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Alzhéimer: cómo tratar el daño psicológico del paciente

Mejorar su estado de ánimo es el primer paso para poder desarrollar un programa efectivo de estimulación cognitiva

La pérdida de capacidades que acompaña la enfermedad de Alzheimer suele provocar en el paciente un daño psicológico que puede dificultar el desarrollo de un plan de estimulación cognitiva. El primer paso, por tanto, es recuperar ese estado de ánimo, potenciando la seguridad y la autoimagen que tienen de sí mismos estas personas. En este artículo, analizamos la labor que ha llevado a cabo la psicóloga María Victoria Fernández de Caleya con Elvira, una paciente que había perdido su autoestima. Gracias al servicio a domicilio de bluaU Senior, ha podido recibir los cuidados de una experta sin salir de su casa.

Comienza la sesión de estimulación cognitiva

Son las 11:00 h. de la mañana de un miércoles cualquiera. María Victoria, como es habitual, acude al domicilio de Elvira para impartir una sesión de estimulación cognitiva.

Hace ya casi dos años que tienen la misma cita. Elvira tiene 85 años y alzhéimer en una fase moderada. En su caso, este grado significa que tiene muy afectada la memoria, especialmente, la reciente, que ha perdido gran parte de su iniciativa y que se encuentra muy desorientada, es decir, no sabe el día en el que está, ni el mes ni la estación del año en la que vive.

También necesita ayuda para vestirse, sobre todo, para elegir la ropa, y ya no puede hacer la compra ni la comida. Tampoco puede llevar el control del gasto de su casa ni pagar las facturas.

Sin embargo, conserva su capacidad para hablar, para escribir y el cálculo, que se le da muy bien. Es muy habilidosa con las manualidades, puede comer sola, ir al baño por sí misma, expresar si siente algún dolor y mantiene intacto su sentido de humor.

La misión de María Victoria es lograr que Elvira conserve esas capacidades el mayor tiempo posible.

Hoy, como siempre, una vez que la cuidadora de Elvira le ha abierto la puerta, María Victoria se ha dirigido al salón, donde la paciente espera haciendo un solitario. Aunque ella claro, no sabe qué está esperando ni a quién espera.

Cuando María Victoria la saluda, ella se gira y le recibe con una sonrisa.

-“Hola Elvira ¿cómo estás?”

-“Bien, bien ¿y tú?”

-“Yo también bien. Deseando comenzar”.

Elvira ha dejado de jugar a las cartas. Mira a María Victoria, pero no dice nada, no hace nada. Por fin, le pregunta:

-“Oye, ¿tú cómo te llamabas?”

-“María Victoria, soy la profesora”.

-“Ah, sí”.

Elvira y María Victoria han acordado entre ellas que son profesora y alumna. Les gusta más denominarse de esta manera.

Elvira observa detenidamente a María Victoria. Ve cómo se quita la chaqueta, saca unos cuadernos de una bolsa y se sienta en una mesa más grande. Después de unos segundos, en los que intenta encontrar respuestas en los movimientos de María Victoria, le pregunta.

-“Entonces ¿yo ahora qué hago?”

-“Sentarte conmigo, aquí, a mi lado”.

-“Ah vale, vale. ¿Y qué tenemos que hacer hoy?”

-“Pasarlo bien”.

-“Eso me gusta”, contesta sonriendo Elvira.

Cada vez que Elvira cambia de actividad, como ahora, que ha dejado de hacer un solitario, necesita que alguien le diga qué tiene que hacer después.

Reconstruyendo la autoestima

María Victoria comienza la sesión de estimulación cognitiva con un plan de actividades cuidadosamente planificado, pero a la vez flexible. Dependiendo de cómo la observe ese día, hará una u otra actividad.

El plan responde a unos objetivos que ha fijado previamente en función del estado cognitivo en que se encuentra su “alumna”.

Pero, por encima de esos objetivos, por encima de esa lucha contra la enfermedad, está Elvira, una persona que cuando se iniciaron las sesiones tenía la autoestima por los suelos.

Un dato: en las primeras sesiones, Elvira siempre repetía lo mismo:

-“¿Tú eres mi profesora? Pero para qué, si yo ya no me acuerdo de nada, si ya no sé hacer nada”.

