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Cómo influye la microbiota en el alzhéimer

Mantener un intestino saludable, mediante la dieta mediterránea, podría reducir la posibilidad de sufrir este tipo de demencia

El ser humano siempre cree que está solo, que únicamente puede contar consigo mismo. Y eso pensaba yo hasta que descubrí que en el tracto digestivo, principalmente, en los intestinos transportamos una inmensa metrópoli formada por bacterias, virus, hongos y otros microorganismos. Se calcula que alrededor de 100 billones de bacterias, tanto buenas como malas, habitan en nuestro organismo. Y a este colectivo se le conoce como microbiota intestinal.

¿Pero para qué sirve la microbiota intestinal?

Entre los diversos papeles que desempeña se encuentra la de metabolizar los nutrientes de los alimentos, es decir, transformarlos en energía mediante una serie de reacciones químicas. También se encarga de realizar esta misma función con algunos medicamentos.

A su vez, sirve de barrera protectora contra las infecciones intestinales y produce vitamina K, que contribuye a elaborar proteínas que coagulan la sangre.

Pero parece ser que la microbiota intestinal puede hacer mucho más. Aunque la mayoría de las investigaciones solo se han realizado en animales, los resultados iniciales sugieren que las bacterias intestinales podrían ser clave para prevenir o tratar algunas enfermedades, como la diabetes mellitus tipo 2, el síndrome metabólico, la obesidad, las alergias, la enfermedad inflamatoria intestinal, el cáncer colorrectal y la enfermedad de Alzheimer.

¿Cómo afecta al cuerpo los cambios en la microbiota?

Muchas veces hemos escuchado en las películas aquello de lo que ocurre en Las Vegas, se queda en Las Vegas. Pues en los intestinos se pensaba que pasaba lo mismo. Lo que sucedía en el intestino se quedaba ahí hasta que se eliminara adecuadamente. Sin embargo, no es así. Se ha observado que los cambios que se producen en la microbiota terminan afectando a todo el cuerpo.

¿Cómo es posible? Porque el intestino es permeable y permite la salida de microorganismos y compuestos que resultan de su metabolismo.

Un cambio en los hábitos alimenticios afecta a la composición de las bacterias intestinales. Por ejemplo, cuando una persona toma un dieta rica en carne puede reducir su diversidad y promover que crezca una especie, denominada Bacteriodes. Esta bacteria puede producir neuroinflamación. Los antibióticos son otro factor que afecta al composición de la microbiota.

El desequilibrio en la flora, conocido como disbiosis, puede entonces afectar al cerebro. Para empezar el intestino cuenta con más de 500 millones de neuronas que conforman el sistema nervioso entérico, responsable de controlar nuestras funciones gastrointestinales. La interacción entre el intestino y el sistema nervioso se conoce como eje cerebro-intestino.

El eje cerebro-intestino podría estar implicado en varias enfermedades neurológicas, como la esclerosis múltiple, la enfermedad de Parkinson y la demencia.

Cuando la inflamación tiene su origen en el intestino puede viajar hasta el cerebro y penetrar en él a través de la barrera hematoencefálica, a pesar de que su función es tratar de evitar el paso de sustancias tóxicas al cerebro.

Según el artículo La enfermedad del Alzheimer y la microbioma, publicado en News Medical, un estudio reciente mostró que los pacientes con alzhéimer tenían alteradas las bacterias intestinales cuando se les comparaba con personas que estaban sanas.

Por ejemplo, se observó que, en pacientes con alzhéimer, las especies Clostridium y Bifidobacterium eran más escasas, mientras que abundaban más otras, como Bacterioides y Gemella.

Una disminución en el número de Bifidobacterium puede correlacionarse con niveles altos de beta amiloide 42 en el líquido cefalorraquídeo (LCR) de pacientes con alzhéimer. Este líquido rodea el cerebro y la médula espinal.

La proteína beta amiloide 42, especialmente tóxica, se encarga de formar placas entre las neuronas interrumpiendo la función celular. Se ha observado que las personas con alzhéimer cuentan con niveles anormales de este tipo de proteína.

Tras conocer la relación que existe entre la microbiota y el alzhéimer ¿qué podemos hacer para reducir el riesgo de sufrir esta enfermedad?

Lo primero que tenemos que saber es que los habitantes de esta gran ciudad que llevamos en los intestinos necesitan alimentarse adecuadamente, es decir, necesitan una dieta que promueva bacterias buenas frente a bacterias malas.

La dieta mediterránea se ha visto que es beneficiosa para nuestra microbiota. Una dieta rica en verduras, frutas y en fibra cambiará la composición de nuestra flora, alejando a las bacterias Bacteroides y fomentando el crecimiento de especies como Prevotella.

Por tanto, tomar alimentos frescos a base verduras, probióticos como el yogur o prebióticos como la fibra favorecerán que de forma natural haya un buen equilibro en nuestro intestino.

Consumir cebollas, ajos, nueces, lentejas, alimentos ricos en fibra y polifenoles (compuestos de origen vegetal con potentes propiedades antioxidantes, como el té verde, entre otros) ayudarán a restablecer el equilibrio en los billones de organismos que influyen en nuestro metabolismo, en la función inmune y en nuestra salud cognitiva.

 

Fecha de publicación: 18 marzo 2020

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