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Moderada 2 septiembre de 2020

Cómo se pueden organizar las tardes cuando cuidamos de una persona mayor con demencia

Es conveniente reservar este periodo del día a actividades más lúdicas y relajantes

Durante las tardes, el tiempo pasa más despacio y los pacientes con demencia, a veces, sufren más trastornos de comportamiento. Alba Cazorla, nuestra supervisora del Centro Residencial Henares, nos enseña cómo podemos organizarlas.

Sofía, que ahora se encarga de cuidar a su madre con alzhéimer, ha llegado a la cita cinco minutos antes. Está impaciente por ver a Alba. En una libretita lleva apuntadas todas las dudas que le han surgido.

Adora estos encuentros porque a Alba le puede confesar todos sus miedos, incluso, los más tontos. Ella es capaz de convertir la responsabilidad de cuidar a una persona en algo agradable, ligero, lleno de cariño. Además, se entretiene tanto escuchándola. Le gustaría que estos encuentros no acabaran nunca.

Mientras espera, ve llegar a Alba, que camina a  paso ligero.

-“Ay, pensé que no llegaba… es que hoy he tenido muchísimo trabajo”, comenta Alba.

-Tranquila. Aquí se está bien. ¿Te pido algo?

-Agua, solo quiero agua. Agua fresquita

-Te la traigo ahora mismo.

Sofía se levanta y se acerca a la barra. Está contenta de tener cerca a Alba, se siente tan segura con ella que no sabe cómo agradecérselo.

-“Bueno, cuéntame, cómo te ha ido”, le pregunta Sofía mientras bebe un poco.

-“Ay, pues tengo tantas dudas… Las he anotado todas en esta libretita”.

-“Bien hecho”, le anima Alba. “Entonces qué quieres que hagamos ahora. Vamos primero con las dudas”.

-“Pues, si no te importante, prefiero que dejemos la dudas para el final y sigamos donde lo dejamos la otra vez”.

-“En la siesta”, le interrumpe Alba.

-“Sí, en la siesta ¿cómo te puedes acordar?”

-“Cómo no me voy a acordar. Tú eres mi amiga y ahora soy yo la que te puedo ayudar, y estoy encantada de hacerlo. Ojalá pudiera ayudar a todo el mundo. Ojalá pudiera mostrar al resto del mundo en qué consiste mi trabajo. Adoro mi trabajo y sé, aunque quizá pueda sonar pretencioso, que es muy necesario”.

-“Siempre lo he sabido”, le responde Sofía. “Pero ahora que tengo que hacerlo yo, lo sé más que nunca”.

Alba se da cuenta de que Sofía está abrumada con su nueva responsabilidad. La mira y da un giro a la conversación. Comienza entonces a explicarle cómo tiene que organizar las tardes ahora que su amiga se encarga de cuidar a su madre.

La siesta, ese descanso tan necesario

Después de comer, si tu madre no tiene trastornos del sueño, yo recomiendo que descanse un ratito. Dependiendo de sus gustos, puede hacer una sobremesa o puede echarse la siesta. Una siesta cortita de media hora o, como máximo, de una hora.

Tu madre puede andar, pero muchas de las personas a las que yo atiendo están en un silla de ruedas. Y no es bueno que estén tanto tiempo sentadas. De esta forma, cuando las tumbamos en la cama, les facilitamos que cambien de postura.

Si se va a echar la siesta, te sugiero que adaptes la habitación, que bajes un poco la luz. La habitación tiene que tener una iluminación tenue. No hay que echar la persiana como si fuera de noche porque eso les puede desorientar.

Cuando les despierto, lo hago igual que en la mañana, diciéndoles la hora que es. Porque muchas veces cuando te duermes, luego, si te despiertas, no sabes ni dónde estás. Y sigo el mismo proceso que en la mañana: levanto un poco la persiana, les hablo y, mientras les cuento algo, les incorporo para que se queden un ratito sentados antes de levantarlos.

Les pregunto, por ejemplo: “¿Qué tal la siesta?” Y suelen responderme: “Corta. Si me acabo de acostar”.

-“Bueno”, les respondo, “es que la siesta es solo un ratito”.

Luego, les ofrezco ir al baño. Si tienen pañal, para cambiarse el pañal. También aprovecho para ayudarles a asearse un poquito y peinarse. Como se suelen levantar con sed, les ofrezco un vasito de agua para que estén hidratados.

