Cuídate

Moderada 12 diciembre de 2019

Una terapeuta ocupacional potencia la autonomía de las personas con demencia

Su objetivo fundamental es ralentizar la enfermedad y mejorar la calidad de vida de los pacientes mediante actividades que se adapten a sus necesidades y con las que conecten emocionalmente

Elena Gil, del Centro Residencial Sanitas Henares, explica en esta entrevista cómo una terapeuta ocupacional puede contribuir a ralentizar la evolución de la demencia y a aumentar el bienestar del paciente. No sólo eso. También puede ser un gran apoyo para el cuidador.

¿En qué consiste el trabajo de un terapeuta ocupacional?

Nosotros nos encargamos de mejorar la calidad de vida de las personas mediante actividades. En las residencias, me atrevería a decir que somos la columna vertebral de las actividades que se llevan a cabo en estos centros. Nos ocupamos de organizar, de proponer y de integrar las actividades en un función de las necesidades de los usuarios.

Los terapeutas ocupacionales trabajamos en muchos ámbitos. Yo puedo hablar del trabajo que hago en Geriatría y, más concretamente, en residencias y también en los domicilios, mediante el programa En Casa Contigo. Nos ocupamos de potenciar la autonomía de las personas mediante actividades significativas, es decir, actividades que conectan emocionalmente con las personas con las que trabajamos. Mediante esos planes de intervención entrenamos y supervisamos a esa persona cuando hace, por ejemplo, sus actividades de la vida diaria; cuando come o se asea. También podemos intervenir en la marcha (su forma de caminar) y en las transferencias (movimientos que implican pasar de una superficie a otra, como de la cama a la silla de ruedas o de la silla de ruedas al coche).

 ¿Cómo puede ayudar un terapeuta ocupacional a una persona con demencia?

Nuestro objetivo fundamental es mejorar la calidad de vida de la persona. Trabajamos con un enfoque integral. Es decir, observamos al individuo en sus cuatro esferas: física, cognitiva, emocional y el entorno. Es cierto que el entorno no forma parte del individuo, pero sí hay una interacción constante con él, por eso es tan importante tenerlo en cuenta.

El primer paso es analizar los síntomas o necesidades que puede tener esa persona con demencia. Con esta información, diseñamos estrategias para poder abordarlos. Por ejemplo, intervenimos para manejar una alteración conductual o para trabajar la pérdida de memoria, y lo hacemos con nuestra herramienta: la ocupación. De ahí viene nuestro apellido “terapeuta ocupacional”.

Diseñamos actividades que se adapten a la persona y, a través de su ejecución, conseguimos un objetivo marcado. Por ejemplo, observamos que la persona tiene problemas con la escritura. A la hora de escribir, sabemos que interviene la parte motora y parte cognitiva. Esto significa que tienes que tener memoria y tienes que tener la “praxia” (movimiento coordinado). Analizas entonces al paciente y descubres dónde está el fallo. El siguiente paso es adaptar esa actividad de forma que intentes solventar ese fallo y que esa persona consiga escribir.

Lo que hacemos es segmentar en pequeños trocitos esa actividad que no puede realizar para promover y mejorar la autonomía. Por ejemplo, esa persona puede tener problemas para vestirse sola, pero hemos observado que todavía se puede poner la parte de arriba, pues le dejamos que lo haga ayudándole con la manga o dándole una pauta verbal.

También es muy importante establecer rutinas. Por la mañana, a primera hora, la ducha; luego el desayuno; más tarde, una actividad que para él sea significativa. Mediante programas que le estimulen vamos reducir la apatía. Una persona a la que le guste el folclore español no puede faltar al taller de musicoterapia.

También controlamos y manejamos las alteraciones de conducta. Uno de mis pacientes, Pablo, estuvo en el seminario. Este detalle, que conozco después de analizar su historia de vida, me es muy útil porque cuando se altera, lo primero que hago es escucharle para que se calme y luego le pongo música gregoriana, y así se queda tranquilo.

De esta manera les ayudamos a salir de esas situaciones en las que están totalmente desconectados de la realidad.

Y al cuidador ¿se le puede apoyar de alguna manera?

Un punto en el que coinciden muchos es en el desconocimiento de la enfermedad, sobre todo, cuando se enfrentan a ella en los estadios iniciales. Cuando su familiar comienza a tener desinhibiciones o trastornos conductuales. Cuando te dicen: “Mi marido nunca ha sido así. Es que ahora va a ser así” o “Lo está haciendo aposta”. Esas ideas son muy comunes y les crean mucha frustración. Lo prioritario, entonces, es explicarles los síntomas más comunes y que vean que forman parte de la enfermedad. Que su familiar no ha querido insultarte o pegarle porque quería hacerle daño, sino que es un síntoma más de la enfermedad. Y darles pautas para que sepan enfrentarse a esas situaciones, para que la sobrecarga que tienen como cuidadores sea menor.

