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Moderada 29 octubre de 2020

Cómo diseñar un programa de estimulación cognitiva

Entre los principales pasos, se encuentran: evaluar las capacidades del paciente, conocer su historia de vida y diseñar actividades basadas en las capacidades que conserva

Mantener el cerebro en forma no se consigue sin estimulación. Pero para un paciente con demencia, la terapia de estimulación cognitiva es una herramienta imprescindible para mantener sus capacidades el mayor tiempo posible. Nuestra terapeuta ocupacional, Lidia Bataller, nos explica, paso a paso, los elementos que hay que tener en cuenta para diseñar un buen programa.

– ¿Cómo se diseña un programa de estimulación cognitiva?

El primer paso es hacer una valoración cognitiva de la persona para saber desde dónde se puede partir y  cuáles son sus capacidades residuales. Posteriormente, es importante realizar una entrevista informal, en la que la persona explique a grandes rasgos su historia de vida, para poder tener en cuenta los valores e intereses del usuario. Por último, se diseña el programa en el que, dependiendo de la situación en la que se encuentre el paciente, se pondrá más hincapié en trabajar unas funciones ejecutivas u otras. Y siempre se hará utilizando una actividad significativa para el paciente.

– ¿Cómo realiza esa evaluación?

Aunque ya exista un diagnóstico por parte del neurólogo o del neuropsicólogo, personalmente, como profesional, cuando empiezo a trabajar con un paciente, prefiero aplicar alguna escala cognitiva. Siempre utilizo dos: el Mini Mental y el Pfeiffer.

Empleo estos tests para obtener información sobre cuál es el estado real del paciente. Para aplicarlos, es importante adaptarse a cada usuario, ya que en ocasiones pueden sentirse evaluados, y eso les puede provocar frustración. Por ello, me gusta crear un clima distendido en el que se sientan tranquilos.

Posteriormente, aprovecho siempre para mantener una entrevista informal con el paciente, para poder obtener información de su historia de vida, y así, conocerlo mejor. Lo ideal es que sea la propia persona quien responda, pero si no es posible porque tiene dificultad en recordar sucesos biográficos, solicito ayuda a la familia y, entonces, la entrevista se realiza de forma conjunta.

Esta entrevista me proporciona información imprescindible sobre las diferentes etapas de esa persona a nivel personal, laboral y en cuanto a sus aficiones e intereses. Es una conversación que me ayuda a poder abordar a esa persona de forma holística y a poder diseñar el programa teniendo en cuenta sus intereses y, de esta manera, poder enfocar la estimulación de forma significativa.

Algunas veces en las primeras sesiones incluyo aspectos biográficos (algo relacionado con su profesión, ciudad, etc) para ver cómo reacciona. Dependiendo de su respuesta, continuo por esa línea o no. En el caso de que la respuesta no sea del todo favorable, trabajo con ejercicios más neutros.

– ¿Cómo se diseñan las sesiones?

Cada persona es un desafío distinto. No hay un modelo concreto de estimulación porque los pacientes son muy diversos y no siguen el mismo patrón. Hay que observar a la persona en su globalidad. El paciente está influenciado por su historia de vida y también por su propio carácter, por eso hay que saber diseñar un programa adecuado a sus capacidades y a sus circunstancias. También hay que saber adaptarse a los cambios porque cada día es distinto. La capacidad de improvisación y el dinamismo del profesional son cualidades muy importantes e, incluso, su capacidad de observación para detectar cualquier cambio a través de la conducta del paciente.

Las sesiones tienen que dejar al usuario un buen sabor de boca. Por eso, es muy importante cerrar con algo agradable. Personalmente, me gusta cerrar la sesión con una conversación.

-¿Con este tipo de terapias el paciente puede mejorar?

Es importante saber que el objetivo principal de las terapias es mantener las capacidades residuales en la medida que la patología nos lo permita. Lamentablemente, tratamos con patologías neurodegenerativas que con el tiempo avanzan y siguen su curso.

Lo importante es mantenernos activos e introducir la estimulación cognitiva como parte de un entrenamiento, incluirlo dentro de nuestra rutina, no sólo cuando aparece una patología, si no como algo natural cuando llegamos a los 65 años y abandonamos nuestro rol laboral.

En cuanto a los resultados con pacientes con demencia, he observado que cuando se llevan varias sesiones y se crea un clima de confianza, en el que la persona se siente confortable, se obtiene una mayor predisposición a hacer cosas. La persona puede llegar a pensar con más rapidez o, por ejemplo, mejorar la grafía, entre otros aspectos.

– ¿Con qué frecuencia el paciente debe recibir este tipo de terapias?

Es conveniente que el paciente reciba esta terapia el mayor tiempo posible, siempre que no haya ningún tipo de complicación clínica. En cuanto a la frecuencia, lo ideal sería de forma diaria, como parte de su rutina. En cuanto al tiempo, si las sesiones son individuales, lo ideal son sesiones diarias de 50 minutos, dado que mantener la atención por un periodo mayor es más complicado, porque en una sesión individual el ritmo y la exigencia es mayor.

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