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Moderada 24 febrero de 2022

Cómo convencí a mi madre para vivir en una residencia

Preguntarle cómo quiere ser cuidada, conocer el lugar con antelación, escucharla y tener paciencia son algunas de las recomendaciones

Hay padres que rechazan mudarse a una residencia incluso cuando necesitan cuidados permanentes. Detrás de esta negativa, muchas veces se esconde desconocimiento y un profundo miedo a perder su independencia. En este artículo damos algunas recomendaciones prácticas para que puedas enfrentarse con éxito a esta situación.

Pero, primero, vamos a conocer el caso de Sara y Gloria

Sara está preocupada, ve que pasan los días y que su madre, Gloria, no cambia de parecer. Cada vez que saca en la conversación la idea de trasladarse a vivir a una residencia de mayores, ella aprieta los labios y dice que no con la cabeza.

El problema es que el alzhéimer que sufre su madre ha avanzado. De hecho, se encuentra en una fase moderada. Ella, que siempre ha sido una mujer independiente, a la que le gustaba caminar 7km. todas la mañanas, ya no puede salir de casa sin ir acompañada porque no es capaz de orientarse. Si lo hiciera, se perdería porque no podría encontrar el camino de regreso.

Su memoria también está muy afectada. Por ejemplo, pierde constantemente los audífonos. Cuando no los encuentran, lo primero que hay que hacer es mirar en la basura. Afortunadamente, le gusta socializar, y es capaz de seguir una conversación cortita.

Hasta ahora han podido manejar la situación con dos cuidadoras. Una estaba interna y vivía con su madre y la otra cubría los fines de semana. Pero, a medida que la enfermedad ha ido avanzando, se necesita más estabilidad y que las cuidadoras tengan formación en demencia. Cada vez que una cuidadora se marcha, comienza un complejo proceso para sustituirla.

A esta situación se une el hecho de que su madre, para mantener las capacidades que todavía conserva, necesita seguir un programa de estimulación. Gloria ha sido profesora de matemáticas y sigue conservando su habilidad con los números.

Además, hay que llevar un control con la medicación y con varios factores de riesgo vascular, como la hipertensión y el colesterol.

A sus 89 años, Gloria sigue estando ágil, pero para conservar este buen estado físico, una sesión diaria de gimnasia le vendría muy bien.

Todas esas circunstancias han llevado a su hija a pensar que un centro residencial cerca de su domicilio sería la mejor solución para que su madre recibiera todos los cuidados que necesita.

Pero su madre se niega, y debido al alzhéimer, no es posible establecer con ella una conversación razonada en la que las dos pudieran sopesar los pros y los contras de esta decisión. Así que Sara no sabe qué hacer.

Cómo ya ha visto un centro que le gusta, decide llamar a Daniel Castro, el psicólogo del Centro Residencial Sanitas Mirasierra, y comentarle sus dudas.

“Le proporcioné unas pautas muy sencillas. Primero: edulcorar la información. Comentarle a su madre que iba a ir a un centro residencial en el que le proporcionarían todos los cuidados médicos que necesita. Aquí contamos con una enfermera y una auxiliar de enfermería las 24 horas del día”, afirma.

También es muy importante que las personas conozcan antes el sitio. “En concreto, a Sofía le recomendé que cuando paseara con su madre, que se acercaran a vernos para que ella se fuera familiarizando con el lugar. Cuanto más se conoce una cosa, es más fácil aceptarla”, asegura.

Una estancia temporal también puede ser un buen modo de familiarizarse con el centro. “Se puede aprovechar un viaje de los familiares para que la persona ingrese y pueda conocer la vida que se hace aquí. O si ha sufrido algún problema de salud, como una caída, puede ingresar para recuperarse”, concreta Daniel.

En estas situaciones, incluso una mentira piadosa puede ser una buena opción. “A veces la solución está en comentarle que se va a hacer una reforma en casa para aumentar su seguridad y, mientras se hace la remodelación, proponerle acudir al centro de forma temporal. La idea es que la persona lo conozca y le dé tiempo a comprobar si se siente a gusto. Después, si está contenta se quedará y, si no, siempre se puede volver a casa”.

Gloria, finalmente, accedió a mudarse al centro residencial. Ese día ingresó por la mañana y, desde ese momento, participó en las actividades. Primero, lectura del periódico. Con esta sesión, Aitana, la terapeuta ocupacional, busca que los residentes se orienten, sepan qué día es y el mes y el año en que se encuentran. Luego se pasa a leer las noticias, y las comentan entre todos. Ella lanza preguntas para hacerles participar. Se trata de un ejercicio muy completo, en el que además de la orientación, consiguen potenciar la atención, la memoria y el lenguaje.

