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La importancia de la relajación para controlar el estrés

A veces es difícil creer en la relajación, sobre todo, cuando el estrés está provocado por una sobrecarga de trabajo de la que no sabes cómo salir. Las soluciones, es cierto, no son mágicas, pero evitar los problemas o verlos como un montaña imposible de escalar no nos ayudará a resolverlos.
 
Los ejercicios que hoy te proponemos no van a disminuir tus responsabilidades, pero conseguirán que no pierdas la calma en los momentos en los que la tensión aumenta. ¿Servirá para algo? Sí. Perder los nervios no ayuda, solo empeora las situaciones. Analizar con tranquilidad los problemas y buscar soluciones es buen comienzo. Las técnicas de relajación que te proponemos te ayudarán a manejar el estrés y mantener el equilibrio psicológico.
 

Hay muchas técnicas, pero, en general, todas buscan dirigir la atención a aquello que te calme y aumentar la conciencia sobre tu cuerpo. Hoy abordaremos la respiración, la relajación progresiva y las técnicas de visualización.  No importa la técnica que selecciones, lo importante es practicar estos ejercicios regularmente.
 

-Empezaremos por la respiración. Controlando la manera de respirar conseguiremos hacer frente a las situaciones de estrés porque lograremos que llegue suficiente oxígeno a nuestro cerebro.  El ritmo actual dificulta la completa respiración e impide que nuestros pulmones puedan inspirar la máxima cantidad de aire de la que son capaces. El objetivo de las técnicas de relajación mediante la respiración es automatizar este proceso y poder aplicarlo en situaciones de estrés. Inhalando y exhalando mediante una respiración profunda y llevando la atención a zonas en las que sintamos tensión corporal con la finalidad de intentar relajarlas. 

-La relajación muscular progresiva. Se trata de suprimir poco a poco todas las tensiones musculares con el fin de tranquilizar nuestra mente. Este método consiste en tensar lentamente y luego relajar cada grupo muscular. Hay que tensar los músculos durante al menos cinco segundos y relajarlos durante 30 segundos y repetir la operación. De esta manera, una persona puede eliminar completamente las contracciones musculares y experimentar una sensación de relajación profunda. La relajación muscular progresiva reduce la frecuencia del pulso y la presión de la sangre. Si se hace bien, puede llegar a tener la misma eficacia que un medicamento reduciendo la ansiedad. 

-Técnicas de visualización. Mediante estos ejercicios se pueden obtener un estado de relajación intenso. Se trata de reproducir imágenes mentales para trasladar a tu mente a otro lugar o situación en la que te sientas en calma. Durante la visualización, hay que usar tantos sentidos como sea posible. Si nos imaginamos, por ejemplo, que estamos en el mar, tenemos que pensar en el olor del agua salada, el sonido de las olas, el calor del sol sobre nuestro cuerpo.  Quizá sea más fácil reproducir esta sensación si cerramos los ojos en un lugar tranquilo y estando cómodos. 

Controlar las técnicas de relajación es una habilidad que se consigue con la práctica. Hay que tener paciencia para poder controlarlas. Con el tiempo, se puede reconocer la tensión muscular que produce en nosotros las situaciones de estrés y, en el momento de empezar a sentirlo, combatirlo mediante técnicas de relajación. Y, sobre todo, no hay que impacientarse. Intenta no juzgar lo que sucede a tu alrededor durante la relajación, simplemente acéptalo. Si una técnica no funciona, prueba con otra. Haz que practicar técnicas de relajación se convierta en una herramienta útil y beneficiosa.
 

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