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Cómo combatir la impactación fecal en los pacientes

Este trastorno afecta al 50% de las personas ingresadas en instituciones geriátricas

La abuela de Amelia, de 85 años, sufre alzhéimer desde hace varios años. Pero, recientemente, ha empeorado. Se muestra agitada, a veces, incluso ha mostrado un comportamiento violento. El otro día, cuando Amelia le fue a dar un beso, ella le dio un manotazo. Además, no para de decir cosas incoherentes. Con todos estos síntomas, Amelia ha convencido a su madre para llevarla al médico. El doctor, que habitualmente lleva el caso de su abuela no estaba, y el nuevo, al verla tan alterada, le recetó un tranquilizante. Pero Amelia no se quedó tranquila y lo consultó con la enfermera. Tras describirle el caso, ella le comentó que creía que podría tratarse o de una infección de orina o de una impactación fecal. Y, efectivamente, su abuela tenía una acumulación de heces en el colon que era incapaz de evacuar por sí misma.
 

La impactación fecal es un trastorno menos conocido que el estreñimiento, pero en España se estima que afecta, anualmente, al 50% de los mayores ingresados en instituciones geriátricas, según el estudio “The prevalence of fecal impaction in nursing homes: a pilot study”.
 
Esta condición se caracteriza por tener una masa fecal seca y dura, retenida en el recto, que impide su evacuación de una forma natural. Con el tiempo, la masa se hace más grande y compacta, y el recto se estira y se dilata, de forma que los músculos no se mueven para empujar las heces hacia fuera.
 
Paradójicamente, algunos de los síntomas asociados a este trastorno no facilitan su diagnóstico, dado que la persona impactada puede sufrir una diarrea acuosa. Estas deposiciones se producen porque, al estar la masa atascada en la parte de arriba, el paciente pierde el control. Las heces más líquidas se filtran y salen por el ano, sin que la persona lo pueda impedir. Desgraciadamente, este signo puede llevar al profesional a realizar un diagnóstico incorrecto, al creer que la persona sufre diarrea, y prescribirle un tratamiento que empeore todavía más la impactación.
 
Las personas de edad avanzada, polimedicadas y con un grado considerable de inmovilidad, tienen más riesgo de sufrir este trastorno. Y este riesgo todavía es mayor en personas con demencia, dado que a esta situación hay que sumar la menor consciencia de tener sed y la dificultad para comunicar que sufren dolor. Muchos de estos pacientes no son capaces de recordar la hora del día en la que están, si han comido o no o si han ido al baño o les han cambiado de pañal. Por eso, es tan importante prevenir este tipo de situaciones llevando un control de las deposiciones y del agua que ingieren. La forma más eficaz es logrando que el paciente beba más líquidos porque para estas personas tomar más fibra no suele surtir efecto y, en ocasiones, aumenta el riesgo de impactación fecal. Si se detecta que hay estreñimiento, convendría valorar añadir a la dieta un ablandador de heces. También sería conveniente revisar la medicación:
 
Medicamentos que provocan estreñimiento en personas ancianas:
 
Según la Guía de buena práctica clínica en Geriatría: Estreñimiento en el anciano, hay que tener especial cuidado con los siguientes fármacos:
 
Antiácidos a base de calcio o aluminio.
Suplementos de sales de hierro.
Anticolinérgicos: oxibutinina, tolterodina y antiespasmódicos, como mebeverina, etc.
Antidepresivos tricíclicos o inhibidores de la monoaminooxidasa (IMAO).
Antipsicóticos, como fenotiacinas, haloperidol.
Antihistamínicos con propiedades antimuscarínicas, como difenhidramina.
Antiespasmódicos, como hioscina, diciclomina, etc.
Antiparkinsonianos, como benzatropina.
Bloqueantes de los canales del calcio.
Suplementos de calcio.
Diuréticos (suelen causar hiponatremia –nivel bajo de sodio- e hipocaliemia –nivel bajo de potasio-).
Neurolépticos con propiedades antimuscarínicas, como clorpromazina, trifluoroperazina.
Analgésicos opiáceos (incluyendo tramadol).
Antiinflamatorios no esteroideos (AINE), como ibuprofeno o naproxeno.
Antitusivos derivados de codeína.
Hipotensores: clonidina, diuréticos.

Cuándo se debe acudir al médico
 
Los síntomas más comunes son:
-Cólicos abdominales, es decir, dolores en el vientre que aumentan en intensidad, producen contracciones y luego remiten, para regresar transcurrido un tiempo.
-Diarrea acuosa en una persona que sufre estreñimiento crónico
-Sangrado rectal.
-Heces pequeñas y semiformadas (muy delgadas, en forma de lápiz).
-Esfuerzo al tratar de evacuar.
-Presión en la vejiga o incontinencia urinaria.
-Dolor en la parte baja de la espalda.
-Frecuencia cardiaca rápida o sufrir mareos a raíz del esfuerzo realizado para evacuar.

Para los pacientes con impactación fecal, como la abuela de Amelia, lo primero es aliviar los síntomas, limpiar el colon y restaurar el hábito intestinal normal. Para ello, existen varios tratamientos:
 
Tratamientos contra la impactación fecal
 
-Laxantes: el macrogol es una sustancia conocida como laxante osmótico. Pasa a través del intestino sin ser absorbida por el cuerpo. Alivia el estreñimiento porque consigue que el agua se mezcle con la masa retenida en el intestino, en vez de ser absorbida. Lo que aumenta el volumen de agua en el intestino, consiguiendo que las heces sean más blandas y, por lo tanto, pasen más fácilmente.
 
Los laxantes de este tipo pueden incluir sustancias, conocidas como electrolitos, que ayudan a asegurar que el laxante funcione sin causar que el cuerpo gane o pierda cantidades significativas de sodio, potasio o agua.
 
-Supositorios: este tipo de medicamento se introduce en el ano. El supositorio se disuelve, poco a poco, debido a la temperatura del cuerpo e irrita el revestimiento del recto, provocando el movimiento intestinal. La irritación es lo que hace que el intestino se contraiga.
 
-Enema: este medicamento, en forma de fluido, se introduce a través del ano a lo largo del intestino grueso. Sin embargo, algunas personas mayores no son capaces de retener los supositorios o los enemas.
 
-Eliminación manual de las heces: cuando el recto está muy lleno, a veces, se necesita que la enfermera extraiga la masa de forma manual. Para ello, es necesario ponerse unos guantes y lubricar el dedo antes de introducirle en el ano. A veces hay que introducir dos para romper suavemente la masa en trozos pequeños. Después se mueve el dedo de manera circular, se dobla ligeramente y se retira, extrayendo las heces con él. Este proceso se deber realizar con mucho cuidado para evitar lesionar el recto.
 
Puede que, de forma temporal, la diarrea y la incontinencia empeoren, pero es importante mantener el tratamiento para desatascar la obstrucción. Una vez que las heces se hayan expulsado, a veces es necesario mantener los laxantes durante un tiempo (en ocasiones, durante un largo periodo de tiempo, en otras, de forma intermitente) para evitar que el problema vuelva a ocurrir. Si la impactación fecal no se trata puede conducir a un serio problema de intestinos, llegando a provocar la perforación del colon.
 
Afortunadamente, esto no fue lo que pasó a la abuela de Amelia. A pesar de que sufrió una severa impactación fecal, el tratamiento surtió efecto y, en pocas semanas, sus síntomas desaparecieron lentamente. Ahora, permanece tranquila, sin mostrar asomo de agresividad.
 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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