Después de esta sesión, comienza otra cuyo objetivo es la estimulación cognitiva. “Se puede organizar de varias maneras. A veces los residentes se distribuyen en varias mesas para hacer fichas. Estas fichas incluyen ejercicios para estimular la memoria, el cálculo, la expresión verbal, la percepción visual y el razonamiento, entre otras. Los ejercicios se adaptan a las capacidades que conserva la persona. Sin embargo, a mí me gusta más organizarlas de forma oral porque hay muchos que tienen dificultad para ver y también para escribir porque les cuesta, por ejemplo, sujetar el bolígrafo”, explica Daniel.

Y después llega la gimnasia. “Nuestro fisioterapeuta Eduardo diseña una coreografía para que todos sigan los ejercicios sentados porque muchos de nuestros residentes van en silla de ruedas. La verdad es que verle es un espectáculo. Anima muchísimo. De hecho, muchos de nosotros, si tenemos un momento, nos gusta quedarnos aunque solo sea al principio”.

Ese día, cuando acabaron las actividades de la mañana, Gloria se marchó a comer con su familia. Luego, regresó por la tarde y se unió a las actividades de ocio. Aquel día tocaba bingo.

Otros días hay canto, juegos de mesa o sesión de cine.

Y, sorprendentemente, cantó bingo, y le tocaron unas pulseras. A Gloria le hizo muchísima ilusión. Luego, llegó la cena y la hora de acostarse.

A la mañana siguiente, Eva, la auxiliar, la despertó con cariño. Sabía que era su primer día en la residencia, así que, después de presentarse y de iniciar una conversación sobre el tiempo que hacía, le recordó dónde estaba. Más tarde le ayudó a asearse y a ponerse la ropa. Eva le mostró dos conjuntos, y Gloria decidió que quería ponerse el rojo.

Ella le ayudó a peinar su bonita melena rubia y a ponerse el reloj que tanto le gusta. Después, la acompañó al salón para que Gloria desayunara.

Antes de que comenzaran las actividades del día, su hija, que no estaba tranquila, acudió a verla. Estaba hecha un manojo de nervios porque no sabía qué se iba a encontrar.

Cuando la vio llegar con su abrigo y el bolso…pensó en lo peor.

-“¡Hola mamá! ¿Qué tal has pasado la noche?”, le preguntó Sara.

-“Bien, muy bien”, respondió Gloria a su hija.

Su hija no se lo podía creer, así que insistió.

-“Pero ¿estás bien ¿Estás a gusto?”.

-“Sí, hija, estoy muy bien. Me tratan muy bien”.

Y así fue como Gloria pasó a ser parte de esta gran familia. Se integró rápidamente, y siempre estaba dispuesta a ayudar. Debido a su buena forma física, cuando hay que trasladar a otros residentes que están en silla de ruedas, ella siempre se ofrece a llevar a alguno.

De su ingreso, ya va a hacer un año. En breve, cumplirá los 90. Daniel y el resto del equipo le están preparando una sorpresa para día de su cumpleaños.

Cómo abordar el traslado a una residencia

 La situación que ha vivido Sara, la hija de Gloria, es muy común. A muchas personas les cuesta salir de sus casas. Sin embargo, a veces, es inevitable porque a medida que se envejece, el individuo se vuelve más dependiente y necesita más cuidados.

Debra Drelich, especialista en atención geriátrica y responsable de atender las consultas de lo lectores en The New York Times, explica en el blog especializado Daily Caring cómo manejar este tipo de situaciones.

Entre sus recomendaciones se encuentran:

-Cuando nuestro ser querido comienza a perder facultades, es conveniente hablar con él sobre cómo le gustaría que le cuidaran. Si prefiere recibir atención en su domicilio o si le gustaría ir a un centro residencial en el que reciba atención asistida las 24 horas.

Es importante que la conversación sea clara y sincera, para que nuestro familiar comprenda las ventajas e inconvenientes de todas las opciones posibles. Es mejor que esta charla se tenga antes de que se produzca una crisis de salud para que la persona pueda tomar la decisión serenamente.

Drelich explica que una vez, cuando dirigía un centro residencial, ingresó un señor que parecía muy triste. Sus hijas habían tenido esta conversación justo una semana después de que su mujer hubiera fallecido. Claramente, ese fue un pésimo momento para mantener esta charla.

