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Moderada 23 octubre de 2019

Cómo logramos que una paciente encamada volviera a caminar

Analizamos el caso de Teo, una persona con deterioro cognitivo, quien, tras un cuidadoso programa, recuperó gran parte de la calidad de vida que había perdido tras ser hospitalizada

En este artículo vamos analizar, paso a paso, el programa de recuperación que se llevó a cabo con una paciente con deterioro cognitivo, quien tras pasar un largo periodo en el hospital, regresó al domicilio para continuar encamada -no se sostenía sentada-, no quería comer y, además, se mostraba muy desorientada.

La hija de Teo está muy preocupada. A su madre, de 87 años, le acaban de dar el alta en el hospital, después de llevar varias semanas ingresada porque tuvo que ser intervenida por sufrir una perforación pilórica, que desafortunadamente se complicó con una sepsis biliar (infección particularmente grave de los conductos biliares).

Ella se ocupará de cuidar de su madre. Sin embargo, la situación es mucho más complicada de lo que en un principio pudo imaginar. Su deterioro cognitivo ha empeorado; además, no es capaz de incorporarse, lo que significa que permanece todo el día en la cama; tienen que vigilar la herida de la intervención y, por si esto fuera poco, se niega a comer. Después de dos días cuidándola entre ella y su marido, Teo no parece mejorar, así que están valorando ingresarla en una residencia dado que los cuidados que requiere son muy especializados. Pero su hija tiene dudas. Finalmente, deciden ponerse en contacto con el servicio En Casa Contigo.

Cuando la coordinadora valoró el caso, se mostró muy escéptica sobre los resultados que se podrían lograr si continuaba en el domicilio. Fue consciente de que la situación era muy complicada porque Teo había perdido mucha movilidad y requería de muchos cuidados asistenciales. De hecho, necesitaba dos personas para hacer las transferencias, es decir, para poder moverla de la silla al sofá, por ejemplo. Cuando estaba sentada, le costaba incluso mantener el tronco derecho, y se negaba a comer. Ha sido uno de los casos más difíciles a los que se han enfrentado debido a que la familia pensada contratar un número muy limitado de horas, y con ese número tenían que dar respuesta a todas las necesidades de Teo.

Entre todo el equipo se elaboró un meticuloso plan con unos objetivos bien definidos:

-Cuidar de que la herida no se infectara y se cerrará convenientemente. Poner especial cuidado en el aseo de Teo.

-Vigilar y revertir una úlcera de presión.

-Conseguir que Teo comiera.

-Lograr que Teo volviera a andar.

Para lograr estos objetivos contaban con un auxiliar que iba dos horas, tres veces por semana, y un fisioterapeuta que la visitaba una hora, dos días por semana.

Los días en que los expertos no acudían al domicilio necesitaban que la familia se implicase. Así que una parte muy importante del trabajo consistió en educar a la familia.

Primer objetivo: cuidar de la herida y asear a Teo.

El primer día la situación se complicó. Al iniciar la higiene de Teo, se observó que salía abundante líquido, a través de la herida, de la cavidad abdominal. Hubo que llevar a Teo a Urgencias porque había cúmulo de líquido retenido, y esta situación se repitió una segunda vez.

Segundo objetivo: evitar que se desarrollaran escaras.

Teo presentaba una rojez en la zona del glúteo. Para evitar que esa lesión fuera a más, educamos a la familia sobre los cuidados que tenía que recibir Teo.

-Teo tenía que tener una buena higiene. Eso significaba que cuando se le cambiara el pañal se tenían que asegurar de secar bien la piel. Después debían hidratarla aplicando una crema protectora. También tenían que procurar que el pañal estuviera siempre seco, lo que implicaba cambiarlo siempre que fuera necesario. Debían comprobar que no se crearan arrugas en la ropa que llevara Teo y las sábanas tenían que estar completamente estiradas. El colchón, al no ser especial antiescaras, debía de ser lo más uniforme posible.

-Teo tenía que cambiar de postura cada tres horas, tanto de día como de noche.

Durante el día, Teo solía estar en un sillón reclinable. La familia podía jugar con el sofá para que cambiara de postura. La clave para evitar las escaras es liberar la presión continua que se ejerce en un mismo músculo o zona del cuerpo. Por eso, por la noche, tenían que tener el mismo cuidado. Como la úlcera de presión se encontraba en el glúteo, se les recomendó que, hasta que esa zona se recuperará, comenzarán acostando a Teo del lado derecho, por ejemplo, y luego la pusieran del lado izquierdo. Cuando la zona del glúteo estuviera recuperada, podían alternar estas dos posiciones con la de acostarla de frente.

Tercer objetivo: conseguir que Teo coma.                                

Uno de los problemas a los que se enfrentaban es que Teo se negaba a comer. La familia lo intentaba cada día, pero Teo era cabezota: si decía que no era que no. De hecho, esa hora del día se estaba convirtiendo en un momento de tensión.

Lo primero que hizo el equipo de En Casa Contigo fue averiguar qué es lo que más le gustaba. Para facilitarle la ingesta le daban, sobre todo, purés. Pero, tras hablar con los familiares, averiguaron que lo que más le gustaba eran los caldos, así que cambiaron de estrategia y le comenzaron a servirle calditos.

El médico le recetó batidos con suplementos nutricionales y siempre se los daban de su sabor favorito: de chocolate. También se recomendó a la familia que trituraran las proteínas y las incluyeran en los caldos para que tuvieran un mayor aporte nutricional. Siempre tenían en cuenta las preferencias de Teo. Por ejemplo, elegía si prefería tomar el batido caliente o frío o a qué temperatura quería el caldito. Poco a poco, con mucha paciencia, lograron que Teo recuperara el apetito.

Cuarto objetivo: lograr que Teo vuelva a caminar.

El fisioterapeuta diseñó un plan con dos etapas bien marcadas: en la primera se trataría el edema de las piernas (hinchazón causada por la acumulación de líquido) y en la segunda se pautarían distintos ejercicios para fortalecer las piernas y que Teo pudiera volver a andar.

Primero se comenzó haciendo un drenaje linfático manual, una técnica de masoterapia (un tipo de masaje cuyo objetivo es movilizar y ayudar a transportar los desechos del sistema linfático) y luego se utilizaron medidas de compresión.

Tras empezar a combatir el edema, Teo comenzó a realizar ejercicios para ponerse de pie. También se trabajó el equilibrio y la coordinación. Después, poco a poco, se incorporó la marcha. Al principio con andador y luego con un bastón. Día a día se logró que Teo anduviera un poco más.

Durante las primeras sesiones, Teo se fatigaba con facilidad y solía protestar un poco. Había que mantenerse firme para no ceder a sus quejas. Sin embargo, cuando ella vio los resultados, las protestas cesaron. Al final, para fortalecer los brazos terminó realizando ejercicios con pesas de 0,5 kg.

El resultado dejó a todos sorprendidos, incluso a la propia Teo. “Yo me encuentro estupenda. En breve, me volveré a mi casa”, le decía a su hija.

Apenas cuatro meses habían hecho falta para que Teo recuperara gran parte de la calidad de vida que había perdido en el hospital. Y aunque su deterioro cognitivo, que afectaba sobre todo la memoria, continuaba, ahora era capaz de llevar a cabo su aseo personal y de salir a la calle con su familia. Pero, sobre todo, recuperó su sonrisa, y ese brillo en los ojos que tanto echaba de menos su hija.

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