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Cómo diseñar un programa de recuperación tras sufrir dos ictus

El proceso de rehabilitación de un evento cerebrovascular debe incluir tanto aspectos psicológicos como físicos

Esta es la historia de Josep, un hombre que a los 84 años sufrió dos ictus, y de un equipo que diseñó a su medida su plan de recuperación, en el centro residencial Gerunda de Girona. Entre todos, incluida su mujer, Anna, lograron que tuviera el mayor grado de autonomía posible. Es decir, que Josep siga viviendo con su esposa, que disfrute de los paseos que se dan juntos y que pueda seguir visitando su huerto y pendiente de sus tomates y fresas, a las que cuida con mucho mimo.

Anna acaba de leer la carta que le ha entregado su marido. La ha leído ahora, cuando estaba sola, siguiendo las indicaciones que él le había dado.

-“Anna” -le ha dicho esta mañana mientras desayunaban-, “esto es para ti. Pero quiero que lo leas luego, cuando yo esté en la otra habitación”.

Y le ha dado un sobre en el que ponía su nombre. Un sobre anodino, de esos blancos que se utilizan para guardar cualquier cosa. Dentro había una cuartilla doblada por la mitad. La ha sacado y ha comenzado a leerla.

Querida Anna:

Gracias por tu colaboración. Me estás cuidando mucho. Yo no sé si yo también te cuido a ti, pero, de verdad, muchas gracias.

Siempre he estado enamorado de ti y ,ahora, aún lo estoy más.

Atentamente,

Josep

Y después de leerla, Anna ha comenzado a llorar, tanto que se ha tenido que sentar.

Puede que esta carta no sea la más romántica del mundo. De hecho, esconde un estilo de comunicación propio de las relaciones comerciales que se establecen entre clientes. Pero, en ella, Anna reconoce la forma de dictar de Josep. Es más, reconoce a su marido: esa carta es él.

Anna ha sido la secretaria de Josep desde siempre. Tendría que hacer un gran esfuerzo por recordar los años exactos. Fue así como le conoció, cuando él la contrató para llevar todas las gestiones de su empresa.

Pero hoy, leyendo esa carta, ha recordado todo lo que ha ocurrido desde que ese día de verano, hace casi dos años, Josep sufrió un ictus.

Aquella mañana, en cuanto su esposo tuvo los primeros síntomas, Anna fue a buscar el coche para llevarle al hospital. Mientras ella acercaba el automóvil, Josep la esperaba al lado de la puerta de casa. Cuando llegó, a Anna casi se le para el corazón, Josep estaba tirado en el suelo: había tenido un segundo ictus.

Josep salió de esos dos eventos. Y, tras su estancia en el hospital, comenzó un largo proceso de recuperación que hoy todavía continúa. Anna recuerda bien cada momento de este largo viaje.

Por eso, hoy esa carta no le parece insulsa o fría. Esa carta es Josep, su marido, con quien quiere seguir compartiendo su vida.

Primera etapa de la recuperación

Después de recibir el alta en el hospital, a Anna le aconsejaron que, debido al delicado estado de salud de su marido, lo mejor era que ingresara en un centro residencial para que pudiera recibir un programa personalizado con el fin de que, poco a poco, se fuera recuperando.

Fue así como llegó al Centro residencial Gerunda de Sanitas Mayores (Gerona). Cuando se trasladó, estaba desorientado tanto en espacio como temporalmente. “Le preguntabas: ‘¿En qué día estamos’ y él respondía: ‘No lo sé’. Entones, le preguntabas: ‘¿En qué lugar estamos?’ y contestaba lo mismo: ‘No sé dónde estamos’. Pero no lo notabas triste. Decía ‘no lo sé’, pero se quedaba como que no pasaba nada. Se lo tomaba todo como ‘esto es lo que me ha tocado vivir, es lo que hay”, recuerda Carla Solé, psicóloga del centro.

Josep es un hombre tranquilo, afable, siempre dispuesto colaborar. A su naturaleza no le afecta el estrés, él sigue su ritmo, pausado. Esa actitud le ha beneficiado porque cuando se encontró sin su mujer, su gran apoyo, en un entorno nuevo, se adaptó sin problema.

“No creo que su estancia aquí haya sido una experiencia traumática”, recuerda Carla. “Pero, en cualquier caso, uno de mis objetivos era conseguir que él se encontrara bien, acompañarle emocionalmente. Al faltarle su cuidadora principal, que es su mujer, lo más importante era demostrarle que yo estaba aquí para ser ese punto de apoyo”, explica Carla.

Josep echaba mucho de menos a Anna. Pero también añoraba su casa, su huerto, su pueblo. “Esos sentimientos son normales porque pasó de estar las 24 horas con ella a no tenerla cerca. Mi misión en esos momentos era acompañarle en ese sentimiento. Validar sus emociones y, a la vez, fijar unos objetivos. Le decía que era normal que se sintiera así, pero que teníamos que trabajar para que él mejorara y pudiera volver a casa”, comenta.

Cuando Carla comenzó a trabajar, su primer objetivo era orientarle, que supiera dónde estaba, qué día era. Una información que iba saliendo a lo largo de la sesión. Después se ocupaba de fomentar su atención y la percepción. “Se distraía muchísimo. Estaba en un grupo reducido de cinco personas, y si alguien se movía o cogía un lápiz, él levantaba la vista y lo observaba. Muchas veces tenía que recordarle que tenía que atender”, afirma.

Sin embargo, había otras capacidades cognitivas que mantenía, como la memoria a corto plazo y su capacidad para el cálculo. “Nosotros trabajamos con unos cuadernillos que hemos desarrollado internamente. Durante los primeros días, le poníamos sumas y restas. Pero, al ir avanzando, vimos que lo que más le gustaba era resolver problemas de razonamiento lógico. Le gustaba más hacer los ejercicios cuando tenía que averiguar el porqué”.

