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Mitos y verdades sobre la especia cúrcuma

“Superalimentos” naturales

Entre los alimentos también existen clases. No todos son iguales. De hecho, existe un grupo que son calificados como los superalimentos, dado que son ricos en unos determinados nutrientes que pueden ayudar a prevenir determinadas enfermedades. En esta “liga” se encuentra la cúrcuma, que ha sido utilizada durante más de 4.000 años para tratar una gran variedad de afecciones. Tanto en la medicina china como en la india, se ha utilizado como antiinflamatorio para abordar problemas digestivos, de hígado y de enfermedades de la piel.
 
La cúrcuma es una planta de la familia de las Zingiberáceas, que botánicamente está relacionada con el jengibre. Además de utilizarse en la medicina tradicional, se usa en la cocina como especia aromática. El condimento se extrae de los rizomas –tallos que crecen por debajo de la tierra– cuando se muelen. Tiene un sabor neutro, aunque tira un poco a picante. Es el principal ingrediente del curry o masala hindúes –mezcla de hierbas aromáticas– y proporciona el color amarillo.
 
Uno de los componentes de la cúrcuma es la curcumina, un poderoso antioxidante. Los antioxidantes se encargan de neutralizar los radicales libres cuya acción daña las membranas de las células, alteran el DNA y puede llegar a causar la muerte de las células. Los antioxidantes pueden luchar contra los radicales libres y reducir e incluso ayudar a prevenir parte del daño que causan. Además, la curcumina reduce los niveles de dos enzimas del cuerpo humano que provocan inflamación. También detiene la acumulación de plaquetas –pequeñas células que circulan en la sangre– para formar coágulos en la sangre.
 
Según una revisión publicada por el Centro médico de la Universidad de Maryland, existen investigaciones que sugieren que la cúrcuma podría producir alivio en las siguientes patologías:
 
Indigestión o dispepsia –trastorno digestivo–
La curcumina estimula la vesícula para producir bilis, lo que podría ayudar a mejorar la digestión. En un estudio doble ciego –ni el paciente ni el investigador saben qué sustancia se está administrando, si es el producto que se está estudiando o placebo–, controlado frente a placebo  –sustancia inocua frente a la que, en este caso, se evalúa la cúrcuma– se encontró que esta especia reducía la hinchazón y los gases en personas que sufren de indigestión.
 
Colitis ulcerosa –el revestimiento del intestino grueso y el recto están inflamados–
La cúrcuma podría ayudar a que los pacientes que padecen esta enfermedad permanezcan en remisión. Esta enfermedad es una patología crónica cuyos síntomas vienen y van. En un estudio, doble ciego y controlado frente a placebo, los pacientes, cuya colitis ulcerosa estaba en remisión, tomaron o bien placebo o curcumina, junto a su tratamiento convencional, durante seis meses. Aquellas personas que tomaron curcumina tuvieron una tasa de recaídas significativamente más baja que los que habían tomado placebo.
 
Osteoartritis
Un estudio encontró que las personas que tomaron una fórmula de la medicina ayurvédica (medicina de la India) compuesta por minerales, cúrcuma, cereza de invierno (Winter cherry), boswellia (un tipo de árboles conocidos por sus resinas aromáticas) y zinc tuvo menos dolor y discapacidad. Pero fue imposible saber si el efecto fue debido a la cúrcuma o a todos los componentes.
 
Enfermedad del corazón
Algunos estudios previos sugerían que la cúrcuma podía prevenir la arterioesclerosis, es decir, impedir la formación de placa que podría bloquear las arterias y terminar provocando un ataque al corazón o un ictus. En estudios con animales, se vio un descenso de los niveles de colesterol. Sin embargo, en un estudio doble ciego controlado frente a placebo, se encontró que tomar 4 gr al día de curcumina no mejoró los niveles de colesterol.
 
Cáncer
Estudios realizados en tubos de ensayo y en animales sugieren que la curcumina podría prevenir varios tipos de cáncer (próstata, mama, piel y colon). Sin embargo, se necesitan más investigaciones. Conviene recordar que el cáncer debe ser tratado con medicaciones convencionales y que en caso de utilizar terapias complementarias, junto con el tratamiento convencional, es preciso comentarlo con el oncólogo.
 