-Tienen que mantener el control. A ningún padre le gusta que le digan lo que tiene que hacer. Luego, es preciso contar con ellos para encontrar una solución. Quizá el mejor modo es plantear los problemas que tienen y evaluar con ellos las posibles soluciones. Que al principio digan que no, no significa que más tarde no vayan a cambiar de parecer.

-Si cree que su familiar va a recibir mejores cuidados en un centro residencial, debe hablarlo antes con él. La mejor forma es plantearlo de una forma sencilla y abierta. Quizá, un buen modo es hacerle ver lo preocupado que estás al observar las dificultades que tiene para realizar las tareas del día a día.

La mayoría de las personas mayores no quieren ser una carga para su familia.

-Si en la familia hay varios hijos, es conveniente que se tenga una reunión antes, entre todos, para analizar y ponerse de acuerdo sobre los cuidados que requiere vuestro ser querido.

-Qué se puede hacer si tu padre o tu madre se opone a trasladarse a un centro residencial. Para la mayoría de las personas mudarse a un centro les supone aceptar una nueva situación: a veces se produce porque ha fallecido la pareja o por la dificultad de mantener un hogar o porque necesitan muchos cuidados.

Por eso, hay que ser sensible a su resistencia y escuchar los motivos por los que se opone. A veces, hay que abandonar la idea y, más adelante, volver a plantearla.

En ocasiones es bueno contar con el consejo de una tercera persona, como un médico.

También es importante que los padres se den cuenta de que los hijos no intentan controlar sus vidas, sino que solo les quieren facilitar toda la información.

-¿Cómo explicar los servicios que ofrece un centro residencial cuando nuestro ser querido no quiere ir?

Según Drelich, muchas personas mayores valoran mucho su independencia, luego enfatizar en este aspecto puede ser muy positivo. Hay personas a las que no les gusta tener, en todo momento, cuidadores en su hogar.

Para otras, su mayor temor es la soledad. Para ellos, estos centros les proporcionan la oportunidad de compartir actividades con otras personas de su generación.

A otros, les puede estresar llevar el mantenimiento de una casa, con todo el trabajo que implica hacerse cargo de hacer la compra, la comida, las reparaciones, los pagos … En estos casos, un centro residencial supone quitarse de encima todas estas responsabilidades.

Si, además, esa persona necesita ir con frecuencia al médico y llevar el control de su medicación, en un centro residencial puede contar con un médico, enfermera, fisioterapeuta y otros profesionales sanitarios para cuidar de su salud. Incluso puede contar con la atención de un especialista mediante videoconsulta.

-Otros miedos. Muchas personas tienen miedo al cambio, a salir del lugar en el que han criado a sus hijos. Abandonar su casa va asociado a romper con unos lazos emocionales muy fuertes.

Puede que también les dé miedo hacerse cargo de la mudanza. Tener que desmantelar toda una casa es mucho trabajo. Ayudarles en todo ese proceso puede hacer que vean el cambio con otro prisma y lo acepten mejor.

-Envejecer da miedo porque, entre otras cosas, implica tener que aceptar que una persona pierde facultades y que para hacer determinadas actividades se puede necesitar ayuda. Aceptar esta nueva realidad no es fácil para nadie.

En ese aspecto es importante hacerles ver lo que todavía son capaces de llevar a cabo. Un centro puede ayudarles a vivir esta etapa con menos estrés. Por ejemplo, no tienen que ocuparse de llamar a un fontanero para hacer una reparación y, en cambio, pueden utilizar ese tiempo para hacer actividades que realmente le gusten.

-No hay que presionar a los padres. Lo importante es escucharles para entender qué es lo que no les gusta o lo que les da miedo. A veces, las personas mayores creen que si se van a un centro residencial, se están rindiendo. Esa percepción puede cambiar cuando conocen de cerca las actividades que pueden realizar.

-Hablar con amigos que vivan en centros residenciales. Si tus padres tienen amigos que han optado por vivir en estos centros, podría ser interesante hablar con ellos y organizar un encuentro para que les cuenten su experiencia.

-Visitar el centro o pasar una breve temporada en él. Conocerlo desde dentro puede acabar con muchas de las ideas equivocadas que se pueden tener.

No debemos olvidar que lo importante es demostrar a nuestros padres que les queremos, y el amor requiere paciencia y compresión. Nuestra relación debe estar por encima de todo.

Referencias:

 –What to do when elderly parent refuses assisted living and caregiving services? Senior Living.

-How to convince your parent to move to assisted living. Aging Care.

-Strategies for when a parent refuses an assisted living facility. Daily Caring.

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