Josep, sobre todo, es muy observador. Le encanta quedarse quieto y analizar todo lo que ocurre a su alrededor. Por eso no tardó mucho en darse cuenta de que las uñas de Carla no eran de un color habitual. “Yo llevaba las uñas lila porque cuando me las pinto me gusta utilizar colores distintos, pues Josep, cuando me las vio, me dijo que no le gustaban, que por qué llevaba ese color tan raro”, añade.

Como tampoco se le pasó el día que Carla fue a la peluquería. “Te has cortado el pelo”, le dijo en cuanto la vio. El resto de sus compañeros, incluso su novio, no habían reparado en su pequeño cambio de estilo, pero a Josep, no se le pasó, se dio cuenta tan pronto como la vio llegar.

El hecho de que los grupos fueran muy pequeños permitía a Carla poder adaptar los ejercicios a las necesidades de Josep. “Nosotros nos marcamos unos objetivos a seis meses, pero también los vamos adaptando cada día”, concluye.

Diseño de la rehabilitación física

Además de la estimulación cognitiva, hubo que diseñar un plan para su recuperación física. El ictus le había afectado a toda la parte derecha. En esa zona, tenía una seria debilidad muscular, lo que conllevaba un alto riesgo de que sufriera una caída.

“Cuando vino del hospital, su mujer no podía estar con él. Ella siempre había sido su referencia y, como no la tenía, preguntaba constantemente dónde estaba. Nos pedía que le enviáramos un telegrama. Al final, la llamábamos cada día por videollamada”, explica Nerea Álvarez, fisioterapeuta del centro.

Por eso, el objetivo prioritario era que fuera capaz de deambular con seguridad porque se levantaba constantemente de la butaca o de la cama para salir al pasillo y preguntar por su esposa. Teniendo en cuenta que Josep mide 1 m 90 cm y tiene un poco de sobrepeso, el riesgo de caída era muy alto.

“Desde los primeros días hicimos hincapié en que caminara, aunque al principio le costaba porque perdía el equilibrio. Finalmente, logramos que caminara tanto que, a los diez días, la marcha estaba conseguida”, precisa Nerea.

Después nos ocupamos de que mejorara el tono muscular de las piernas, que pudiera subir y bajar escaleras, porque en su casa iba tener que hacerlo. También nos esforzamos en que mejorara el equilibrio. “Lo necesitaba para no caerse, para poder levantarse y sentarse, si daba un cambio de sentido, para salir o entrar en la cama, por poner algunos ejemplos”, señala Nerea.

Y así Josep pasó de temblar muchísimo cuando se subía con ayuda a un cojín inestable a aguantar cada vez más tiempo. Al cabo de cuatro semanas, Josep ya estaba listo para regresar a su casa. Salió del centro residencial por su propio pie, con las manos en la espalda, como a él le gusta caminar. “Fue muy bonito”- recuerda Nerea- “porque en cuanto vio a su mujer, nosotras desaparecimos. Nos dijo: ‘Esta es mi mujer, Anna, que ya ha venido a por mí. Me voy con ella”.

La recuperación continúa en el Centro de día

Después de que Josep regresara a su casa, se acordó con su mujer que su rehabilitación debería continuar para mantener tanto las capacidades cognitivas como su estado físico. Por eso, Josep acude diariamente al centro. Todas las tardes, de lunes a viernes.

Para no cansarle demasiado, los lunes, miércoles y viernes, Carla se ocupa de él de forma individualizada, y, los martes y jueves, acude a sesiones de fisioterapia.

No hay que olvidarse del cuidador

La mujer de Josep es completamente opuesta a su marido. Nerviosa, muy activa, desde el primer momento preguntó a las profesionales qué podía hacer para ayudar a su esposo.

En este caso, la principal forma de cuidarla ha sido comentar con ella el programa de rehabilitación y explicarle cómo podía ayudarle a recuperarse. “Ella ha sido un punto crucial en la evolución de Josep. Desde el principio, la manera en que se implicó ha sido básico para llegar hasta él”, afirma Carla.

Sin embargo, con Anna ha sido más difícil trabajar otros aspectos que son necesarios para mantener la salud mental del cuidador. “Preguntarle cómo estaba viendo a su ser querido, cómo se estaba sintiendo ella, para evitar que todo girara alrededor de Josep, ha sido muy difícil porque ha volcado su propio bienestar en cómo se sentía su marido. Como Josep ha mejorado, Anna se ha sentido mejor”, aclara Carla.

Esta tarde, como ya hace tiempo, Josep ha acudido al centro para continuar con sus terapias. Son las 18:00 h, acaba de terminar sus ejercicios en las paralelas.

Observa y se dirige decidido a un despacho, llama primero.

-“Toc, toc”, se escucha en la puerta.

-“Sí”, responde alguien en su interior.

-“¡Hola! ¿Puedo pasar”, pregunta prudente Josep.

-“Claro, pasa Josep”, le responde alguien desde el interior.

Josep se sienta y va directo al grano:

-“Ya he terminado todo lo que tenía que hacer. ¿Dónde está mi premio? ¿Dónde está mi mujer?”, pregunta.

-“Mira Josep, por ahí viene, siempre tan puntual”, le comenta Carla señalando con el dedo la ventana.

Y Josep, siempre tan educado, está vez se olvida de decirle a adiós y de sus uñas color lila. Se ha levantado, con seguridad, sin sufrir ni un pequeño traspiés, y se ha ido en busca de Anna, su Anna.

12 mayo de 2022

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