comprar. “Yo le acompaño y si veo que surge alguna dificultad, le doy apoyo, pero, si no, le dejo”, precisa Elena.

“Mediante esta tarea lo que busco es trabajar la orientación espacial porque Juan me indica el camino. También trabajamos la atención, la concentración, el lenguaje, las habilidades sociales porque es él quien tiene que dirigirse al carnicero, al frutero o al pescadero. Y, además, como debe llevar el control del dinero, ejercita actividades instrumentales”.

 Tercera recomendación para el cuidador

“Si vuestro familiar tiene cierta autonomía, se le puede proporcionar un lista con pocas cosas y darle el dinero justo para que vaya a comprar. Por ejemplo, que baje a comprar un kilo de plátanos y le damos el dinero justo. De esta manera, conseguimos que mantenga durante más tiempo su autonomía, lo que reforzará su autoestima”.

En el caso de que no pueda salir solo, podéis pedirle que os ayude a hacer la lista de la compra y podéis ir juntos a comprar y dejar que sea él quien hable con el comerciante.

Y si necesitáis que las actividades sean más sencillas, animarle solo a que os acompañe.

Elena asegura que la calle puede ser una magnífica manera de estimular a nuestro familiar. “El hecho de disfrutar, de sonreír, de pasar un rato agradable con nuestro ser querido es la mejor estimulación. No lo olvidéis: Tanto para él como para vosotros”.

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Podemos ayudarte con el cuidado de tu familiar en tu propio domicilio. Un equipo, experto en el cuidado de mayores, podrá asesorarte y diseñar un plan de cuidados adaptado a las necesidades de tu ser querido, proporcionando todo el conocimiento, servicios y terapias necesarias.

 

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Puedes elegir servicios específicos o un programa de cuidados continuo.

2 Comentarios

  • Mi marido tiene una enfermedad degenerativa, tiene inestabilidad. Me gustaría que pudiese relacionarse con personas de su edad para cambiar y encontrarse un poco activo, y así tener mejor su autoestima. Salir y relacionarse. Aunque para él su principal es no poder ir solo por necesitar apoyo personal.

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