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Cómo adaptar la vivienda de una persona con alzhéimer

Estas medidas facilitarán que nuestro ser querido continúe viviendo en su domicilio y, además, reducirán riesgos

    Es difícil aceptar que ya no se es el que se era.  Que los recuerdos inmediatos desaparecen, que no eres capaz de realizar labores sencillas, que tienes miedo de perderte… Aceptar y gestionar todas estas dificultades es una tarea suficientemente compleja como para añadir una más: el cambio de domicilio. Pero vivir solo, en tu casa, todavía se puede si se toman un serie de precauciones. Adaptar la vivienda y contar con las visitas asiduas de un familiar pueden ser suficientes medidas. De hecho, esta decisión cuenta con aspectos muy recomendables, como las rutinas y el ambiente familiar.

    Cuántas veces realizamos actividades en casa y, al cabo, de un rato nos preguntamos si las hemos hecho. Todas esas rutinas son eslabones que nos guían sin pensar y, justo ahora, cuando el cerebro de una persona con demencia le impide hacerlas de forma consciente, es cuando estas rutinas comienzan a ser más eficaces, porque le ayudan a recordar y le proporcionan seguridad.

    Mediante un tablón de notas, la persona puede leer lo que le toca hacer ese día y la hora en que debería hacerlo. Esa planificación, le ayudará a estructurar el día. Si además cuenta con un gran reloj, en el que pueda ver las horas, la fecha y el día de la semana, será mucho más difícil que se desoriente.

    Sin embargo, todavía tendrá que tomar más medidas para evitar posibles complicaciones. Te proponemos varios consejos para adaptar el hogar:

    1. Dejar las llaves a un vecino de confianza. Si ocurre una emergencia o si la persona se encierra en su domicilio por miedo, un vecino puede actuar con la rapidez necesaria.
    2. Cambiar el teléfono por otro con botones grandes que permita marcar los números fácilmente.
    3. Poner cerca del teléfono una lista con los números de los amigos y familiares a los que hay que acudir si necesitamos algo.
    4. Contactar con las compañías de gas, luz y agua para instalar los servicios que ofrecen para personas con discapacidad.
    5. Cambiar la cocina de gas por una eléctrica. Esta decisión se tendría que tomar rápidamente, porque  la persona con demencia en fase inicial todavía es capaz de aprender cómo se utiliza.
    6. Instalar un detector de humo y monóxido de carbono.
    7. Si se cuentan con estufas antiguas, comprobar que funcionan correctamente y son seguras.
    8. Adaptar los grifos con dispositivos que regulen el volumen y la temperatura del agua.
    9. Retirar los cierres de los baños y los cerrojos de las puertas externas para facilitar el acceso en caso de emergencia.
    10. Adaptar el inodoro para facilitar su uso a la personas con problemas de movilidad.
    11. Instalar apoyos en la ducha y en el inodoro para facilitar su uso. Es preferible contar con un plato de ducha en el baño porque es más fácil entrar y salir de él.
    12. Cambiar el suelo del baño por uno que no resbale. En el domicilio, en general, los suelos debe ser antideslizantes, lisos, de un mismo tono y sin desniveles.
    13. Espacios amplios. Es recomendable que la vivienda cuente con espacios amplios y libres de obstáculos para que la persona se puede mover libremente. Se deberían retirar los objetos pequeños, como los jarrones o las lámparas de mesa, para evitar que se puedan caer y romper, lo que podría acabar provocando accidentes.
    14. Si la persona diagnosticada de demencia conduce, informar a la Dirección General de Tráfico (DGT). Es posible que en un principio pueda seguir conduciendo, pero deberá dejar de hacerlo a corto-medio plazo;  cuando sus facultades se vayan deteriorando.

    Fecha de publicación: 27 enero 2015

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    2 Comentarios

      • Querida Raquel, en los estados iniciales del alzhéimer es muy complicado «obligar» al paciente a participar en terapias si no muestra interés por ellas.
        Para conseguirlo, lo más importante es que sepas qué le gusta. De esta manera lograrás que se motive y, por lo tanto, que acepte la terapia. Primero, investiga qué actividades le resultaban interesantes y motivadoras y, luego, proponle hacerlas. Cuando le ofrezcas llevarlas a cabo no se las muestres como una terapia, sino como una actividad que le puede interesar. Cualquier actividad que sirva para estimularle, que implique socializar o moverse, es buena para activar a la persona en la etapa inicial.

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