Infecciones bacterianas y virales
Estudios realizados en tubos de ensayo y con animales sugieren que la cúrcuma podría matar a las bacterias y a los virus, pero las investigaciones no han probado que funcione igual en humanos.
 
Uveítis
Un estudio anterior sugiere que la cúrcuma podría ayudar a tratar esta inflamación en el iris del ojo, pero se necesitan más investigaciones.
 
Enfermedades neurodegenerativas
El poder antioxidante, antiinflamatorio y sus efectos sobre la circulación sanguínea quizá ayuden a prevenir y a tratar las enfermedades neurodegenerativas, incluyendo el alzhéimer, la enfermedad de Parkinson y la esclerosis múltiple. Según el doctor Greger, responsable de la web Nutrition facts, en dos ensayos que utilizaron suplementos de curcumina en lugar de cúrcuma, no se observaron beneficios. La curcumina es solo uno de los cientos de fitoquímicos –componentes químicos naturales que se encuentran en los alimentos derivados de plantas y que funcionan como poderosos antioxidantes– que se encuentran en la cúrcuma. Concentrado en una píldora cuya dosis fue 40 veces superior a la habitual, no se encontró ninguna evidencia. Sin embargo, en una experiencia anterior, cuando se empleo la cúrcuma con tres pacientes sí se observó mejoría. “¿Casualidad?”, se pregunta el doctor Greger. “Puede ser que la totalidad de los fitoquímicos incluidos en la cúrcuma funcionen mejor que la curcumina sola”, explica el doctor Greger.
 
En una revisión realizada por Gabriela Mazzanti y Silvia Di Giacomo, publicada en el 2016 en la revista Molecules, se analizó con más detalle esta información tras revisar los cinco ensayos clínicos– estudios para evaluar la eficacia y seguridad en seres humanos de un producto, sustancia, medicamento, técnica diagnóstica o terapéutica– publicados hasta entonces sobre la curcumina y los trastornos cognitivos, entre ellos la enfermedad de Alzheimer.
 
Tres de ellos se realizaron en pacientes adultos o ancianos con alzhéimer de diversa severidad y solo uno encontró efectos positivos sobre los síntomas de esta enfermedad, aunque merece la pena resaltar que solo tres pacientes formaron parte de ese estudio. Los otros dos estudios incluyeron sujetos sanos y sólo en uno de ellos se observó mejoría en la función cognitiva. Por el contrario, en el otro, no se vio ningún efecto tras un año de seguimiento.
 
En dicha revisión se destaca que la curcumina posee múltiples efectos biológicos, tanto in vitro como in vivo– es decir, en estudios de laboratorio y en animales–  que la convierte en un buen candidato para el tratamiento de las enfermedades neurodegenerativas. Sin embargo, a pesar de su atractiva función neuroprotectora, los resultados obtenidos en ensayos clínicos son generalmente decepcionantes: ¿cuál es la discrepancia entre los datos preclínicos y clínicos?
 
Diversos puntos deben ser tenidos en cuenta a este respecto, entre ellos, el hecho de que los estudios realizados hasta entonces contaban con un número reducido de pacientes, con un seguimiento corto a lo largo del tiempo, con una gran variabilidad en la dosis utilizada– no está clara la dosis adecuada– y con productos con biodisponibilidad reducida –del producto ingerido por boca, finalmente, llega poca cantidad a la sangre– etc. Se concluye, por tanto, en dicha revisión, que la utilidad y eficacia clínica de la curcumina en la enfermedad de Alzheimer sigue siendo una cuestión abierta y que es preciso realizar ensayos clínicos mejorando las condiciones previamente expuestas (estudios en estadios precoces de la enfermedad, con un mayor número de participantes, con un tiempo prolongado de seguimiento y con la dosis adecuada de producto que, además, tenga una adecuada biodisponibilidad).
 
 

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