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Leve 26 mayo de 2021

Cómo estimular pacientes con alzhéimer con viajes simulados

La experiencia, que se ha llevado a cabo en una residencia de Holanda, les permite relajarse y reducir el estrés que les provoca la enfermedad

Hoy es uno de esos días bonitos de verano. Soleado, sin excesivo calor, en el que la luz hace que brillen con más intensidad los colores. Uno de esos días en el que la vida se cuela a través de todos los sentidos: percibes un olor dulce, cierras los ojos y sientes la claridad, te llegan sonidos alegres, risas de niños.

Pero toda esa armonía, ese festival de vida, no parece llegar a la madre de María, que permanece absorta mirando a lo lejos como si aquello no tuviera que ver con ella.

Entonces, María cierra los ojos y reproduce en su mente una de sus imágenes favoritas. Ve a su madre, de pie, con su hermano pequeño en brazos, mientras le sonríe y le intenta animar para que baile con ella. Están en el campo, junto al río. Cerca está la manta y sobre ella la cesta de mimbre con la comida preparada.

Recuerda esos domingos, cuando pasaban el día fuera. Entonces, en vez de rendirse a la nostalgia, a María se le ocurre una idea. ¿Y si pudiera traer a su madre uno de sus días? Y si pudiera acercarle el río, los árboles, ese paisaje que ella, como María, asocian a la felicidad.

Viajes simulados para reducir el estrés de los paciente con demencia

La idea no es descabellada. De hecho, en varios centros residenciales de los Países Bajos se está llevando a cabo. Concretamente, en un centro de la ciudad de Haarlem, que se encuentra muy cerca de Ámsterdam. Allí han comenzado a ofrecer a sus residentes viajes simulados en autobús o que les trasladan hasta la playa.

Los pacientes con demencia se sientan en una sala que reproduce al detalle el interior de un autobús: los asientos, el suelo, las paredes y el volante. Como relata el reportaje de The New York Times, tres residentes con demencia se han montado en él y “viajan” a través de una típica ruta.

Por las ventanas, se observan unos vídeos que reproducen las imágenes en movimiento del trayecto. En el asiento del conductor se encuentra un residente de 81 años, quien se encarga de llevar a dos de sus compañeras, también con demencia, hasta la última parada.

Un viaje que les trae muchos recuerdos, pero también la oportunidad de hacer bromas. “Estamos perdidos”, dice el conductor a sus compañeras de trayecto. Ellas no se inmutan.

“Tú eres el conductor, así que deberías saber a dónde vamos”, responde una de ellas con sorna.

Los viajes simulados es una forma diferente, más estimulante, de conseguir que los pacientes con demencia establezcan contacto entre ellos y logren reducir el estrés que les produce la enfermedad. Este tipo de experiencias les permite recordar situaciones del pasado: qué hacían cuando tomaban el autobús, a dónde iban, con quién estaban…

De esta forma los centros residenciales dejan de parecerse a un hospital o a lugares asépticos para convertirse en espacios familiares, vinculados a su pasado, que les permiten relajarse y sentir emociones que, a menudo, están bloqueadas por el estrés que les suscita la demencia.

Una experiencia virtual para experimentar lo que sienten las personas con demencia

Para comprobar hasta qué punto la confusión y el estrés mental, que experimentan los pacientes con demencia, es responsable de bloquear las capacidades que todavía pueden conservar, se diseñó un estudio en EEUU, en el que se utilizó el Virtual Dementia Tour.

Este experimento consiste en hacer que una persona sana se introduzca en una habitación en la tendrá sensaciones semejantes a las que sufre una persona con demencia. En el estudio, que se llevó a cabo en siete localidades diferentes, participaron 203 personas sanas.

Tras colocarse unos visores, unas plantillas en los zapatos, unos guantes y unos auriculares, que reproducían sonidos que les provocaban confusión, los participantes fueron conducidos a una habitación en la que todo se había dispuesto para que esa persona comenzara su particular viaje a la demencia.

Los resultados mostraron que cuando los participantes tenían que realizar cinco actividades sencillas, debido a las dificultades a las que se enfrentaban para llevarlas a cabo, terminaban abandonando, reaccionaban con rabia o tenían comportamientos inadecuados. Muchos de ellos comentaron que habían experimentado un gran desánimo durante el tour.

Los estudios indican que la depresión aumenta la confusión, y la confusión, especialmente en las etapas moderadas, aumenta la depresión. Dado que la demencia no cuenta por el momento con un tratamiento curativo, reducir el estrés del paciente, mediante entornos estimulantes o relajantes que les resulten familiares, puede ser una buena opción para lograr desbloquear las capacidades que todavía conserva.

Erik Sherder, un neuropsicólogo de la Universidad de Ámsterdam y uno de lo expertos en demencia más reconocido de ese país, asegura: “Cuanto más estrés se reduzca, mejor. Reducir el estrés y la incomodidad tendrá un efecto fisiológico directo en el paciente”.

En otro centro residencial de este país, desde los grandes ventanales del pasillo se ve una parada de autobús, que se encuentra cerca de la Estación Central de Ámsterdam. Junto a los cristales, hay un banco en el que uno de los residentes se sienta a esperar a su mujer. La imagen es tan real que parece que la parada está justo al lado, pero en realidad no es así, solo es una magnífica fotografía con una iluminación especial.

En ese mismo centro, otros residentes se reúnen en un pub. Se les ve charlando y bebiendo. Se trata de un salón de la residencia, pero que está decorado como si fuera un bar típico de la ciudad. Otra sala reproduce una cocina que muestra la misma decoración que tenían las casas cuando estos residentes eran unos niños. Los mismos muebles: el grifo, la pila, la vajilla exactamente igual que la tenían en aquella época.

Esta misma terapia ha sido adaptada para conseguir tranquilizar a los pacientes. Una de las residentes, que tiene una demencia en un estado avanzado, suele ponerse muy ansiosa y sufrir arrebatos. Al personal de la residencia le resultaba muy difícil de manejar estas situaciones porque la residente tiene, además, una constitución muy frágil.

Antes lo hubieran abordado con medicamentos, pero ahora lo resuelven llevando un proyector a su habitación para que en la pared aparezca un paisaje precioso, mientras comienza a sonar una música relajante de fondo. Y… funciona. Al rato, la paciente se calma.

Aunque esta experiencia todavía no cuenta con sólidas evidencias que demuestren su efectividad, los cuidadores del centro aseguran que con estas técnicas los pacientes necesitan menos medicación.

 

 

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