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Moderada 1 mayo de 2019

Cómo logré que una paciente con demencia frontotemporal se lavara ella misma

Una psicóloga nos explica que muchas veces los trastornos de comportamiento son la única manera que tiene el enfermo para comunicarse

La psicóloga Laura Llaguno no enseña cómo actuar frente a una paciente con demencia frontotemporal que actúa de forma agresiva cuando se la intenta lavar. Su experiencia la llevó a investigar en su historia de vida y a respetar sus costumbres previas.

Todos los días, Laura recorre el pasillo de la segunda planta. Lleva varios años haciéndolo, y siempre, siempre, cuando pasa por la habitación que está frente al ascensor, no puede evitar sonreír y entonar mentalmente una estrofa de la canción “Santander”.

Ese bolero de Jorge Sepúlveda con el que consiguió conectar con Estela, una mujer de 87 años, pelo blanco, ojos azules, elegante, culta, y afectada por una demencia frontotemporal que había logrado vaciar su conversación de palabras, pero no de emociones.

“Cuando ingresó en la residencia todavía se expresaba con algunas palabras, pero lo que decía ya no tenía sentido. Por ejemplo, podía decir que esa mesa estaba guapa”, explica Laura Llaguno, psicóloga del Centro Residencial Alameda (Madrid).

Cuando Estela se trasladó a vivir al centro, ya la conocía todo el equipo. El año anterior, había permanecido durante una temporada para realizar un programa de rehabilitación. Y al año siguiente, le diagnosticaron demencia frontotemporal. “Fue un cambio muy brusco porque yo la conocía cuando sus facultades no estaban afectadas, y era una persona muy culta, muy bromista, agradable. Y al año siguiente vuelve, y observas que se pone agresiva y que no puede seguir una conversación”, comenta Laura.

Uno de los momentos más difíciles era la hora del aseo: no quería ducharse de ninguna manera. Estela se trasformaba: gritaba, insultaba, pegaba a las auxiliares. “Cuando observas este comportamiento, piensas que es debido a la demencia, a la propia evolución de la enfermedad. Pero también comencé a pensar: qué casualidad que siempre reaccione de esta manera cuando intentamos ducharla”, recuerda Laura.

Entonces, recurrimos a la historia de vida, es decir, a su pasado, a qué cosas hacía cuando no estaba enferma. Hablaron con su hijo y le preguntaron por sus hábitos: a qué hora se solía duchar y con qué frecuencia. “Su hijo nos comentó que su madre siempre había sido muy limpia, que siempre se duchaba, y que todas las semanas iba a la peluquería. Él no dio ninguna importancia a lo que nos acababa de decir, pero yo le pregunté si su madre nunca se lavaba el pelo en casa, y él me dijo que no, que siempre se lo lavaban en la peluquería”.

Fue entonces cuando Laura cayó. La razón por la que Estela se ponía tan agresiva era porque no quería que la lavasen la cabeza y estropearan su peinado.

“Lo primero que hicimos fue llevarla todos los miércoles a la peluquería, y cuando íbamos a ducharla, verbalizábamos mucho. Le decíamos que no se preocupara, que no la tocaríamos el pelo. Le poníamos un gorrito para que ella se diera cuenta de que, efectivamente, no le íbamos a mojar la cabeza. Al final, no solo dejó de mostrarse agresiva, sino que comenzó a colaborar, y logramos que ella misma se extendiera el jabón con la esponja”.

Estela había pasado de rechazar el baño a lavarse ella misma; solo necesitaba un pequeña supervisión. Esa agresividad que había mostrado se producía porque no podía comunicar que no quería que la lavaran el pelo.

Esta experiencia es un ejemplo concreto de lo que significa en la práctica diaria proporcionar una atención centrada en la persona. Se trata de ejercer un cuidado en el que se tiene en cuenta la historia del paciente: sus gustos, sus preferencias, su personalidad previa. Se trata de respetarle al máximo. Cuidando de esta manera a los enfermos, los trastornos conductuales se pueden reducir en gran medida.

Esta experiencia también les sirvió para saber que si Estela volvía a mostrar un comportamiento similar, podría deberse a que quería expresar algo que no quería hacer. Habían identificado un posible patrón en su conducta.

Su amor por la música también fue de gran ayuda. Era una auténtica melómana. Le encantaba la música clásica, pero, en realidad, podía hablar de cualquier tipo de música. Así que cuando la demencia frontotemporal le provocaba reacciones agresivas, Laura respetaba su espacio.

“Muchas veces, lo mejor que puedes hacer es apartarte porque necesitan liberar esa energía. Íbamos a su cuarto y la dejábamos sola con un CD puesto, y después de un rato, se tranquilizada”, explica Laura.

Estela era una mujer entrañable, y se hacía querer. Las emociones no nacían de su conversación, porque era muy difícil entenderse con ella mediante las palabras. Las emociones se abrieron paso de otra manera.

“Yo soy de Santander -comenta Laura- y ella también, así que nos unió la canción de Jorge Sepúlveda. Le ponía la melodía, y ella la interpretaba para mí. ‘Santander eres novia del mar, que se inclina a tus pies’, y ella hacía como una reverencia. Luego la canción continuaba ‘y sus besos te da’, y Estela me lanzaba un beso”.

“Otras veces, le preguntaba por sus hijos, y luego ella me preguntaba por los míos. A pesar de la enfermedad, era capaz de sentir empatía y de preocuparse por mí”.

Laura y Estela desarrollaron muchas más actividades juntas. Tenían un juego sobre países y capitales porque antes de enfermar, Estela había viajado mucho. Otra veces, pasaban ratos haciendo un florero. Era feliz colocando las flores. “Yo le preguntaba por los colores, y ella me los decía: rojo, rosa, amarillo, blanco”.

De esta forma, Laura conseguía romper el aislamiento que la demencia frontotemporal provoca en los pacientes. Era la forma que habían encontrado para socializar, para que Estela sintiera que se la entendía. Una forma que transcendía las palabras, que se basaba en la pura emoción.

7 Comentarios

  • Que importante es saber parte de su historia de vida, lo relevante para poder manejar de una forma respetuosa a esas personas que viven en una residencia. En la nuestra todos los días así lo hacemos. Las terapeutas ocupacionales junto a auxiliares de geriatría, enfermeras y psicólogas creamos un equipo para realizar la mejor intervención posible.

  • Mi marido padece esa cruel enfermedad y el día a día es imprevisible y a la vez previsible. La contradicción la marcan sus manias rutinarias, ponre lavadoras con pocas prendas,fregar platos y vasos, dormir mucho y aislarse. Lo impredecible son sus ataques de ira y su falta de comprension del lenguaje y el sentido de y significado de las palabras. Es muy duro lidiar con todos los sintomas de esta enfermedad.

  • Es fantástico que reuniendo toda esa información de las personas con algún problema de comunicación se pueda entablar con ellas, ellos, de otras formas comunicarse y hacerles la vida al menos algo más fácil y alegre

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