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Leve 12 junio de 2019

Cómo diseñamos un programa de estimulación cognitiva para Delmi

La terapia fue pensada en función de las habilidades que todavía conserva y su objetivo es preservar el cálculo, la memoria, la escritura y orientarla a la realidad

La terapia de estimulación cognitiva consiste en una serie de actividades cuyo objetivo es mantener el funcionamiento cognitivo de la persona afectada por una demencia. Mediante un programa, que tiene en cuenta las capacidades que todavía conserva el paciente, el profesional diseña una serie de ejercicios que, de manera general, busca mantener la memoria, el lenguaje, la atención, la concentración, el razonamiento, la abstracción, las operaciones aritméticas y las praxias -habilidad para realizar un movimiento; por ejemplo: caminar, vestirse, capacidad para planificar los movimientos necesarios para hacer un dibujo, entre otras.)

Son las 10.00 h. de la mañana, y como todos los lunes, Lidia Bataller, terapeuta ocupacional de En Casa Contigo, está frente al portal de la casa de Delmi. Llama una vez y nada, llama otra vez, y tampoco, nadie responde. Al tercer intento parece como si se hubiera dejado el dedo pegado al timbre, pero sigue sin responder nadie. Entonces, tira de su segunda estrategia: llama al 2ºB, en el que vive la vecina de Delmi, que ya la conoce.

-“Si, ¿quién es?”, pregunta una voz desde el otro lado del portero automático.

-“Hola Pilar, soy Lidia, la terapeuta de Delmi ¿me podría, por favor, abrir la puerta? Es que Delmi no me abre”.

-“Sí, sí. No hay problema”.

Lidia sube al 2ªA, y llama a la puerta, y nada, nadie responde. Vuelve a llamar, y tampoco hay suerte. Llama más de cinco veces, pero no consigue nada.

Entonces Lidia pone en marcha su tercera estrategia: buscar a Delmi por el barrio por si hubiera salido a hacer un recado. Primero va a la peluquería, y tampoco hay suerte.

-“No, hoy no la hemos visto. Pero ayer sí, y cruzó la carretera sin esperar a que el semáforo estuviera en verde. Y con el frío que hacía, iba sin abrigo. Figúrate”.

-“Ya… bueno, pues voy a seguir buscándola. Muchas gracias”.

-“Nada, nada”, le responde la peluquera.

Lidia va a la cafetería y ni rastro de Delmi. Entra en el supermercado y tampoco; se asoma a la Farmacia y no la ve. Así que decide regresar al portal y volver a llamar a la vecina. Pilar le abre otra vez. Una vez en la puerta, Lidia vuelve a llamar. Y esta vez, oye pasos. Animada, sigue apretando el timbre. Por fin, la puerta se abre.

-Hola Delmi. ¿Qué te ha pasado? He llamado muchas veces, pero no me abrías. Estaba preocupada.

-Ay, hija, ya lo siento. Estaba dormida. No te he oído.

-Bueno, no pasa nada. Qué tal llevas la semana.

-Bien, pero no sé, tengo como un dolor en la rodilla…

Lidia, nada más entrar en la casa, nota un olor extraño, como a rancio. “Qué raro” -se dice a sí misma- “de dónde vendrá ese olor porque la casa está limpia”.

-“Demi ¿tienes la carpeta preparada?”, le pregunta Lidia.

-“Ay, sí, la carpeta. Es verdad, qué cabeza, voy a buscarla”, responde Delmi.

En ese momento, Lidia aprovecha, va a la cocina y abre la nevera. Un olor fortísimo le da en plena cara. Mira en los estantes y da con un plato de carne picada de lo más sospechoso. Mira rápidamente hacia la puerta, por si Delmi estuviera cerca. Afortunadamente, no está y aprovecha para tirar la carne. Si se lo consultara antes, Delmi no le hubiera dejado, le diría que la carne está bien y que tirarla es un desperdicio. Luego, Lidia busca el pastillero y ve que Delmi no se ha tomado la medicación. Debería haberse tomado la pastilla contra la hipertensión y el tratamiento que le ha recetado el neurólogo. Delmi sufre alzhéimer y está en una fase moderada.

-“Ya estoy aquí y traigo la carpeta”, dice Delmi que ha vuelto al salón.

-“Muy bien, Delmi, pero hoy no te has tomado la medicación. Así que lo primero que vamos a hacer es empezar con las pastillas”.

-“Bueno, lo que tú digas. Y hoy ¿qué vamos a hacer?”

– “Hoy, unos ejercicios, y luego te traigo una sorpresa”.

– “Ah sí, y qué es”.

– “Una rosa”

– “De verdad, es para mí. Qué bonita”.

– “Y se come”.

– “¿Se come?”

– “Sí, se come, porque está hecha con golosinas. Mira te la parto”.

– “No, no, que es muy bonita. Otro día me la como, pero hoy no, que quiero enseñársela a mi hija cuando venga”.

-“Y sabes, por qué te he traído una rosa”.

– “Pues no. Bueno, porque me aprecias”.

