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Moderada 28 diciembre de 2021

Cómo convertir una sesión de reminiscencia en un cuento de Navidad

La experiencia logró estimular cognitiva y emocionalmente a los participantes, algunos de ellos con deterioro cognitivo

Las sesiones de reminiscencia constituyen una actividad muy eficaz para que las personas con deterioro cognitivo se comuniquen y socialicen. Y las Navidades, uno de los mejores modos de revivir los recuerdos asociados a la infancia. De estas sesiones, en las que los propios protagonistas, algunos de ellos con deterioro cognitivo, compartieron sus experiencias surgió un cuento de Navidad. Aquí, nuestra terapeuta, Pilar Alcalá, nos comenta cómo se desarrolló esta jornada y lo que significó, tanto para los participantes, como para ella misma.

Preparando la sesión 

Son las 11 h. de la mañana de un día de Diciembre. Pilar Alcalá, terapeuta ocupacional del centro residencial Sanitas Alcorcón, lo tiene todo listo. Pero antes de ir a buscar a las personas que tomarán parte de esta sesión, echa un último vistazo a la sala y hace un repaso mental para asegurarse de que no ha olvidado nada.

Las sillas están colocadas formando un círculo, la caja de sorpresas, sobre la mesa, en el rincón. Se cerciora de que ha dejado espacio suficiente para que las personas que acudan en silla de ruedas se encuentren cómodas. Sí, todo está bien.

Así que deja el gimnasio que, desde la pandemia, se ha convertido en una sala multifuncional en la que también se imparten terapias, y se dirige a buscar a varias personas con un deterioro leve y moderado para que tomen parte de una sesión de reminiscencia.

El objetivo principal de este tipo de terapia es estimular la memoria episódica autobiográfica, es decir, hablar sobre el recuerdo que esas personas tienen de sus propias experiencias. En concreto, Pilar ha decidido que hoy abordarán los recuerdos asociados a las Navidades.

Recorre los distintos saloncitos y en uno se encuentra con Teodora, Petra, Consuelo y Cristino, y les invita a que vayan al gimnasio. Luego ve a Concha, que ya no puede caminar, y la anima a que se una al grupo. Una de las gerocultoras (auxiliar de geriatría) la llevará hasta la sala.

Sigue caminando y ve a Loli, y también la invita a unirse a la sesión. Ella, siempre tan dubitativa, no lo tiene claro. “No sé si ir. Seguro que si me preguntas algo no voy a saber la respuesta”, dice. Pero Pilar, le coge del brazo y la convence.

De camino, ve a Aurelia que, como es habitual, está protestando porque no entiende la razón de que cada día le cambien el desayuno. Aunque esto no ocurre, ella lo percibe así por sus fallos de memoria. Las mañanas son su peor momento porque es cuando más desubicada se encuentra.

Aurelia, de 99 años, sufre un deterioro cognitivo moderado. Sobre todo, experimenta una desorientación en el tiempo y en espacio. Esto significa que no sabe en qué día o época del año se encuentra ni en qué lugar está. Y esas sensaciones le enfadan mucho. Por eso, cuando Pilar le invita a unirse al grupo, Aurelia lo rechaza.

Pilar la deja y se va con el resto. Pero, al cabo de un rato, vuelve, y esta vez solo se dirige a ella. “Aurelia”, le comenta Pilar, “por qué no te vienes al gimnasio conmigo”.

A Aurelia le encanta esta sala porque la reconoce: allí ha recibido recientemente sesiones de rehabilitación.

Ahora, su actitud ha cambiado completamente. “Claro que sí, bonita”, responde. Y Pilar empuja su silla de ruedas hasta que llegan a esta sala luminosa que, hoy, está llena de sorpresas.

Comienza la sesión de reminiscencia

Teodora, que se mueve con agilidad, ha sido la primera en llegar. Y, enseguida, descubre la caja con las sorpresas navideñas. Pilar muestra un arbolito de Navidad. Luego, uno a uno, van sacando el espumillón, las guirnaldas, las estrellas. Teo coge una flor de Pascua y con mucho salero se la coloca en el jersey.

Poco a poco, comienzan a surgir las historias. Cristino, a pesar de su deterioro cognitivo, comienza a contar cómo eran las Navidades en su casa. Su historia, que da un repaso a las comidas, a sus trabajos y a cómo, para Reyes, pudo comprarse su primera bicicleta, abre la mente de los demás, que van incorporando sus recuerdos.

Concha, con 102 años, todavía no ha abierto la boca. Permanece atenta y concentrada en las historias del grupo. Siempre respetuosa, no dice una palabra si antes no se dirigen a ella.

Concha sufre un deterioro cognitivo leve. Tiene desorientación temporal, como Aurelia. También tiene problemas de memoria. No recuerda qué ha comido o si, ese día, sus hijos la han visitado.

Pero, para sorpresa de todos, esta vez Concha contó su relato hasta al final.

Mientras escenifica los movimientos, que hacía su abuela cuando tocaba el almirez, no deja de mirar a Pilar. Concha enriquece su historia con muchos detalles, pero, cuando alude a los regalos, baja el tono de voz, lo cuenta casi en un susurro. Sabe que esas diferencias sociales podrían hacer daño a las personas que no tuvieron tanto.

Le toca el turno a Loli, una mujer de 82 años, que tiene problemas de equilibrio, fallos de memoria y falta de atención. Consciente de estas ausencias, le cuesta mucho participar. Siempre teme equivocarse. Por eso, quizás su tono de voz es muy bajo, a veces, como un susurro.

Pero fue empezar a hablar, y los recuerdos comenzaron a fluir. La inseguridad y las dudas desaparecieron. Su voz se mostraba segura, poderosa. Cuando el resto intentaba interrumpir su discurso para incluir sus propias anécdotas, Loli alzaba la voz. “Pero esperad”, decía, “que os cuento más”.

Su transformación también es física. Le brillan los ojos, su rostro es más expresivo. La felicidad que le proporcionan esos recuerdos también se percibe en su cuerpo.

No es la única. Pilar ha observado como al principio de la sesión los participantes estaban como encogidos y ahora, en cambio, están más erguidos, parecen más altos.

Con todos estos recuerdos se elaboró un cuento: Navidades de cartón piedra. Una historia que a Pilar le ha dejado una moraleja.

“Ese día me fui feliz. Sus experiencias te enseñan tanto. Ves que, a pesar de que muchos han tenido muy poco, han sabido encontrar la felicidad. Al recordar sus historias, percibes los problemas de otra manera. Te dices, pero cómo me voy a preocupar por esto, si estas mujeres han sabido enfrentarse a tantas cosas. Sus experiencias son como una píldora de energía y de felicidad”, concluye Pilar.

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