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Leve 10 julio de 2019

Los frutos secos y las frutas del bosque pueden prevenir los efectos neurodegenerativos asociados a la edad

Según el estudio PREDIMED, el riesgo relativo de sufrir un ictus se reducía hasta un 46% cuando en la dieta mediterránea se incluían frutos secos

Diversos estudios científicos muestran que añadir frutos secos, frutas del bosque o ambos a una dieta equilibrada pueden prevenir los efectos neurodegenerativos provocados por el envejecimiento.

Esta conclusión se ha obtenido de la revisión realizada en “Cognition: the new frontier for nuts and berries” (Capacidad cognitiva: un nuevo terreno para los frutos secos y las frutas del bosque), publicada por The American Journal of Clinical Nutrition.

De hecho, la revisión afirma que el consumo regular de frutos secos y frutas del bosque podría ser utilizada como un tratamiento complementario a la hora de abordar varias enfermedades neurodegenerativas y en los trastornos cognitivos asociados con el envejecimiento.

Estos estudios han supuesto que estos alimentos, a los que no se les había dado la suficiente importancia, hayan recuperado un papel que habían perdido. Hay pocos alimentos que hayan cobrado tanta importancia como estos productos. Hace 20 años, eran ignorados por los expertos y tan solo se les considerada como un aperitivo o como un placer estacional. Sin embargo, recientemente han aumentado su importancia, al ser vistos como alimentos saludables.

En caso de los frutos secos, su consumo diario se había asociado con un descenso del riesgo vascular, hipertensión, cálculos biliares, diabetes, cáncer, síndrome metabólico (grupo de afecciones -aumento de la presión arterial, azúcar alta en sangre, exceso de grasa corporal alrededor de la cintura y niveles anormales de colesterol o de triglicéridos- que aumentan el riesgo de sufrir una enfermedad cardiaca, un ictus y diabetes-) obesidad, protegían contra el envejecimiento y mejoraban la calidad del semen. En cuanto al consumo de frutas del bosque, los estudios las vinculaban con una mejora de las enfermedades cardiovasculares y del sistema inmune. Ambos tipos de alimentos parecían producir un efecto beneficioso frente al daño oxidativo y la inflamación.

Sin embargo, se contaba con una cantidad limitada de investigaciones que analizaran los beneficios de los frutos secos y las frutas del bosque en el cerebro humano, en los diferentes sistemas neuronales y en las capacidades cognitivas.

Los frutos secos han sido un componente tradicional de la dieta Mediterránea. Una reciente publicación, Prevención con Dieta Mediterránea (PREDIMED), encontró que el consumo de frutos secos podría ayudar a las personas con depresión y contrarrestar el declive cognitivo asociado a la edad.

Tras tres años de investigación, los datos mostraron que las personas que siguieron una dieta mediterránea, a la que se había añadido frutos secos, parecían tener mayores concentraciones de factor neutrófico (BDNF) (una familia de proteínas capaz de prevenir la degeneración de las neuronas) específicamente entre los pacientes con depresión. Las bajas concentraciones del BDNF han sido asociadas con trastornos neurodegenerativos, como epilepsia, alzhéimer, enfermedad de Huntington, autismo, esquizofrenia y depresión mayor, mientras que las altas concentraciones de BDNF parecen prevenir la pérdida de memoria y los trastornos cognitivos.

El estudio, realizado en Barcelona, sometió a los participantes a test neuropsicológicos en los que se evaluaba su capacidad cognitiva. Los investigadores encontraron que el grupo de personas, que habían consumido las dosis más altas proporcionadas en el estudio de aceite de oliva, aceite de oliva virgen, café, nueces y vino, tenían mejor memoria y, en general, mejores capacidades cognitivas. El consumo de nueces, pero solo de nueces, se asoció concretamente con los mejores resultados obtenidos tras evaluar la memoria de los participantes. La razón, por la que los expertos creen que estos alimentos son beneficiosos para la función cognitiva, es debido a su alto contenido en antioxidantes (polifenoles).

En el último informe del estudio PREDIMED, el riesgo relativo de sufrir un ictus se reducía hasta un 46% cuando la dieta mediterránea incluía, además, frutos secos. Este hallazgo es especialmente significativo porque el ictus se sitúa en el centro del deterioro cognitivo vascular asociado a la edad.

En cuanto a las frutas del bosque, un estudio mostró que añadir diariamente a la dieta de los adultos mayores con un deterioro cognitivo leve, de 6 a 9 ml por kilo durante 12 semanas, mejoró sus funciones cognitivas. En concreto, esta mejora se observó en el aprendizaje asociativo (este aprendizaje nos permite establecer relaciones de causalidad), a la hora de recordar las palabras de una lista y al reducir los síntomas depresivos.

Para analizar el efecto del zumo de uva (mosto) sobre las funciones cognitivas, se tomó a un grupo de participantes, que habían experimentado un deterioro temprano de la memoria, y se les dio, durante tres meses, zumo de uva (6-9 mL/kg) frente a otro grupo que tomó placebo (sustancia inocua), además de su dieta habitual. Las personas que tomaron el zumo de uva mejoraron a la hora de recordar la lista de palabras, según el test que se les administró. También experimentaron una mejora en el retraso del recuerdo verbal y en la memoria espacial, en relación con los participantes que tomaron placebo.

Estos estudios mostraron que incluir frutas del bosque en la dieta, durante un tiempo moderado, mejoraba las funciones cognitivas de las personas.

Además, un estudio epidemiológico reciente de Nurse’s Health Study mostró que incluir ingestas mayores de arándanos y fresas se asociaban con un declive cognitivo más lento, en una investigación en la que participaron 16.010 mujeres mayores de 70 años. La razón por la que los expertos creen que los arándanos y las fresas tuvieron estos beneficios se debe a que al incluir estos alimentos en la dieta de las participantes aumentaba su consumo de antioxidantes (antocianidinas y flavonoides) capaces de combatir el daño celular.

“Es evidente, a la vista del artículo, que la nutrición juega un papel importante en muchas enfermedades, y no sólo en las cardiovasculares y neurológicas”, asegura la doctora Natividad Otonín.

“Las dietas perfectas” -continúa- no existen, ya que dependen de las características de la persona, sus necesidades y de la existencia o no de patologías asociadas”.

En cuanto a los alimentos ‘beneficiosos’, la doctora Otonín considera que “hay que ser muy cautos, ya que no existen ‘alimentos que curen’ ni ‘alimentos que enfermen’. Lo que sí hay que tener en cuenta son las propiedades del alimento y la dieta de la que forman parte”.

“En este tipo de artículos dedicados a la nutrición, se analizan distintos alimentos, pero es importante, que no se consideren de manera aislada, sino como parte de una dieta equilibrada que satisfaga, además de las necesidades energéticas y nutricionales del individuo, sus gustos y tradiciones ya que, de otra manera, sería una ‘dieta impuesta’, que abocaría sin lugar a dudas al fracaso terapéutico y a una más que probable desnutrición por incumplimiento de la misma», concluye la doctora Otonín.

Frutos secos: almendras, anacardos, avellanas, nueces de macadamia, pistachos, pacanas, nueces y cacahuetes. Aunque los cacahuetes son una legumbre, poseen un perfil nutricional similar a los frutos secos, por eso se incluyeron en los estudios. A la hora de consumir frutos secos, se recomienda tomarlos sin sal y sin azúcar; lo menos procesados posible. Los quicos (maíz tostado) no son considerados frutos secos.

Frutas del bosque: arándanos, frambuesas, moras y fresas.

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