Una de las dificultades más comunes que suelen surgir es cuando el paciente no se quiere duchar o lavar. Es muy frecuente que el cuidador se empeñe, por ejemplo, en que tiene que hacerlo, y como el paciente no quiere, acaban peleándose. Pues el cuidador tiene que entender que no siempre se puede conseguir lo que uno quiere. Hay que tener en cuenta que estamos cuidando a otra persona y que esa persona no tiene la capacidad para explicar, por ejemplo, que hace frío y que por eso no quiere meterse en la ducha. Probablemente si nosotros tuviéramos esa sensación, haríamos lo mismo. Entonces el cuidador tiene que aprender a ser flexible y que si ahora no consigue que su ser querido se lave pues no pasa nada por intentarlo en otro momento. También le damos pautas para hacer más agradable ese momento. Por ejemplo, poniéndole música, cantándole para lograr que vaya al baño de una forma que no sea agresiva. Lo importante es que no se ponga a la defensiva y que esa relación acabe como el ‘rosario de la aurora’.

¿Cómo reconoce que está haciendo un buen trabajo?

La demencia engloba varias enfermedades que van eliminando capacidades. El terapeuta ocupacional se encarga de obtener pequeños logros diarios. Yo me planteo, por ejemplo, conseguir que una persona que está apática se involucre en una actividad. Para ello investigo en su historia de vida, hablo con su familia y averiguo qué es lo que le gusta.

Otro logro puede ser conseguir que una persona sea capaz de comer por sí misma. Proporcionándole, por ejemplo, un cubierto especial con el que pueda comer solo. Otro caso puede ser lograr que una persona, que tiene un alzhéimer en una fase severa y está muy encorvada, sea capaz de tomar un líquido sin necesidad de echar la cabeza hacia atrás mediante un vaso adaptado. De esta manera, evitamos problemas de atragantamiento y que sufra dolor. Son pequeñas cosas que repercuten en su bienestar.

Y con el cuidador, cuando les visito en sus casas, a través del programa En Casa Contigo, puedo observar que he reducido su nivel estrés informándoles sobre la enfermedad, proporcionándoles estrategias. Por ejemplo, cuando te reconocen que no se están cuidando porque no piensan en sí mismos y les enseñas a tener en cuenta esas alertas que muestran el estrés que están sufriendo. Cuando reconocen que sería conveniente visitar a un psicólogo de una Asociación de Familiares de personas con Alzhéimer o se apuntan a una actividad que les gusta o cuando confían en ti y te preguntan cómo resolver una situación.

Si tuviera que buscar a un buen terapeuta ocupacional para un ser querido ¿en qué se fijaría?

Cuando trabajas en Geriatría es un ambiente triste, es un ambiente en el que se tiene la muerte muy presente. Por eso, tienes que buscar a una persona que tenga energía. Además, tiene que tener una gran capacidad para adaptarse. Los terapeutas ocupacionales utilizamos la actividad como herramienta de trabajo, y tenemos que saber adaptar esa actividad en función de las necesidades.

Un buen terapeuta se implica, va más allá. Conoce la historia de vida del paciente, sabe qué es lo que le gusta y lo que le puede aportar como profesional. Más que ser un profesional puramente técnico que se fija objetivos, tiene que conectar con el paciente mediante la emoción porque al final estás trabajando con personas. Yo buscaría una persona alegre, capaz de despertar a una persona que está medio adormilada y de conectar con ella.

Una cosa que me agradecen mucho los pacientes es que yo siempre me dirijo a ellos por su nombre, les preguntó cómo les ha ido el día y les acaricio la mano.

2 Comentarios

  • Me ha gustado mucho lo que acabo de leer.
    M madre está en una residencia, tiene alzheimer, está en silla de ruedas, habla poco, pero se da cuenta de todo, nos conoce estupendamente incluso a gente que no ve desde hace tiempo.
    Tiene las manitas agarrotadas, mi lucha con el centro es la falta de terapias acordes con cada persona.
    Yo por m parte hago lo que puedo, voy todos los días mañana y tarde, pero no soy ninguna experta en terapias.
    Me gustaría que me diese algunas pautas o si tiene algún libro para poder comprar.
    Muchas gracias por su atención y adelante.
    Bonito trabajo

  • Totalmente de acuerdo en que los terapeutas ocupacionales son indispensables para cuidar bien a la persona mayor. De hecho el CUIDADO no es un buen cuidado si no incluye a la autonomía de la persona. Pero para un BUEN CUIDADO también es indispensable la práctica de la interdisciplinariedad. El trabajo de un TO no será completo si no colabora con un fisioterapeuta. El de éste tampoco será completo si no trabaja con un enfermero. Todos ellos deben contar con los auxiliares de enfermería. Un médico que entienda bien el trabajo en equipo también es fundamental. Hay que contar con la colaboración de la familia..

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