“Los ejercicios de memoria y de lenguaje son útiles, pero cuando comienzo con un nuevo paciente me doy cuenta de que es muy importante trabajar el factor emocional. En la mayoría de los casos que he llevado, las personas, por haber perdido capacidades, tienen muy afectado su estado anímico: han perdido seguridad en sí mismas y en sus intervenciones, y se encuentran con una autoestima dañada. Hay pacientes que rechazan hacer ejercicios de estimulación porque no quieren asumir que han perdido capacidades. Se niegan a realizar ejercicios sencillos porque los ven muy fáciles, aunque son los únicos que pueden llevar a cabo. Cuando trabajo el estado emocional, he visto que se consiguen más avances en el campo cognitivo”, explica María Victoria Fernández.

¿Cómo se puede reforzar la autoestima de un paciente cuando es consciente de sus limitaciones?

María Victoria comparte su ingrediente secreto: fomentando la relación humana, que no es otra cosa que hablar para que nazca la confianza y crezca el afecto.

“Se trata de encontrar a la persona, de ir más allá de la enfermedad, y de que el paciente también se reconcilie con quien es ahora. Con la conversación nos vamos sintiendo cómodos. La persona no se siente juzgada y los ejercicios salen mejor. Mi mejor aliado es el sentido de humor”, agrega.

El test Mini mental, la primera toma de contacto

María Victoria también trabaja a nivel técnico. Para ello, pasa al paciente una escala cada seis meses para orientarse sobre las capacidades que aún conserva. Con los resultados del test, que suele ser el Mini mental, más su observación, define unos objetivos y una línea de trabajo.

“Cuando, por ejemplo, le paso el test a Elvira, me gusta explicarle lo que hago. Por ejemplo, le comento los resultados. Le digo que veo un poquito de dificultad en la memoria y que observo que le cuesta mantener la atención. Entonces, le propongo hacer actividades para trabajar esas áreas. También le resalto todo lo que tiene bien porque suele pensar que, como ha perdido la memoria, es un desastre. Y no es verdad, hay muchas capacidades que mantiene”, señala María Victoria.

Entre los objetivos que se ha fijado se encuentran:

-Mantener la fluidez verbal, porque es muy importante para su día a día.

-Estimular la memoria biográfica porque los recuerdos de Elvira son como “retales”. María Victoria quiere que reviva más historias y con más detalle porque la evocación de los recuerdos, especialmente los más valiosos para ella, despiertan también emociones positivas. Para ello, trabaja con los objetos que tiene en casa: las fotografías, por ejemplo, le son muy útiles.

Gracias a las conversaciones que mantienen, Elvira le ha contado cómo era hacer una carrera de ciencias cuando era joven, cuando solo había dos mujeres en toda la clase.

-Trabajar la concentración y el cálculo. Si mantiene la atención, Elvira podrá seguir jugando a las cartas y hacer solitarios de manera independiente. El cálculo se le da muy bien, como es matemática, lo sigue conservando. Pero para que lo mantenga hay que seguir ejercitándolo.

-Desarrollar la orientación. Para ello, hablan de la estación del año, de las cosas que son típicas y de las que no.

Como le gustan mucho las manualidades, recortan imágenes y juntas hacen un collage, que dejan sobre la mesita. Cuando Elvira no recuerde el mes o la estación del año en que se encuentra, solo tiene que mirarlo.

Musicoterapia, un ingrediente imprescindible

Para mantener todas estas capacidades, María Victoria mezcla ejercicios, con conversaciones y musicoterapia porque a Elvira le encanta cantar. Así que entre las dos han decidido que cada actividad tenga una banda sonora.

Cuando toca recortables, Los cuatro muleros; Cuando leen sobre Zaragoza, una ciudad en la que Elvira vivió durante mucho tiempo, entonan La virgen del Pilar dice o una canción preciosa que María Victoria ha aprendido de Elvira: El Ebro guarda silencio.

Las dos han formado un dúo magnífico: Elvira entona los graves y María Victoria los agudos, y sus voces se mezclan con la percusión. “Llevamos el ritmo de forma espontánea, golpeando la mesa”.

Cuando cantan, a María Victoria le gusta mirar los ojos marrón claro de Elvira, chispeantes, alegres. Ella le sostiene la mirada, no se la oculta. Ambas se gustan. Se nota en la forma en que se ríen, en las bromas, en la manera en que María Victoria la toca y Elvira se deja.

Esta relación ha llevado consigo que Elvira tenga una mayor fluidez en el lenguaje, que sus recuerdos hayan aumentado, que se encuentre tranquila, cómoda.

Cuando ve a María Victoria, aunque sigue sin recordar su nombre, ya no comienza su encuentro diciendo: “Yo no sé nada”.

Elvira se ha reencontrado con quien es, con la que fue y que no dejado de ser.

Por eso, cuando María Victoria se pone la chaqueta y se dirige a la puerta, le dice: ¿Me das un abrazo?

 

8 diciembre de 2022

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