Cuídate

Moderada

Lo que no quise escuchar cuando mi madre murió

Cómo comportarse ante una persona que está de duelo

Eran las 6 de la mañana de un sábado cuando el teléfono sonó. En ese mismo momento, Beatriz lo supo. Supo que su madre había muerto. Para qué si no la iban a llamar a esa hora. Fue ella quien se encargó de avisar al resto de sus hermanos; quien intentó poner una voz calmada para darles la noticia con tranquilidad. Después de eso, los recuerdos se vuelven vagos. Cree que le costada concentrarse… ducharse, vestirse, no olvidar qué tenía que llevar… todo se volvía difícil. En un momento, recuerda que empezó a darse prisa porque pensaba que su madre todavía la estaba esperando: la veía en la cama, sentada, impaciente porque ella llegara… pero ya no, ya nunca más la volvería a ser así.
 
Luego llegó el dolor, un enorme dolor. Verla en la cama, la tranquilizó. Todavía estaba, aunque ya no respirara. Cualquier cosa antes que no tenerla. Le hubiera gustado tanto poder velarla en su habitación, no haber tenido que ir al tanatorio, un sitio tan frío y tan poco natural… Luego aparecieron los familiares, los amigos, los conocidos de los amigos. Agradeció las muestras de cariño de todos y cada uno de ellos. Pero odió sus palabras, sino no todas, muchas. Las aceptaba, pero le hicieron daño. Todo le hacía daño.
 
Las preguntas que más temía era cuando querían saber la edad de su madre. Beatriz, la decía con cierto orgullo. Cuando la gente la escuchaba, podía leer en su ojos lo que pensaban: ya era hora; ya había vivido suficiente. Beatriz no sabía por qué tenía que pedir disculpas porque su madre se hubiera hecho mayor. Otro comentario que también la hería era cuando le decían que ahora, ella, Beatriz, ya podía descansar. Tanto sus hermanos como ella habían cuidado de su madre, nadie más. Cómo entonces podían saber lo que era mejor para ellos. Hubo otra frase que le golpeó en el estómago: “Nadie sabe lo que habrá sufrido con cada ataque”. La madre de Beatriz sufrió varios microinfartos… No había caído en esa posibilidad. ¿Realmente sufría? Desde luego, no era el mejor momento para lanzar la duda.
 
El resto de las frases están recogidas en el artículo Las peores cosas que se pueden decir a una persona durante su duelo, publicado en la web de David Kessler, uno de los expertos sobre la muerte y el duelo. Cuando Beatriz las leyó, reconoció muchas de ellas.

Al menos ella vivió una larga vida, muchas personas mueren jóvenes
Ella está en un sitio mejor
Hay una razón para todo
Ella era una buena persona. Dios la quería con él
Ella ya había hecho lo que tenía que hacer. Era hora de marcharse.
Sé cómo te sientes
Sé fuerte 
 
Beatriz sabe que todas esas frases u otras parecidas, aunque fueron torpes, no fueron dichas con intención de molestar, pero lo hicieron… porque en esos momentos se tiene el corazón en carne vida. Sé dio cuenta, entonces, de lo importante que es informarse sobre cómo hay que comportarse frente a una persona que está de duelo. Lo que más le gustó lo leyó en el blog de La Fundación Mario Losantos del Campo: “Respeta el dolor que esa persona está sintiendo y déjate guiar por él. Acompáñala desde la verdad. Porque lo más importante que puedes hacer por esa persona es estar allí, acompañándola”. Qué verdad, qué gran verdad. Muchas veces se tiene la presión de decir algo, pero, a veces, lo que realmente reconforta es un abrazo sentido desde lo más hondo.
 
Las primeras semanas también son muy peligrosas. Los peores comportamientos son los de las personas que vuelven a ver a la persona que está de duelo y se comportan cómo si nada hubiera pasado. Ni un breve lo siento. Otras no paran de preguntar, pidiendo más y más detalles sobre cómo se produjo la muerte, cuando, en esos momentos, no se tienen fuerzas para volver a revivir la experiencia.
 
En su búsqueda por encontrar recetas para aliviar su alma, Beatriz encontró un bálsamo en El apoyo a una persona en duelo cuando leyó que no existía un calendario para superar la muerte de un ser querido. Incluso, al reconocer que, a veces, las personas se resisten a seguir adelante porque sienten que esto significa que están olvidado a la persona que más han querido.

Entonces no debía sentirse rara cuando tenía miedo de dejar de llorar, cuando no entendía el significado de la palabra superar. Nada volvería a ser igual. Ella y todas las personas que pierden a alguien que han amado profundamente lo saben. Beatriz volverá a reír, de hecho, ya lo hace. Pero el sentimiento de ausencia permanecerá siempre.
 
 
 
 
 
 

 

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