– “Eso no lo dudes, pero te la he traído porque hoy es el día de Sant Jordi”.

– “Ay de verdad, pues no me acordaba. Muchas gracias. Anda dame un beso”.

Lidia se acerca y le da un beso y Delmi le coge el rostro con las manos. Se la ve contenta. Sus ojos desprenden viveza y una sonrisa amplia se le ha dibujado en la cara. No han pasado ni 15 minutos desde que Lidia entró por la puerta, y el aspecto de Delmi ha cambiado completamente; ya ni se queja de la rodilla.

Comienza entonces la terapia de estimulación cognitiva, cuyo objetivo es mantener las capacidades cognitivas de Delmi. Lo más importante es trabajar sobre las que todavía conserva con el fin de evitar que aumente su frustración. Esto contribuirá a que mejore su conducta y su estado de ánimo.

Para conseguir este objetivo es preciso diseñar un programa de actividades, que se ajustarán a las necesidades del paciente. Para ello, Lidia parte de una evaluación que obtendrá tras pasar al paciente dos test: el Mini Mental y el Pfeiffer. A esta evaluación, le seguirá una conversación informal que mantendrá con el propio paciente, si es posible, y con el cuidador. El objetivo de esta entrevista, denominada Historia de vida, es conocer más profundamente al paciente para poder diseñar actividades que capten su interés.

Hoy Lidia ha preparado para Demi unos ejercicios de cálculo. “Las sumas se le dan mejor y las restas le cuestan más. Por eso, le pongo unas restas muy sencillas”, explica Lidia. Después practican con el dinero, para que no olvide el valor de las distintas monedas y billetes. “Ella sigue yendo a la compra, pero le cuesta mantener el control sobre el dinero, por eso trabajamos esa parte”. También trabajarán el lenguaje de denominación. “Por ejemplo, le pregunto sobre objetos que hay en la peluquería. Delmi suele recordar seis objetos, y luego comienza a repetir lo que ya ha dicho. Entonces, comenzamos a jugar. Le pongo adivinanzas. Le digo, dime un objeto que sirve para secar el pelo cuando está mojado. Y ella responde: secador”.

Hoy, como es el Día de Sant Jordi, Lidia y Delmi van a hacer juntas una postal que luego Delmi regalará a su hija. Esta actividad les permite, además, orientar a Delmi  hacia la realidad que le rodea. Delmi tendrá que pintar al caballero, al dragón y a la princesa. Tendrá que elegir los colores de la armadura, del dragón y del vestido de la princesa. También tendrá que pintar el fondo. Además, tiene que escribir su nombre y una dedicatoria para su hija. Para animarse, Lidia pondrá una de las canciones favoritas de Delmi: “Volver” de Carlos Gardel. Así mientras una pinta la armadura, la otra le ayuda con la cola del dragón. No pueden perder el tiempo porque deben terminar la felicitación esa misma tarde.

Y mientras se afanan en acabar la postal, se las oye cantar: “Volver con la frente marchita. Las nieves del tiempo platearon mi sien. Sentir que es un soplo la vida. Que veinte años no es nada. Que febril la mirada, errante en las sombras. Te busca y te nombra. Vivir con el alma aferrada a un dulce recuerdo que lloro otra vez”. En las últimas estrofas, Lidia y Demi se han dejando llevar por la canción y están tan absortas en cantarla bien, en poner tanta pasión, que se han olvidado del dibujo.

Al finalizar la sesión, Lidia llamará a la hija de Delmi y le comentará todas las incidencias del día.

Cuando la hija de Delmi pregunte a Lidia cómo ve a su madre, Lidia le responderá:

“Estoy muy contenta porque me he ganado su confianza. Tu madre siempre me recibe con una sonrisa, aunque no recuerde mi nombre. Siempre está predispuesta a colaborar, está más activa y se anima mucho. Mantiene, sin problema, su atención durante 50 minutos y su escritura ha mejorado. Y cuando me voy, siempre me dice, pero ¿ya se ha acabado?”.

Nota: El 23 de abril, Día de Sant Jordi, es el patrón de Cataluña, y el día en el que se conmemora una tradición basada en una leyenda, que tiene como protagonistas tres personajes: un dragón, un caballero y una princesa. Como comienzan todos los cuentos, hace mucho, mucho tiempo, en Montblanc (Tarragona) había un dragón que tenía aterrorizados a todos los habitantes de la ciudad. Para calmarle, sus habitantes le entregaban cada día a una persona, a la que elegían por sorteo, para que se la comiera. Un día, el azar hizo que la elegida fuera una princesa. Cuando la princesa, resignada, se dirigía hacia la cueva en la que vivía el dragón, un caballero, Sant Jordi, apareció para salvarla. Sant Jordi alzó su espada y se la atravesó al dragón, liberando a la princesa. De la sangre del dragón brotó un rosal. El caballero arrancó, entonces, una rosa y se la ofreció a la princesa. Desde entonces, es costumbre regalar una rosa a la mujer que se ama. Como ese mismo día coincide con el Día del libro, también es costumbre regalar, además de rosas, libros.

2 Comentarios

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