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Las personas con demencia prefieren platos llamativos

Los problemas visuales de estos pacientes les impiden reconocer los alimentos

La madre de Natalia tiene demencia en una fase avanzada. Ya no camina, habla muy poco y, cuando lo hace, no se la entiende, pero no ha perdido la curiosidad, ni las ganas de salir a la calle. El otro día, cuando le estaba dando de comer, intentó coger la cuchara: quería comer por sí misma. Aquel gesto la conmovió.
 
Se preguntó, entonces, cómo podría ayudarla. Los cubiertos normales no servían. Su madre, además de demencia, tenía artrosis; para ella sujetar una cuchara normal era una tarea prácticamente imposible. Pero quizá existiera algún cubierto diferente, con un mango especial que le permitiera sostenerlo. Hacía tiempo que una amiga le había comentado que existía un centro donde le podían informar. Fue así como dio con CEAPAT (Centro de Referencia Estatal de Autonomía Personal y Ayudas Técnicas).

Llamó, pidió una cita, y allí le enseñaron todo tipo de objetos que pueden hacer más fácil la vida de una persona con discapacidad. En la exposición, ella se detuvo, sobre todo, en la sección en la que estaban los platos, las tazas, los vasos y los cubiertos. Descubrió que había platos con un borde, lo que hacía más fácil a la persona empujar la comida. Además, tenían el fondo inclinado de forma que la comida caía hacia un lado y así no había que levantar el plato, lo que facilitaba la tarea. También descubrió platos que se podían rellenar con agua caliente, con el mismo sistema que emplean los termos. De esta manera, si su madre tardaba en tomarse la comida, no tenía que comérsela fría.
 
Le enseñaron muchos tipos de cubiertos. El que más le gustó fue una cuchara que tenía el mango muy grueso, no pesaba nada, y la parte cóncava estaba vuelta hacia un lado, lo que facilitaba que la comida pudiera entrar en la boca. La zona en la que estaban los vasos y las tazas también fue muy interesante. Había vasos que tenían un lado cortado. De esta forma, la persona podía beber sin tener que subir tanto el vaso y no tenía que inclinar mucho la cabeza. Este aspecto resultaba especialmente útil con su madre que tenía tantos problemas para tragar. También había vasos con dos asas que no pesaban nada. Natalia pensaba en lo útil que le hubieran resultado cuando a su madre le costaba tanto sostenerlo sin que se le cayera. La mayoría de los objetos se pueden consultar en la web, en el documento Guía de orientación en la práctica profesional de valoración reglamentaria de la situación de dependencia: Productos de apoyo para la autonomía personal.
 
Una de las fotografías que más le llamó la atención fue el equipamiento de mesa para personas con alzhéimer. La imagen muestra un plato con base antideslizante y un borde alto, un vaso con boquilla, un conjunto de cubiertos flexibles (cuchillo, cuchara y tenedor) y un mantel individual también antideslizante. Todos los productos son de color rojo, excepto el mantel, que es de color amarillo. Pero ¿por qué tenían ese color tan llamativo?
 
La respuesta se la dio Tracy Dunne, del Centro Gerontológico de la Universidad de Boston. Varios investigadores, dirigidos por ella, diseñaron “el estudio del plato rojo”. Su hipótesis consistía en probar que los adultos mayores, que tenían la enfermedad de alzhéimer en un fase avanzada, comerían más si los alimentos se les servían en un plato rojo que en un plato blanco.
 
Dunne había escuchado muchas veces cómo las personas que trabajaban en una residencia se quejaban de que sus pacientes no se terminaban la comida de sus platos, incluso, después de que ellas les animaban a ello. Por otro lado, sabía que el 40% de las personas con alzhéimer pierden peso, aunque se desconoce la razón.
 

Entre las explicaciones que se barajan, se encuentran que muchos pacientes sufren depresión o son incapaces de concentrarse, de una vez, en más de un alimento o porque ya no pueden comer por sí mismos. Sin embargo, el equipo de investigadores de Dunne tenía una explicación diferente. Ellos creían que ese comportamiento podría deberse a los problemas visuales que provocaba el alzhéimer. Los pacientes con esta enfermedad no pueden procesar determinada información visual, como el contraste o la profundidad, al igual que les pasa a muchos adultos mayores. Los investigadores se preguntaron si la pérdida de peso no se debería a que no pueden distinguir el plato de la mesa y la comida del plato o el líquido de su recipiente.
 
Por ello, pusieron en marcha un estudio en el que analizaron cuanta cantidad de comida ingería un grupo de pacientes si comían en un plato rojo o si lo hacían en un plato blanco. El estudio constó de dos fases. En el primero, que tuvo un seguimiento de un año, participaron nueve hombres, con una media de 82,7años, que habían recibido educación durante 13,3 años y en los test, que medían su estado cognitivo, obtuvieron una media de 2,9 puntos sobre 30. Cada uno de ellos podía comer por sí mismo.
 
El estudio realizó tres test consecutivos cada diez días. Diariamente se midió la comida y la bebida que tomaban los participantes. Primero se les sirvió la comida en platos y copas blancas con cubiertos de acero inoxidable. Después, durante el mismo periodo, comieron en platos, en copas y con cubiertos rojos.
 
En el estudio posterior de seguimiento, se incluyeron cinco individuos del estudio inicial y cuatro nuevos individuos. Todos ellos tenían características similares a los participantes del primer grupo. Tras analizar los resultados de las investigaciones, observaron que las personas del primer estudio, que habían comido con una vajilla roja, habían aumentado en un 24,6% su ingesta de alimentos y en un 83,7%, la cantidad de líquido que habían bebido. En el estudio de seguimiento los participantes aumentaron el porcentaje de comida que tomaron en un 25,1% y la cantidad de líquido, en un 29,8%.
 
Alice Cronin-Golomb, directora del Centro de Biopsicología Clínica de la Universidad de Boston, y que también participó en la investigación, hizo hincapié en la importancia que tienen los contrastes para mejorar la vida de las personas con alzhéimer. “Si la información que entra en su cerebro, a través de sus ojos, está mermada, qué se puede esperar que hagan con ella. Sin embargo, si ven mejor, serán capaces de leer con más rapidez”, asegura.
 
La enfermedad de Alzhéimer se asocia siempre con los problemas de memoria, pero la mayoría de la gente no se da cuenta de que los problemas visuales y de percepción les pueden causar tantos trastornos como las alteraciones cognitivas.
 

Prueba de ello, fue el caso que le comentó, a uno de los investigadores, una cuidadora al terminar una charla que dio. “Un día, observé a mi madre cuando estaba en la cocina intentado servirse un poco de leche. La taza era blanca, la leche era blanca y la encimera también era blanca. Así que, cuando entré, vi como estaba vertiendo la leche sobre la mesa. No me había dado cuenta de los problemas de visión que tiene mi madre hasta hoy”, aseguró.
 
Natalia ya sabe que, a partir de ahora, su madre comerá en una vajilla llamativa. Quizá, de esta manera, gane un poco de peso. Pero, sobre todo, lo que espera es que se atragante menos y sea capaz de coger la cuchara por sí misa. Sabe que ese detalle, le hará feliz. En este pulso que mantiene con el alzhéimer, comer por sí misma será la manera de demostrarse que todavía mantiene un grado de independencia. Es decir, que todavía puede ser ella misma.
 
 

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