Normalmente, la siesta se la suelen echar como a las 15.00 h y les suelo levantar sobre las 16.00 h.

Por la tarde, mejor actividades lúdicas

Te recomiendo que reserves las actividades más lúdicas para la tarde. Por ejemplo, organizar algún juego, escuchar música, ver un rato la televisión.

En nuestra residencia, la actividad estrella es el bingo. Nosotros hemos adaptado los cartones y el tamaño de los números es más grande. Puedes sentarte con ella y ayudarle a encontrar el número. Les gusta mucho porque socializan y porque pueden participar. Además, cuando ganan, les encanta.

Entre las comidas, aprovecha siempre a ofrecerle agua para que tu madre esté bien hidratada.

Después les damos la merienda. Es muy posible que tu madre te pida siempre bollitos o galletitas. Pero lo ideal es alternar. Puedes darle una pieza de fruta o un yogurt o pan con aceite. Y también le puedes ofrecer agua o un café o una infusión. Dependiendo de lo que le guste.

Nosotros servimos la merienda sobre las 17.00 horas y la cena sobre las 20.00 h. o 20.30 h.

Mientras preparas la cena, para que tu madre esté entretenida, le puedes ofrecer doblar trapos o servilletas. Normalmente, les gusta hacer este tipo de actividades cotidianas porque hace que se sientan útiles.

Después de la cena, es bueno que pasen un rato tranquilos, relajados. Si se puede apagar la tele, mejor. Pueden escuchar música. Nosotros apagamos las luces más fuertes y ponemos otras tenues. Para que sepan que ha llegado la noche. Ahora, como anochece más tarde, les cuesta más irse a la cama. Pero siempre se puede echar la persiana para reducir la luz poco a poco.

Nosotros comenzamos a acostar sobre las 21.00 h. Si han madrugado y no tienen problemas para conciliar el sueño, suelen tener ganas de irse a la cama.

Por la noche, a veces, se desorientan mucho. Incluso, les cambia el humor. Hay que explicarles muy bien dónde vamos. “Mira, les digo, se está haciendo de noche. Tenemos que irnos a la cama”.

Si tienen que lavarse los dientes, es lo primero que hacemos. Si no tienes que lavárselos tú, aprovecho para preguntarle qué camisón se quiere poner. Le pregunto si tiene calor o prefiere algo más abrigado.

Una vez que se han metido en la cama, tenemos que vigilar y dejarles cerca, en la mesilla, todo lo que necesitan para que no tengan que levantarse. Si quieren agua, pues les dejo un vasito. A algunos les gusta dormir con una foto cerca para poder mirarla.

Nosotros tenemos luces que se apagan y se encienden con una cuerdecita desde la cama para que no se tengan que levantar.

Hay personas que se levantan por la noche. En esos casos, dejar encendida una luz de emergencia les viene muy bien para que se guíen y no se pierdan. Si la habitación está completamente oscura, al levantarse se pueden caer porque no ven nada.

Sofía ha tomado buena nota de todo. El tiempo, como la otra vez, ha volado. Recuerda las dudas que ha traído anotadas, pero ya es muy tarde para abordarlas. En el fondo, le alivia, porque tiene otra excusa para quedar con Alba.

Alba ha sacado el móvil para mirar la hora.

-“Sofía”, le dice, “me vas a tener que disculpar, pero voy a tener que marcharme”.

-“Claro, claro. Sí, yo también, he dejado a mi madre con mi tía, pero tengo que volver ya”.

-“¿Te viene bien que quedemos otro día para resolver las dudas?”.

Sofía mira a Alba con alivio, y ella lo nota.

-“¿Qué pensabas? ¿Qué me había olvidado?”.

-“Bueno, es que no me atrevía”, balbucea Sofía.

-“Me encanta mi trabajo, y podría hablar de él durante horas. Estoy encantada de quedar contigo. Mándame un mensaje y quedamos otra tarde. No te olvides de darle un beso a tu madre de mi parte”.

-“Lo haré”.

Sofía ve cómo Alba se aleja. Recoge su libretita, la mete en el bolso y se dirige a su casa. Está contenta, como la otra vez. Siente que, poco a poco, está dominando la situación, y eso le da seguridad. Parece que el miedo que sentía los primeros días se va alejando.

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